Deudas, omisiones y pasividad

Álvaro Ramis, Presidente de FEUC

Revista Mensaje,  Mayo 1998.

Tanto en Chile como en toda América Latina la Iglesia tiene una deuda histórica que reparar relacionada con los mecanismos mediante los cuales llevó a cabo la evangelización. Mucha s veces pec ó d e intolerancia al arrasar con las culturas locales. En es e sentido hay un perdó n qu e aun hoy América Latina s e merece . Otro perdón  histórico que la Iglesia debiera ofrecer es por su actitud en contra del progreso. Hubo una gran desconfianza con respecto a los avances humanos. Hoy e n día si bien es o se ha superado , es necesario reconocerlo. La Iglesia debe dar cuenta de esa situación y dar gestos concretos d e confianza en el hombre y en su capacidad d e innovar.

La mayor .situación que hoy día la Iglesia chilena debe tratar de enmendarles su incapacidad para dar respuestas significativas a las realidades que hoy está viviendo el país. Hn los setenta logró ser la voz d e los sin voz y denuncia r actos d e injusticia. Fue capa z d e genera r instituciones alternativas para quiene s estaban rezagados; en general, fue capa z d e crear una red d e acción qu e aglutinaba a más actores sociales. Ese tipo d e compromis o hoy en día n o se da. Hoy hemo s retrocedido casi un veinte años. I Iemos vuelto a tene r una Iglesia encerrada en la sacristía. Su discurso está absolutament e centrado en la moral personal, muy legítimo po r cierto, per o n o vemo s q u e aport e en los grande s tema s qu e el país está debatiendo . No se la ve pronunciándos e frente a la democraci a e n Chile, ni dand o un discurso unitario y fuerte frente a las injusticias económica s y ant e la falta de equidad. Más bien se la ve a puertas cerradas, tratando de afianzarse como institución. Yo creo qu e e s o es legítimo per o m e causa temor. La Iglesia debe pedir perdón por la “involución” que ha tenido en su desarrollo como institución entre la sociedad.

La mayor falla es la de omisión. Hace falta que resuene una voz fuerte y clara respecto d e situaciones en la que no ha y una palabra. La Iglesia se ha convertido en un elemento cultural de pertenencia, pero no se ve su proyección en las realidades cotidianas .

UNIVERSIDAD ¿CATÓLICA?

Lo más grave es la pasividad en la sociedad La Universidad Católica (UC) es un ejemplo d e ello. La Iglesia está absolutamente ausente de la problemática estudiantil de hoy. Y el problema pasa por el concepto d e universidad que hoy se está imponiendo en el país: Una institución proveedora d e servicios educacionales donde el estudiante es un cliente. Yo quisiera ver a la Iglesia dand o signos concretos de cambio y n o avalando ese concepto . La Iglesia debería pedir perdón por tener universidades que son profundamente inequitativas, que agudizan las diferencias sociales. Lo más grave es que se está perdiendo el sentido d e la universidad católica. La misión de contribuir a un proyecto de desarrollo nacional se ha cambiado por ofrecer al mercado profesionales cada vez más cualificados para ciertos sectores del mercado . Es grave que la UC hoy no tenga un a palabra relevante frente a los problemas que ocurren dentro d e la sociedad. Hay en ello una responsabilidad implícita de la Iglesia por n o poder transformar sus propias instituciones. Hoy día la UC es católica porque tiene una misa a medio día, pe o no lo es porque esté impregnad a d e un proyecto d e compromiso con la sociedad . No hay un proyect o e n el qu e la fe cristiana logre plasmars e e intervenir liara cambiar. Sería tremendamente valioso que pudieran salir médicos y arquitectos impregnados d e la fe cristiana, de ciertos principios d e ética social. Yo sueño con que la UC sea realmente católica lo cual, está muy lejos de serlo.

LAS FALTA S GRUPALES

La retórica de la Iglesia siempre ha acentuado muchísimo el reconocimiento personal di- las culpas. El centrarse y reconocer el propio pecad o constituye en definitiva un acto liberador. Sin embargo , el sujeto colectivo nunca ha asumido las faltas grupales para poderse liberarse de sus lastres históricos. Eso ha sido también una consecuencia de no asumir lo que es el pecado estructural. Haría mucho bien si se reconociera que existen ciertos pecados que sobrepasan a las mismas personas. Eso permitiría que la Iglesia se liberara d e sus lastres históricos y podría mejorar nuestra conciencia como cristianos. Necesitamos reconocer que estamos necesitados de la gracia de Dios, que es lo que en definitiva posibilita el perdón . No asumir la necesidad de perdón es no reconocer que necesitamos de la gracia de Dios, es en última instancia negarnos a su amor y a su apoyo .

Repositorio UAH: http://biblioteca.uahurtado.cl/ujah/msj/docs/1998/n468_42.pdf