El despertar de la multitud

Le Monde diplomatique / Mayo 2004

El 19, 20, y 21 de Noviembre, simultáneamente con al asamblea de APEC que reunirá a representantes de los Estados y las economías del Asia Pacífico, se realizará en Santiago el primer Foro Social Chileno. A lo largo del año se desarrollarán foros similares en distintas ciudades. Ya se ha realizado esta experiencia las ciudades de Copiapó, Puerto Montt y Valdivia. Ya se anuncian los Foros sociales de Concepción, Valparaíso y La Serena.
El surgimiento de estas experiencias es fruto de un cambio en las condiciones de la resistencia a la globalización neoliberal, fruto de la constitución de un movimiento “altermundialista” que despunta en todos los rincones del planeta.
Hace sólo cinco años, la mayor parte de la humanidad no había escuchado hablar de “globalización” o sus sinónimos conceptuales. Sin embargo, en ese corto lapso, un término usado desde fines de los ochenta sólo en el ámbito técnico, por economistas o cientistas sociales, comenzó a ser universalizado y empezó a llenar las páginas de los medios masivos de comunicación. Al mismo tiempo que ocurría este fenómeno, un enorme debate público comenzó a involucrar a las organizaciones y movimientos sociales, y en general a todos los actores que desde hace más de una década habían sido acallados por la ofensiva del “pensamiento único” neoliberal. Esta discusión radica fundamentalmente en la crisis de una tesis triunfalista que se difundió a principios de la década del noventa: la hipótesis del “fin de la historia”. El 30 de noviembre de 1999, una multitud de más de 50 mil personas tomó las calles de la ciudad de Seattle, en los Estados Unidos, para protestar contra la Ronda del Milenio de la Organización Mundial de Comercio (OMC).
Efectivamente, la historia continuaba su curso. No se había dicho la última palabra. Esta manifestación marca un antes y un después en la dinámica de la discusión sobre globalización. Por primera vez una multitud multiforme y diversa contesta públicamente a una de las instituciones “invisibles” que tejen los hilos de la globalización financiera. Y lo más interesante: en Seattle, luego de décadas de confrontaciones entre los distintos sectores sociales críticos, se logró generar una articulación consistente entre ellos: “Desde estudiantes opuestos a las maquiladoras hasta gente disfrazada de árboles en defensa de las selvas del mundo; mujeres, grupos de homosexuales, anarquistas contrarios a la tecnología, luchando junto a ciberactivistas y hackers. Jóvenes de todas pintas; intelectuales caminando junto con obreros metalúrgicos; estibadores; viejos hippies, reliquias de las luchas contra la guerra de Vietnam; grupos de performance; muñecos y mantas con todo tipo de leyendas. Organizaciones de consumidores como Public Citizen. Integrantes de Médicos sin Fronteras. Grupos de rock, grupos de RAP. Budistas, Cristianos, ecologistas de todo tipo (“Earth first!”: Primero la Tierra). Sierra Club, los sindicalistas de AFL-CIO, el Longshoresmen (“Food, not bombs”: Alimentos, no bombas). Los que se oponen a las minas antipersonas, los que piden cerrar la Escuela de las Américas, los que luchan por una Birmania libre, los que denuncian a China…” (1).
En cierta forma Seattle es la metáfora de un nuevo mundo que emerge: la globalización de la diversidad que se manifiesta desde las convergencias y no desde las contradicciones identitarias, articulada frente a un poder que poco a poco emerge entre las sombras. Tras décadas de manifestarse ante los gobiernos nacionales, o demandando a los parlamentos, o ante empresas transnacionales, un nuevo horizonte común aparece ante todos estos actores, y ante él todos de una u otra forma, encuentran motivos para manifestar su indignación.
Por este motivo, luego de tantos años en que la resignación y la resistencia aislada habían sido la tónica, una nueva dinámica ha impregnado a quienes buscan las pistas del cambio social. Por ello, una consigna simple y universal comienza a pronunciarse en todos los idiomas de planeta: “Otro mundo es posible”. Este lema, consigna del Foro Social Mundial de Porto Alegre representa el paso desde las nuevas formas de protesta articuladas en Seattle a un espacio de construcción colectiva y diversa de alternativas globales.
El nacimiento de los Foros Sociales, como el que esperamos realizar en Santiago el 19, 20 y 21 de Noviembre próximo, refleja el anhelo de llevar el “Espíritu de Seattle” a un espacio de propuestas convergentes, en las cuales no existe el protagonismo unilateral de ningún sujeto social en particular: ni la clase obrera, ni la mujer, ni el indígena, ni el intelectual, ni el poblador o el estudiante. Más bien, el protagonismo es la suma sinérgica de todos ellos juntos. O tal vez, de lo que Toni Negri llama “multitud”: “A través de la circulación, la multitud se apropia del espacio y se constituye en sujeto activo. Cuando observamos más atentamente como opera este proceso constitutivo, podemos ver que estos nuevos espacios se caracterizan por topologías inusuales, rizomas subterráneos e incontenibles, por mitologías geográficas que marcan las nuevas sendas del destino” (2).
¿Seremos capaces de transitar este tipo de rutas, a las cuales no estamos acostumbrados, en las que pueden circular propuestas contradictorias entre si? ¿Podremos convivir en un espacio con lenguajes que no son unívocos, sino divergentes? Lo cierto es que un movimiento como este puede exigir terribles sufrimientos e incertidumbres, pero que se pueden superar mediante la apertura sin límite al debate y a la búsqueda de nuevas formas de liberación.

NOTAS:
1.- Giomar Rovira Sancho. “Todo comenzó en Seattle”. Masiocare.
2.- Toni Negri. “Imperio”. Piados, 2002. p. 360.