Para una lectura ecologista de la Biblia

La palabra ecología es un concepto nuevo, que se utilizó por primera vez en 1866, para ayudar a entender a los seres vivos como participes de “una casa común para todos”. Ecología, efectivamente, deriva etimológicamente de la palabra griega oikos: casa. Esta imagen “doméstica” remite a una comprensión de las relaciones de los seres vivos como interconectados y vinculados indisociablemente. Está vinculada a la idea de corresponsabilidad.

En la década de 1940, los estudios ecológicos se amplían, pasando de detenerse solo en las relaciones del mundo animal y vegetal con su medio ambiente, a trabajar sus relaciones de interdependencia. En los años sesenta, comienza a tomarse en cuenta el factor humano en estas relaciones, destacándose progresivamente el papel de la civilización en la alteración de esos equilibrios. Esta nueva perspectiva está motivada por las crisis ambientales que son imposibles de dejar de percibir y dan nacimientos a movimientos sociales que vinculan la preocupación por la ecología con la crítica a los modelos de desarrollo económico y ordenamiento político de las sociedades contemporáneas.

Recién a fines de  los años setenta la preocupación ecológica comenzó a ser integrada en la teología y en la vida cotidiana de las iglesias, por medio de organizaciones como “Interfaith coalition”, una red internacional de creyentes de diferentes religiones (cristianos, judíos, budistas, musulmanes, hinduistas, etc.) que se manifestó en contra de las armas nucleares y el transporte de uranio en Europa y Estados Unidos. El Consejo Mundial de Iglesias, en diversos documentos de esos años, comenzó a vincular la necesidad de resolver los problemas ambientales junto al establecimiento de una ética social más justa y a una democracia más participativa.

En el campo católico es muy importante la carta de Juan Pablo II para la XXIII Jornada Mundial de la paz del 1 de Enero de 1990, llamada “Paz con Dios creador, paz con toda la creación” donde afirma:

“Ante el extendido deterioro ambiental, la humanidad se da. cuenta de que no se puede seguir usando los bienes de la tierra como en el pasado. La opinión pública, y los responsables políticos están preocupados por ello, y los estudiosos de las más variadas disciplinas examinan sus causas. Se está formando así una conciencia ecológica, que no debe ser obstaculizada, sino más bien favorecida, de manera que se desarrolle y madure encontrando una adecuada expresión en programas e iniciativas concretas.[1]

  1. ¿Y que tiene que ver la Biblia con la ecología ?

 Por el carácter emergente de esta temática no podemos afirmar que la Biblia sea fuente o fundamento para la ecología. Al contrario, sería altamente extemporáneo pedir a la Biblia dar cuenta de un concepto propio de la alta modernidad, que no ha sido abordado por las ciencias sociales hasta bien entrado el siglo XX.

Sin embargo, lo que sí es posible realizar, es una lectura ecologista de la Biblia. Es decir, asumiendo que nuestra perspectiva es ecológica, imbuida de una problemática contemporánea, podemos reconocer nuestro interés de interpretar textos del pasado en una clave actual.

En los años sesenta, una serie de nuevos modelos de lecturas bíblicas, las “hermenéuticas del genitivo” hicieron su aparición. Se trató de las lecturas liberadoras, feministas, negras, asiáticas, africanas, lecturas realizadas desde minorías culturales y sociales, desde lugares subjetivamente determinados. Desde estas nuevas lecturas, y destacando el papel del lector, como factor clave en el acercamiento al texto, se abandonó la pretensión positivista de llegar a interpretaciones universales y totalizantes del texto bíblico. Al contrario, se asumió que toda lectura es intencionada e intencionante. Se reconoció la importancia del contexto en la elaboración de la teología y se hizo explícita la necesidad de abordar los condicionamientos del lector a la hora de abordar el texto.

Por otro lado, este proceso develó la presencia de lecturas dominantes, que han hegemonizado la interpretación bíblica desde intereses históricos, políticos, culturales y económicos. Por ello, las nuevas hermenéuticas propusieron la re-lectura de la Biblia desde lugares geográficos y sociales diferentes a los tradicionales: se hizo necesario leer la Biblia con los ojos del pobre, del indígena, de la mujer, de los excluidos, de los discriminados. Sin embargo, en ese proceso, en muchas ocasiones, se reinstaló la idea de convertir a las nuevas lecturas, las nuevas interpretaciones, como las nuevas lecturas dominantes. Por eso, intentar una nueva forma de lectura bíblica es difícil e implica reconocer que toda re-lectura es un intento provisorio, relativo y tan condicionado como las lecturas anteriormente dominantes.

Esta actitud, de provisionalidad y de reconocer explícitamente la subjetividad de nuestra lectura “ecológica” de la Biblia nos colaborará en el objetivo de no absolutizar nuestra interpretación, permitiendo su apertura a nuevos y variados acercamientos divergentes.

Las críticas ecologistas a la Biblia

 Antes de intentar una lectura ecologista de la Biblia, es necesario reseñar una serie de críticas que diferentes autores han formulado a la tradición bíblica Judía y Cristiana, que dicen relación con responsabilizar al mensaje bíblico, en algún grado, de la crisis ecológica actual.

Estas críticas, sintéticamente, se pueden formular de la siguiente forma:

  1. El relato bíblico de la creación, al diferenciar entre creador y criatura, sería de-sacralizador de la naturaleza. A diferencia de las formas religiosas más primitivas, que tendieron al panteísmo, el mensaje bíblico diferenciaría entre el mundo natural, pasajero y temporal, del mundo sobrenatural, eterno, sagrado y trascendente.
  1. En el relato bíblico, es el hombre el centro, “gerente” y gestor del mundo, colocado sobre todos los seres vivos y todas las cosas, mandatado a su gobierno absoluto. Por ello, se argumenta que la Biblia es el origen de las concepciones antropocéntricas que separaron al hombre de la naturaleza.
  1. El mensaje bíblico, unido al racionalismo y positivismo europeo, sería en esta opinión crítica, origen del mecanicismo de la modernidad, que tiende a instrumentalizar a la naturaleza, de una manera utilitarista.
  1. Por otro lado, la tradición ascética cristiana, al acentuar exclusivamente el desprecio de este mundo, oponiendo binariamente carne y espíritu, tierra y cielo, inmanencia y trascendencia, sería responsable de la poca preocupación de las culturas cristianas por las problemáticas ecológicas.
  1. En último término, las concepciones bíblicas del tiempo y la escatología incitarían a buscar el bien, la felicidad y la belleza en un espacio a-histórico, en el “Reino de los cielos” escatológico, postergando la responsabilidad por el mundo presente.

Efectivamente, el “espiritualismo” cristiano a aportado a la falta de preocupación de muchas personas por su entorno natural y social. La desacralización de la naturaleza que realiza el Génesis, convertida en objeto manipulable, para ser administrada utilitariamente por el ser humano, es uno de los argumentos más fuertes que se han formulado en relación ai carácter anti-ecológico de la Biblia.

Sin embargo, en estas críticas, que pueden tener en parte mucho fundamento, están dirigidas a ciertas lecturas y hermenéuticas que han dominado la interpretación bíblica en momentos históricos determinados del cristianismo. Y en ese sentido, son valiosas, porque permiten visibilizar ciertos modos de leer la Biblia que pueden ser destructivos y legitimadores de la catástrofe ecológica que nos rodea. Pero por otra parte, otras lecturas son posibles. Lecturas que son capaces de descubrir en la Biblia pistas muy profundas en la tarea de recuperar el lazo que nos une a la totalidad de la creación.

[1] Juan Pablo II. “Paz con Dios, creador, Paz con toda la creación”.  Mensaje para la celebración de la Jornada Mundial de la Paz (1-1-1990). 8 diciembre 1989

Las operaciones comunicacionales de la APEC y el Foro Social Chileno

A medida en que se acerca la cumbre del Foro de Cooperación Económica Asia Pacifico (APEC), los más poderosos medios de comunicación chilenos se han lanzado a editorializar en torno a temáticas ligadas a la seguridad de ese evento, y a demonizar por anticipado las manifestaciones ciudadanas que en esa fecha expresen la disidencia de la sociedad civil chilena frente a las políticas de la globalización neoliberal.

Esta estrategia comunicacional pretende desarrollar el efecto ” profecía autocumplida “. Es decir, a fuerza de repetir y afirmar por doquier que algo va a pasar, logran que eso finalmente termine ocurriendo. En este caso, estos medios de comunicación han desatado un espiral de paranoia policial y de temor generalizado que cumple objetivos políticos muy evidentes:

El primer objetivo de esta campaña comunicacional es desviar la atención sobre el debate y los temas de la cumbre APEC. El énfasis que se otorga al número de carabineros o militares desplegados y la abundante cantidad de artículos y notas televisivas dedicadas a las políticas de seguridad, sin duda establecen la mejor de las cortinas de humo a las negociaciones y acuerdos de una cumbre que se realiza de espaldas a la ciudadanía y en una alarmante falta de transparencia.

En segundo lugar, esta campaña pretende demonizar la disidencia. Y en particular, busca invisibilizar al Foro Social Chileno. ¿Y porqué temer a esta iniciativa? Principalmente porque este proyecto es la más relevante articulación que las organizaciones y movimientos sociales chilenos han logrado fraguar desde la Asamblea de la Civilidad, a mediados de los años ochenta. Lograr vincular a más de ciento treinta organizaciones, de la más variada procedencia y perspectiva, es un acontecimiento muy nuevo pero de insospechadas consecuencias ¿Cómo neutralizar esta iniciativa? Destacando a grupos o individuos que convoquen u organicen actividades violentas y destructivas, y ligando al Foro Social Chileno con estas acciones, para minar la masividad y pluralidad de su convocatoria.

En tercer lugar esta campaña mediática pretende reforzar la hegemonía del “pensamiento único” mediante el recurso a la apología de la violencia militarista y las restricciones a las libertades públicas. A medida que los temores desatados por la “profecía autocumplida” de la violencia se hagan realidad, la ecuación neoliberalismo + liberticidio se legitimará en una opinión pública descaradamente manipulada y manipulable. Así se refuerzan los argumentos acerca de la “tolerancia cero” y políticas coercitivas de la libertad de reunión, expresión y asociatividad terminan siendo populares en una población que apuesta más al orden que a la autonomía.

Frente a este panorama, las organizaciones adherentes al Foro Social Chileno no somos ingenuas y reaccionaremos con lucidez. Y por ello reafirmamos la vigencia y sentido de la carta de principios del Foro Social Mundial que nos señala la eficacia de la ” resistencia social no violenta al proceso de deshumanización que vive el mundo “. Por ello no caeremos en la tentación del violentismo, ya que aquello sería la mayor de las complicidades con quienes verdaderamente aspiran a que ello ocurra.

Como muy bien lo demuestra Michael Moore en ” Fahrenheit 9/11″, Osama Bin Laden es hoy el mejor aliado de George Bush. Del mismo modo, coquetear con consignas como “fuego a la APEC” es la mejor colaboración que se puede tener con los organizadores de ese evento.

En el actual escenario, la fuerza de los altermundialistas no radica más que en dos potencialidades: la fuerza de las ideas y la fuerza de la diversidad y la masividad. Pero ser diversos tiene un límite: no lo podemos ser cuando algunos recurran a los hechos consumados para teñir el carácter de un acto con acciones que niegan y contradicen justamente lo que muchos afirmamos y por lo que luchamos cotidianamente.

La irresponsabilidad social de algunos medios de comunicación es un factor que no está en nuestras manos transformar, y lamentablemente tendremos que convivir con una cobertura de prensa más interesada en los episodios de violencia que en las propuestas para una globalización alternativa.

Sin embargo, lo que sí está al alcance de las organizaciones del Foro Social Chileno es hacer todo lo posible para generar las condiciones que sumen a esta iniciativa a la mayor cantidad de chilenos y chilenas. Y eso lo podremos hacer porque tenemos nuevas ideas, prácticas coherentes y principalmente, porque los que creemos que otro mundo es posible estamos construyendo mayorías.