La propuesta de Condoleezza Rice que dejó en la Moneda

La secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, ha propuesto durante su reciente visita a Brasil y Chile un proceso de “flexiblización de fronteras” en América del Sur, con el fin de combatir el terrorismo.

De esa forma se podrían legitimar acciones militares como la emprendida recientemente por Colombia, en territorio ecuatoriano.

“Quizá llegó el momento de la examinar en la región como se puede garantizar la seguridad en todas la fronteras, cubriendo todos los países. Estados Unidos será aliado de esa iniciativa”, afirmó Rice en Brasilia, luego de entrevistarse con el canciller brasileño Celso Amorim.

Si los Estados Unidos desean que este tipo de proposiciones puedan ser considerado con seriedad por otros países debería comenzar por dar el ejemplo. América Latina sólo podría estudiar la flexibilización de sus fronteras si quienes hacen esta propuesta tan audaz están dispuestos a limitar su propia soberanía.

En primer lugar Estados Unidos debería estar dispuesto a flexibilizar su frontera con México, derribando el muro que han construido en los últimos años y permitiendo que la población fronteriza se desplace flexiblemente, en busca de fuentes de trabajo y de negocios sin mayores restricciones.

En segundo lugar Estados Unidos debería flexibilizar sus criterios de admisión a su territorio, permitiendo el libre tránsito de personas con los países que estén dispuestos a aplicar cláusulas de reciprocidad, constituyendo un símil americano al “espacio Schengen”, que permite la total movilidad de los ciudadanos de la Unión Europea, sin uso de pasaporte y sin controles fronterizos.

En tercer lugar debería estar dispuesto también a flexibilizar sus políticas de patentes comerciales, lo que constituye una consecuencia lógica de la flexibilización de la soberanía territorial, permitiendo a los países “flexibles” fabricar medicamentos genéricos y generar tecnología basada en productos norteamericanos.

En cuarto lugar se deberían flexibilizar los sistemas jurídicos, de modo que los ciudadanos estadounidenses puedan ser juzgados por tribunales latinoamericanos sin han cometido delitos en territorios latinoamericanos. Además, Estados Unidos debería ratificar sin reservas el Estatuto de Roma, que implementa la Corte Penal Internacional, propuesta que hasta el momento ha combatido con especial virulencia.

Además debería derogar la Ley de Protección de Funcionarios y Personal Militar Estadounidenses y la Enmienda Nethercutt, que establecen que el gobierno norteamericano retirará el apoyo militar y de otra índole a países que se hayan negado a firmar acuerdos bilaterales por los cuales se garantice la impunidad a sus funcionarios acusados de genocidio, crímenes de lesa humanidad o crímenes de guerra.

¿Flexibilización de las fronteras? Excelente idea. Pero en todos los sentidos, y en todas las dimensiones, en función de la integración y el bienestar de nuestros pueblos. Mientras no sea ese el objetivo, más vale defender nuestras fronteras como espacios sagrados, que garantizan la no injerencia de quienes pretenden flexibilizar los derechos humanos, relativizar la democracia, y minimizar nuestras libertades. – See more at: http://www.alainet.org/es/active/22917#sthash.dqDFWtXw.dpuf

RAFAEL CORREA EN CHILE: UNA OPORTUNIDAD PARA SOÑAR

El presidente de Ecuador, Rafael Correa, ha iniciado una importante visita a nuestro país. Además de las actividades protocolares, Correa firmará un Acuerdo de Asociación Estratégica, lo que contribuirá a reforzar la posición chilena frente a la demanda marítima peruana. Recordemos que Ecuador y Chile comparten el mismo punto de vista respecto a la interpretación de los acuerdos sobre límites marítimos en el Pacífico Sur, firmados en 1952 y 1954. Además, visitará la planta de ASMAR en Talcahuano, donde se construyen dos fragatas y son repotenciados algunos submarinos ecuatorianos.

Si bién estos antecedentes son importantes, la visita del presidente Correa no puede reducirse a intereses funcionales o de corto plazo. Como lo ha advertido el analista José Rodríguez Elizondo “La visita del presidente ecuatoriano nos coloca ante la maligna intención unidimensional: creer que el objetivo principal de nuestra buena relación histórica con Ecuador es equilibrar nuestra deteriorada relación con Perú”. Según Rodríguez “El líder ecuatoriano debiera ser recibido como el gobernante de un país más hermano que otros, con quien se discute y negocia desde la paridad y no sólo sobre materias estratégicas”. Por este motivo es muy destacable la especial deferencia de la presidenta Bachelet, al invitar a Rafael Correa al acto central con el que la Concertación celebrará sus dos años de gobierno. No se trata simplemente de hablar de límites y comercio, ya que la visita del líder ecuatoriano debería ser una oportunidad de revitalizar las ideas y los debates de futuro entre quienes sostienen perspectivas progresistas en nuestro país.

Rafael Correa asumió la presidencia del Ecuador en enero de 2007. Desde 1996 ese país se ha visto convulsionado por gravísimas crisis políticas y económicas lo que se ha reflejado en que desde esa fecha ningún presidente haya podido culminar su período constitucional. La dolarización forzada de la economía, la migración masiva y el desprestigio de los partidos políticos auguraban un escenario catastrófico, en que la identidad y la autoconciencia misma del Ecuador estaban en riezgo. Por este motivo el mayor éxito de Rafael Correa en su primer año de gobierno es haber devuelto a los ecuatorianos la confianza en su patria, en su futuro y en sus autoridades. El apoyo del pueblo de Ecuador a su presidente se reflejeó en el 81.7 % de los votos que respaldaron su propuesta de convocar a una Asamblea Constituyente y en el  70,5% de los votos que posteriormente obtuvo su partido, Alianza País, en las elecciones de constituyentes. Hoy Ecuador vive una verdadera revolución ciudadana, que ha unido a los sectores populares y a las clases medias tras el liderazgo de este joven economista que vincula ideas progresistas junto a valores de raíz cristiana, que se evidencian en su probidad personal y en la transparencia que denotan sus palabras. En Chile lo pudimos escuchar en 2007 durante la XVII Cumbre Iberoamericana. Es dificil olvidar ese valiente discurso en el que afirmó:  “Es hora entonces de que los verdaderos empresarios, los que arriesgan tiempo, vida y capital, los que se juegan por la patria y su destino, saquen a los mercaderes modernos de los templos de América Latina”

Correa llega a Chile en medio de la mayor crisis internacional que ha debido enfrentar durante su mandato. El 28 de febrero, pocos días antes de que el ejército colombiano violara la soberanía ecuatoriana y bombarderara su territorio, Correa había revelado a la prensa su compromiso en la liberación de los rehenes en manos de las FARC: “hay otras acciones que no las puedo manifestar por obvias razones, pero estamos luchando para remediar ese drama de los rehenes, que no es sólo Ingrid Betancourt: hay muchos más”, detalló, dando a entener que se trataba de avanzadas negociaciones con los insurgentes. Asimismo recordó que durante su asistencia al cambio de mando presidencial de Guatemala mantuvo una reunión con una delegada del presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, a quien le dijo que “si Ecuador puede ayudar en algo, cuenten con nosotros”. El ataque y los engaños del presidente Uribe Velez no sólo quebraron la confianza entre estos dos países, sino también han bloqueado uno de los momentos en los que más cerca se ha estado de lograr una salida negociada que permita la liberación de Ingrid y de sus compañeros, que han esperado tantos años por una coyuntura de estas características.

Chile debe apoyar la clara posición de solidaridad con Ecuador que manifestó la presidenta Bachelet, apenas ocurrido el incidente. No sólo se trata del respeto de la soberanía terriotorial de nuestros países. Se trata de dar, verdaderamente, una oportunidad a la paz.

 

 

Conflicto andino: ¿Qué está en juego para Chile?

El conflicto entre Ecuador y Colombia se ha instalado en las esferas diplomáticas, donde en las próximas semanas se librará un ardua disputa en la OEA, en el Grupo de Río, y probablemente en las Naciones Unidas.

Las deliberaciones que se desarrollarán en esos espacios rebasan los límites de un conflicto fronterizo bilateral. Lo que está en disputa es la política de seguridad que se impondrá en los años venideros en la región, y por lo tanto Chile no puede hacerse a un lado o quedar indiferente ante lo que en esta confrontación se resolverá.

Por un lado, Colombia se ha escudado en la doctrina de ataque preventivo que los Estados Unidos han elaborado como parte de su lucha antiterrorista. Esta concepción afirma que en el caso del terrorismo no importan las fronteras y no importan los métodos de lucha. Es el mismo punto de vista defendido por Israel, que justificó bajo el manto de la legítima defensa ante el terrorismo la invasión a Líbano, de julio a agosto de 2006.

Por el otro los demás países sudamericanos han reafirmado la doctrina de Estado de Derecho Internacional. En condiciones normales este tipo de discusiones no tendrían lugar, ya que tradicionalmente el respeto a la legalidad internacional nunca había entrado en debate entre nuestros países.

Los conflictos fronterizos, como la actual disputa por los límites marítimos entre Chile y Perú, se basan en interpretaciones diferentes de la legislación internacional, pero en ningún caso se ha llegado a poner en tela de juicio los principios bajo los cuales se asienta la convivencia entre nuestras naciones. Mucho menos se habían esgrimido argumentos como los que en esta situación arguye Colombia, que dan lugar a la posibilidad de que un estado inicie de motu proprio operaciones militares en territorio extranjero.

Si esta discusión es posible es por la capacidad de Estados Unidos para ejercer su hegemonía en la región. El pronunciamiento de George W. Bush, de abierto apoyo a Uribe (el “aliado democrático”) es coherente con la doctrina de seguridad antiterrorista de los Estados Unidos.

Es por esta razón que Colombia afirma tener derecho “a que sus vecinos respeten el mandato democrático conferido al presidente Uribe, que fue el de ganar la guerra contra las FARC y recuperar la seguridad para el pueblo”. Bajo esta lógica el agresor no sería Colombia sino su vecino ecuatoriano, que no estaría dispuesto a permitirle “ganar la guerra contra la insurgencia”.

Si este tipo de doctrinas de acepta, aunque sea de modo implícito, el riesgo es que la lógica de las relaciones internaciones imperante en el Medio Oriente se importe vía Colombia a América Latina.

Se sentaría un precedente que podría tener graves consecuencias, difíciles de prever. La única experiencia latinoamericana similar, en la que la soberanía de las naciones se relativizó en nombre de la seguridad, tiene un nombre: Plan Cóndor, y ya conocemos sus consecuencias.
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