Discurso cambio de mando FEUC

Autoridades académicas

Académicos de nuestra Universidad

Dirigentes de los trabajadores

Compañeros funcionarios

Estimados dirigentes estudiantiles

Queridos amigos que hoy nos acompañan

Compañeros estudiantes

Enfrentar la tarea de vivir con coherencia es un desafío siempre exigente. Implica asumir riesgos, incomprensiones, desafíos, y contratiempos.

Sin embargo, arrojarse a la existencia de modo leal y auténtico es el único camino que conduce a los hombres y mujeres a sacar de su interior toda su riqueza.

La coherencia es aquella facultad de hacer coincidir, por encima de todo peligro, el ser, el sentir, el hacer y el decir.

Hoy queremos asumir la tarea de construir una federación estudiantil con la sincera confianza en que nuestra intención es honesta y profunda.

Nos hemos presentado en el espacio púbico de la Universidad como estudiantes de Izquierda, sembrando utopías, armados de la sola voluntad, financiados de alegría y pasión. Nada tenemos que ocultar.

Tal vez por eso nuestro triunfo ha sido tan comentado, en un mundo en el cual la política es sólo el arte de lo posible, y la arena de las luchas más hipócritas.

Es por eso que tantos tienen miedo. Temen que develemos con nuestra presencia sin engaño la mentira y la inconsecuencia de una sociedad fundada en la mentira.

Sin embargo, los estudiantes hoy saben que nada tienen que temer. No es nuestra intención sembrar de divisiones y conflictos artificiales nuestra convivencia universitaria.

No traemos otra intención que dar espacio ancho y desmedido a las diversas verdades que anidan en nuestro interior.

Y como la verdad nos hará más libres, podremos encontramos sin pudores, en plena luz, desnudos de poderes y de engaños.

Ser universitarios no es otra cosa que avanzar como peregrinos, sin saber cuál es la meta, en la incertidumbre constante de los que confían en el camino, sin saber muy bien a donde va.

Ser universitarios en una Universidad Católica es tener el ancho mundo por morada, en la universalidad de saber que toda la realidad es sacramento vivo de Dios.

Porque nada de lo humano nos es ajeno, enfrentamos la tarea de atrevemos a caminar de noche, en la oscuridad, aprendiendo de los errores, en la sana incertidumbre del tiempo.

Iniciamos un proceso que no conocemos ni nosotros, ni ustedes, ni nadie. Lo hacemos en esa noche incierta, a pie descalzo, juntos, revueltos, distintos y contrarios.

Pero lo hacemos, y lo hacemos juntos.

Esa es la verdadera senda de la democracia, que no teme aventurarse por mundos  desconocidos, sin defensores ni custodios, a riesgo de obligamos a cambiar nuestras falsas seguridades y certezas por la esperanza nunca muerta de construir otros mundos, siempre posibles y deseables en donde vivir.