A 40 años de la Teología de la Liberación

En 1967 Gustavo Gutierrez utilizó por primera vez la expresión Teología de la Liberación para señalar el nuevo debate que recorría el cristianismo latinoamericano. La temática de la liberación empezaba a recorrer las Iglesias, y las reflexiones de los Obispos, de las comunidades, los centros académicos y eclesiales. Se trataba de superar las prácticas asiencialistas ante la pobeza e inequidad, para poder identificar y denunciar las causas estructurales de la injusticia y la explotación que vive el continente

A partir de ese momento una parte significativa de las Iglesias cristianas comenzó a compartir con los movimientos sociales de América Latina sus preocupaciones y sus luchas: por los derechos de los pobres, por la reforma agraria, en las pastorales sociales de la tierra, techo, salud, de la mujer marginada, de los niños y niñas de la calle, a favor de escuelas para todos y por la seguridad social. La conferecia de  Medellín (1968) afirmó que “la evangelización necesita, como soporte, de una Iglesia-signo”[1]  capaz de atender a las causas de la miseria de América Latina. Por su parte la Conferecia de Puebla (1979) formuló una clara opción por los pobres, y llamó a vivir un proceso de“inculturación” de la fe en las culturas popular, indígena y negra.

Sin embargo, cuarenta años después, la Iglesias parecen estar preocupadas de otras temáticas y problemas La conciencia social y política alcanzada en los años sesenta y setenta parece haber sido intencionalmente apagada por una jerarquía más preocupada de defender sus prerrogativas ante el Estado e instalar una agenda conservadora en el plano de la moral sexual.

Este proceso de involución conservadora preocupa crecientemente a las organizaciones académicas, sociales y políticas que habían logrado en años pasados abrir un proceso de diálogo fecundo entre creyentes y no creyentes, sobre la base del interes común de defender y promover la “vida en abundancia” de los excluidos y marginados.

¿Cual es la causa de estos cambios eclesiales? ¿Es posible revertir esta tendencia? ¿Qué impacto tiene el cristianismo en los procesos políticos y sociales que viven en la actualidad América latina? ¿Qué  temas motivan en la actualidad el diálogo entre creyentes y no creyentes? ¿Es posible esperar una nueva tendencia perspectiva desde las conclusiones de la reciente Conferecia episcopal de Aparecida?

[1] Medellín 7, 13

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