Ramis: CONSERVADORES Y EMPRESARIOS BUSCAN DESLEGITIMAR A LAS ONG

Ramis, teólogo e investigador del Centro Ecuménico Diego de Medellíny miembro de nuestro Consejo Editorial dijo que se han abierto varias polémicas respecto al financiamiento de las organizaciones de la sociedad civil. Se han denunciado irregularidades en el manejo y administración de recursos destinados a Chile por el Fondo Global del Sida y además en los proyectos del Fondo de Fortalecimiento de la Sociedad Civil, dependiente de la D.O.S. Crónica Digital conversó en exclusiva y estas son conclusiones.

-¿Qué percepción tienes de estas denuncias?

-ACCIÓN ha sostenido que toda irregularidad debe ser investigada, aclarada y condenada, sin importar su monto y los involucrados, cualquiera sea su carácter y su cuantía. Al mismo tiempo es lamentable ver que muchas de las denuncias de prensa se hagan desde un espíritu destructivo, que busca más que nada bloquear el fortalecimiento de las organizaciones de la sociedad civil en Chile. Se dispara al boleo, se mezclan situaciones y personajes y finalmente todo el cuadro permite a la derecha cuestionar las políticas públicas referidas al financiamiento de las organizaciones sociales. Y lo hace porque le incomoda la participación y el protagonismo crítico de la ciudadanía.

Me parece mucho más constructivo plantear este debate como una oportunidad para dar a conocer que Chile no tiene una legislación adecuada para la participación y el reconocimiento de las ONGs como actores del desarrollo, que además garantice la efectividad de los escasos recursos que el Estado entrega a la Sociedad Civil para realizar proyectos y programas de interés público. Esa sería una manera de garantizar la transparencia financiera de los fondos y sobre todo su independencia de las administraciones políticas de turno.

-Sin embargo se ha instalado un clima de sospecha en torno a las ONGs. ¿Tienen asidero estas suspicacias?

-No se trata de sospechas espontáneas. Es un clima que se ha preparado. Es cierto que la precariedad de la institucionalidad chilena permite que existan en nuestro país “ONGs” y “ONGs” y no es posible negar casos de corrupción y de malos manejos en instituciones sociales. Por eso ACCIÓN cuenta con un Código de Conducta Ética que busca que las ONGs que pertenecen a nuestra asociación se rijan por estándares muy exigentes de responsabilidad y transparencia. Pero la pregunta que siempre queda en el aire cuando se nos pregunta por las sospechas que instala la prensa es la misma. ¿De qué ONGs estamos hablando? Hoy el nombre ONG puede dar para muchas cosas. Desde ONGs “de fachada”, de las empresas que enfrentan cuestionamientos laborales o ambientales, hasta grupos de presión corporativo. La ley chilena no define otras categorías para las asociaciones sin fines de lucro que Corporaciones o Fundaciones, sin matices ni criterios. Necesitamos un marco legal propio, que defina al campo de las ONGs por lo que son: se trata de ciudadanía organizada que estudia, se capacita y defiende una amplia gama de derechos ciudadanos, que protege el medio ambiente y vela por el interés colectivo, entre otras iniciativas.

Pienso que las denuncias que hemos visto recientemente son situaciones dolorosas, pero que pueden representar un punto de quiebre con ciertas formas de hacer las cosas que ya no se pueden sostener. Por eso es importante reponer el debate sobre el proyecto de Ley de Asociaciones y Participación Ciudadana que se encuentra en trámite en el Senado y que aporta elementos de control y regulación en esta línea.

-¿Qué pretenderían los sectores conservadores y empresariales al instalar estas sospechas?

-Deslegitimar un campo de organizaciones sociales que no pueden controlar y que le incomodan tremendamente. Hace unos meses atrás recuerdo a César Barros, el presidente de Salmón Chile, que decía que las ONGs son una grupo de académicos teóricos que viven a costa de desprestigiar la industria y financiados por multimillonarios del extranjero. Bernardo Matte también sostenía a principios de año frases parecidas, diciendo que las ONG son destructivas y que no elaboran propuestas realistas. Y tienen razón en enojarse, porque hoy las ONGs son su principal pesadilla, porque han puesto en discusión la sustentabilidad social y ambiental de su sector. Lo mismo deben pensar los opositores a la entrega de la píldora del día después, que han visto como las organizaciones de mujeres y defensoras de los derechos reproductivos logran movilizar a la ciudadanía en contra de las decisiones del Tribunal Constitucional. O los sostenedores educacionales que se encolerizan por las denuncias y estudios sobre el nivel de enriquecimiento fácil al que han accedido en estos años. Tienen motivos para tener bronca contra las ONGs, no me cabe la menor duda.

-Sin embargo, el caso del Fondo Global del Sida pareciera demostrar que la sociedad civil no es confiable a la hora de administrar recursos públicos.

-Es cierto que en la administración del Consejo de las Américas se había ensayado un consorcio entre actores estatales y actores del mundo asociativo. El resultado de esta experiencia se debería evaluar con mayor detalle, porque no es justo que paguen justos por pecadores. Te recuerdo que la justicia es la que debe determinar responsabilidades y no la prensa. De todas formas, la falta de probidad de dos o tres personas puede ser una buena excusa para que los enemigos de la participación ciudadana se aprovechen para decir que se gobierna mejor con una sociedad civil débil, reducida a votar y aguantar, sin preguntas y sin críticas. ¿Y donde queda la responsabilidad política de quienes no fiscalizaron? ¿O la responsabilidad de la empresa auditora externa? Hay un gran silencio sobre todo eso.

En lo personal creo que este caso no debe dar pié a falacias por generalización. La sociedad civil chilena es mucho más diversa y más compleja de que lo que creemos. En 2006 se publicó un “Estudio Comparativo del Sector Sin Fines de Lucro”. En ese estudio se muestra que la sociedad civil chilena emplea de manera remunerada y voluntaria a más de 303 mil personas. Da mucho más empleo que la minería y casi tanto como la construcción. Son cifras para dar cierta magnitud de lo que podemos denominar como el campo de la sociedad civil, y por lo tanto no caben las generalizaciones.

-¿Qué impacto crees que tendrá este caso?

-Me preocupa que se cuestione a las organizaciones que promueven los derechos de las personas que viven con VIH. Me consta que los proyectos desarrollados con recursos del Fondo Global han sido puestos como ejemplo en otros países y esta situación puede paralizar proyectos de educación sexual integral, que permiten hablar de todos los métodos de prevención del VIH SIDA, lo que irrita los sectores conservadores. Es obvio que no es fácil lograr financiamiento para promover los derechos y la dignidad de las personas que viven con SIDA en una sociedad como la nuestra, y por eso grave que se ponga en peligro la obtención de nuevos fondos para cubrir estos programas.

-Respecto a la D.O.S y el Fondo de la Sociedad Civil ¿Qué lecciones dejan estas denuncias?

-En primer lugar hay que contextualizar. ACCIÓN participa en el Consejo del Fondo para el fortalecimiento de la sociedad civil sólo desde 2007, luego de una reunión y carta formal al entonces Ministro Lagos Weber, donde señalamos que era fundamental que ese Ministerio enviara señales potentes de transparencia y probidad en el marco de la gestión de instrumentos como el mencionado Fondo para el Desarrollo de la Sociedad Civil. Insistíamos, en esa carta, que se afectaba profundamente el prestigio del sector que organizaciones cuyos representantes que formaban parte del Consejo participaran en la adjudicación de los proyectos. Por otro lado nuestra Asociación no tuvo participación en las asignaciones realizadas en los años anteriores, en los cuales efectivamente se permitía ser integrante del consejo y beneficiario del mismo, lo que siempre nos mereció nuestras críticas. Creo que eso es lo que ahora se está cuestionando y enhorabuena que así sea.
En este sentido, pienso que la discusión que se ha generado en torno a este Fondo debe dar pié a un proceso de institucionalización de una entidad de esta naturaleza, que garantice su independencia, y transparencia. Lo importante es garantizar el legítimo acceso de la sociedad civil a recursos públicos, sin clientelismo político ni “amiguismo” alguno.

Entrevista por Iván Gutiérrez Lozano

Leonardo Boff en Chile

Sólo 5 días permaneció en nuestro país el teólogo Leonardo Boff. Su sola presencia logró desatar la ira de los sectores más conservadores, y el entusiasmo de quienes acompañaron su paso por Coyhaique y Santiago. Invitado por el obispo de Aysén Luis Infanti, Boff comentó su carta pastoral “Danos hoy el agua de cada día”, que se dio a conocer el martes 26 de agosto ante quinientas personas que abarrotaron el cine de Coyhaique. En Santiago se reunió con la ciudadanía en la Universidad ARCIS, lugar al que llegaron más de mil personas, incluyendo gran número de religiosas, sacerdotes y seminaristas, según la crónica publicada por El Mercurio.

Esta conferencia, programada originalmente en la sede la Conferencia de Religiosos (as) de Chile (CONFERRE), tuvo que trasladarse a última hora a esa Universidad debido a que el presidente de la Conferencia Episcopal, el obispo Alejandro Goic, hizo saber a CONFERRE “la inconveniencia de que esta actividad se llevara a cabo en el recinto de la institución”. Cuando Leonardo llegó a Santiago y le informamos del cambio involuntario de local se limitó a decir: “Yo sabía que eso iba a pasar”. Efectivamente, para Boff no ha sido fácil escapar de la larga mano de Roma, que no le perdona su crítica profética ni su libertad de conciencia. Hoy es mucho más fácil encontrarlo hoy en espacios laicos, como el Foro Social Mundial o en conferencias de la ONU que en recintos eclesiales. Lo que no deja de ser duro para un hombre que ha dado su vida a la causa de Jesucristo, y que añora los días en que los obispos le invitaban a “hacer teología” en las periferias de las ciudades o en comunidades campesinas. Leonardo habla de este tema con pena, pero no con rabia. En todo el tiempo en que pude estar con él lo que más me ha llamado la atención es su enorme cuidado de no dañar a nadie. Desde su forma de saludar a todos con la palabra hermano o hermana, ya sea un taxista, a una estudiante que recién le conoce o a un gran académico o al rector de una universidad. Boff parece compadecerse de una Iglesia que ama, pero que “está perdiendo el paso de la historia”, debido a que “no encontró su lugar dentro de la globalización”.

UN VIAJE POR UNA AMÉRICA QUE CAMBIA

El viaje de Leonardo comenzó varios días antes. El 15 de agosto fue uno de los invitados de honor que presenciaron en Asunción como Fernando Lugo asumió el gobierno y puso término a más de sesenta años de dominio del derechista Partido Colorado. Una posibilidad que para la mayoría de los paraguayos, nacidos bajo la larga dictadura de Stroessner, pensaban que nunca llegaría.

En medio de su discurso inaugural, Lugo se detuvo un momento para recordar las fuentes en las que se nutre su compromiso social y político: “Cuando encontré la palabra de Boff y de Gutiérrez, entre otros, percibí claramente que era esa la Iglesia destinada a nutrir de esperanza activa a seres hermanos y humanos sumidos en el discurso opresor de tantas dictaduras que marcaron la historia de nuestra Patria Americana.” Se trató de un justo reconocimiento a los “padres fundadores” de la teología latinoamericana. Como el mismo Lugo afirmó en su discurso: “La vida de este humilde paraguayo, de un bello rincón del Sur, tiene en la fe una contribución muy importante”. No se trata de una fe escapista, en un Dios tapa-agujeros, sino una religiosidad muy diferente, que se traduce en un compromiso inclaudicable: “Al mismo tiempo de optar por el ejercicio pastoral opté preferentemente por aquellos que la historia había arrojado en los marginales escenarios de la exclusión y la miseria”.

En Santiago, la prensa consultó a Boff si la llegada al poder de Fernando Lugo, junto a presidentes como Correa, Lula o Chávez, que reclaman una inspiración en el cristianismo popular, significa que la Teología de la Liberación ha llegado al poder en América Latina: “No es la Teología de la Liberación la que está en el poder –respondió- porque no le cabe estar allí, pero es fuente de inspiración porque ella tiene como marca registrada la opción por los pobres”. Para Boff la Teología de la Liberación ayuda a los gobiernos a implementar políticas públicas cuyos destinatarios sean los más excluidos. “Yo creo -ejemplificó- que fue paradigmático en Brasil la primera medida de Lula: Hambre Cero. Todos pueden comer por lo menos tres veces al día. Y ha cumplido, 50 millones que no comían fueron integrados. Lugo, inmediatamente al asumir, dijo que hay que combatir el hambre, hacer la reforma agraria y atacar el problema de la salud…Yo lo veo por todas partes. Rafael Correa está siguiendo la misma línea, ahora Lugo en Paraguay, Bolivia, con todas las dificultades, está cambiando la estructura latifundista de la tierra, propiciando más participación de los indígenas. Hay una ola de democracias que son todavía representativas, pero que también avanzan hacia democracias más participativas”.

Para Boff el papel de la Teología latinoamericana radica en la construcción de paradigmas de posibilidad, allí donde el pensamiento único ha cerrado la puerta a las alternativas: “Yo diría que la Teología de la Liberación ayudó a crear una alternativa, ante otra ideología como el neoliberalismo -que es también una especie de teología- y que impone la fuerza del individuo, grandes proyectos faraónicos, propicia grandes empresas, la acumulación”.

EXISTE EN ESTE PAÍS UN IMPULSO DE PRIVATIZACIÓN MUY FUERTE

Luego de Asunción, el viaje de Boff continuó en el Centro Cultural Borges, de Buenos Aires donde planteó: “Entre los pobres está el gran pobre, que es el planeta Tierra, explotado, saqueado por la voracidad del proceso industrial moderno. Todos vivimos bajo un modelo de civilización que explota a las personas, las clases, las naciones y agota los escasos recursos de la Tierra. Por eso necesitamos una Ecología de la Liberación; unir ecología, física cuántica, discurso teológico y espiritualidad”. Desde allí siguió rumbo a Neuquén donde compartió con los obreros de la Fábrica de baldosas Zanon (que desde comienzos del año 2002 se encuentra bajo el control de sus trabajadores) y mantuvo un interesante diálogo con representantes de comunidades mapuches. En ese encuentro Boff resaltó la profundidad de la espiritualidad de los pueblos originarios: “Ellos se sienten hijos de la tierra, de las estrellas, del sol. Se sienten inmersos dentro de energías poderosas que pueden manejar, interiorizar. Hay que revisitar esas culturas; tienen secretos, resolución de cosas en su sabiduría ancestral que nosotros no tenemos. Nosotros tenemos mucha ciencia pero muy poca sabiduría y casi ninguna espiritualidad”.

Finalmente el Lunes 25 Boff llegó hasta Coyhaique donde lo esperaba el Obispo Luís Infanti. A pesar de ser uno de los teólogos más famosos del mundo, una invitación oficial por parte de un obispo católico ya no es habitual para Boff. En 1985 la Congregación para la Doctrina de la Fe, dirigida por el cardenal Joseph Ratzinger (hoy Benedicto XVI) le silenció por un año por publicar su libro “Iglesia, Carisma y Poder”, en el cual llamó a la Iglesia a la conversión, a apartarse del camino del poder como dominación y retomar el proyecto del Reino de Dios. Estuvo a punto de ser silenciado de nuevo en 1992 por Roma, para evitar que participara en la “Cumbre de la Tierra” de Naciones Unidas, lo que finalmente le movió a dejar la orden franciscana, y el ministerio presbiteral. Desde ese momento el Vaticano ha movido todo su poder para aislar a Leonardo Boff de los espacios eclesiales. Por ese motivo el gesto del obispo Infanti debe ser doblemente valorado por su valor y coraje. Por un lado, el obispo de Aysén lanzó un documento de más de noventa páginas, en que cuestiona radicalmente las políticas energéticas del gobierno, las practicas de las transnacionales eléctricas, propone cambiar la Constitución de 1980 y nacionalizar el agua. Y por otra parte, este llamado lo hizo acompañado de una de las “bestias negras” del Vaticano, el teólogo que más claramente se ha atrevido a cuestionar la orientación conservadora que ha asumido la Iglesia Católica desde los años ochenta.

Pero la carta pastoral de Infanti merecía el comentario de un eco-teólogo como Leonardo. Se trata de un texto que rechaza la venta de los recursos naturales y compara la depredación de la naturaleza con las violaciones a los derechos humanos cometidas en la dictadura: “El 40% de la humanidad de aquí a un par de años tendrá serias dificultades para tener agua y Aysén es la segunda reserva del planeta. Creemos que es un lugar que con mayor razón no puede ser violado”, afirmó el obispo durante la presentación de la carta. Para Infanti la Constitución que hoy rige a Chile abrió las puertas a la “venta” del país y a que con dinero se “compre lo que quiera, incluyendo la conciencia de las personas”.  Este proceso ha abierto la puerta a un silencioso y progresivo traspaso de los recursos nacionales a grupos empresariales extranjeros.

Comentando la carta pastoral Boff señaló: “Cuando leí sobre la legislación sobre aguas, quedé escandalizado. Existe en este país un impulso de privatización muy fuerte, principalmente en el problema de agua”. Esta situación, afirmó, se debe a que el Estado chileno no tiene una política energética definida “lo que permite que grandes empresas vengan y hagan sus negocios al margen de las políticas nacionales”. A juicio de Boff “el agua exige una gestión universal para que no se mueran millones de personas”. Al  tratarse  de un bien público, vital y natural, “no debe transformarse en mercancía, porque sería transformar la vida en mercancía”. Este desafío debe abarcar a todo el continente ya que  “América Latina es el continente clave en el equilibrio ecológico de la tierra, porque aquí están los más grandes manantiales de agua dulce del mundo y creo que las grandes potencias de agua dulce como Chile, Argentina, Brasil, Paraguay y posiblemente dentro de poco será uno de los bienes más escaso dentro de la naturaleza, más que el oro, uranio o petróleo, será agua dulce”.

LA IGLESIA SE ALINEA CON EL GRAN EMPRESARIADO

Las virulentas reacciones de la derecha económica a la carta de Infanti han coincidido con las diatribas con que ha reaccionado el catolicismo “oficial” a la visita de Boff a Chile. “Los recursos naturales están para ser utilizados, desarrollados, en beneficio del hombre”, contraatacó Bernardo Larraín, gerente general de Colbún. El Obispo Emérito de San Bernardo, Orozimbo Fuenzalida, acusó al obispo de Aysén de cometer un error pastoral grave: “Al obispo Infanti esto le podría costar la mitra” amenazó. Por su parte El Mercurio reaccionó rápidamente en su editorial del 27 de agosto: “El dignatario eclesiástico explicita de modo directo su posición antagónica a proyectos productivos específicos, vertiendo juicios altamente discutibles incluso en el ámbito de la propia doctrina católica”. COPESA atacó con la revista Qué Pasa, por medio de la mano del jesuita Felipe Berríos, acusado recientemente de aceptar financiamiento de la minera Barrick Gold para sus proyectos sociales. No es extraño, ya que el vínculo entre la Iglesia Católica y el gran empresariado no sólo ha atrapado a los sectores conservadores. Una parte importante del catolicismo moderado o “liberal” ha sido muy activo en los últimos años a la hora de tejer sólidas redes con las empresas ambiental y laboralmente más repudiables de Chile, con la excusa de destinar estos recursos a la superación de la pobreza.

Es esperable que el proceso iniciado por la Carta del Obispo de Aysén y la visita de Leonardo seguirá sacudiendo el debate. Se ha puesto en discusión un tema capital, que afecta el núcleo de los intereses políticos, empresariales y religiosos de este país. Como ha señalado Mons. Infanti: “Los hechos son tan contundentes que uno no lo puede desmentir: el poder económico maneja al poder político y al judicial, son una íntima unidad”. El padre Enrique Moreno Laval, luego de asistir a la conferencia en ARCIS se preguntaba “¿Quién le teme a Leonardo Boff, quién puede tenerle miedo?”. Tal vez, esa pregunta habría que hacerla a los poderes a los que se enfrenta el Obispo Infanti. Por ahí podemos encontrar una respuesta.

 

 

 

EL CONTRAEJEMPLO PERFECTO

Recientemente se han denunciado graves irregularidades financieras en el manejo y administración de recursos destinados a Chile por el Fondo Global del Sida. Se trataría de un nuevo escándalo que podría dar pie a que los involucrados tengan que rendir cuenta ante la justicia por cargos de corrupción. ¿Otro caso más en la abundante lista de situaciones denunciadas por la prensa en este año? Si, es otro más, entre muchos otros. Pero no es un caso cualquiera. Es, quizás, el más doloroso de los que se han abierto ante la opinión pública en el último tiempo.

¿Porqué esta especial gravedad? En primer lugar por el daño causado a los destinatarios de estos recursos. Para nadie es un misterio que en nuestro país las campañas de prevención del VIH SIDA se han desarrollado en medio de grandes polémicas motivadas por la intransigencia de sectores conservadores, que se oponen a la educación sexual integral, que permita hablar de todos los métodos de prevención de este virus. Además, es obvio que no es fácil lograr financiamiento para promover los derechos y la dignidad de las personas que viven con SIDA, en una sociedad prejuiciosa, machista y discriminadora como la nuestra. Por este motivo es tan indignante que los recursos destinados a estos fines se hayan mal usado y que se ponga en peligro la obtención de nuevos fondos para cubrir estos objetivos. Las personas portadoras del VIH, las ONG que desarrollan respuestas integrales a los desafios de la epidemia  y el mismo ministerio de Salud merecen una investigación exhaustiva y concluyente, que clarifique responsabilidades, identifique culpables y prevenga nuevos delitos.

En segundo lugar, este caso es especialmente duro porque en la administración del Consejo de las Américas se había experimentado un inédito consorcio entre actores estatales y personalidades del mundo social. El aparente fracaso de esta experiencia es una buena excusa para que los enemigos de la participación ciudadana canten loas a la razón tecnocrática, al gerencialismo despolitizado del Estado y a la subordinación de la democracia a la omnipotencia de los representantes. Es un buen argumento para quienes creen que se gobierna mejor con una sociedad civil débil, reducida a votar y aguantar, sin preguntas y sin críticas. Por este motivo, la experiencia del Consejo de las Américas debería quedar en la memoria como el contraejemplo perfecto, que muestra como no se deben hacer las cosas.

El fortalecimiento de la participación es considerado por los especialistas como un componente esencial de una democracia moderna y efectiva, construida por los ciudadanos/as y ejercida y controlada con su voz, adecuadamente canalizada por una institucionalidad abierta a la escucha, al diálogo y al aporte deliberativo de las personas. Pero el protagonismo de la ciudadanía no puede desarrollarse exclusivamente sobre la base de la buena voluntad y la energía de la gente. Es necesario destinar recursos humanos y financieros a este objetivo, que tiene tanta importancia en la vida republicana como el sano funcionamiento de los partidos políticos y las instituciones representativas.

Para ello se requiere desterrar las más comunes formas de manipulación y desnaturalización de la participación popular. El amiguismo, el clientelismo y el “pituterismo”, tan cotidianos en nuestra convivencia, convierten las innovaciones y búsquedas de ciudadanización en un festival de prebendas y dádivas que se conceden  como dones y privilegios desde los espacios de poder.

Actualmente se tramita en el Congreso Nacional un  proyecto de ley sobre asociaciones y participación ciudadana. Este proyecto debería apuntar a la construcción de una nueva institucionalidad rectora del desarrollo y del fortalecimiento de la sociedad civil en Chile. ¿Porqué no imaginar un fondo, similar al  FOSIS, al FONDECYT o al FONDART, que permita el desarrollo del voluntariado, la articulación de los vecinos, la construcción de plataformas y redes sociales a lo largo del país? Un fondo libre de toda sospecha de control partidista, fiscalizado de forma rigurosa, no expuesto a la contingencia ni a ser fácilmente susceptible de instrumentalización. y que responda al clamor por transparencia y control ciudadano que vive el país.

El peor efecto de estos casos de corrupción es que destruye la confianza y la esperanza que necesitamos para construir sociedad. Nos somete a la tiranía del miedo y del fatalismo. No es extraño escuchar las quejas: ¡Si hasta la plata para los pobres y los enfermos se roban ahora! Es una constatación real, justa, pero no necesariamente una conclusión definitiva. La falta de probidad y de transparencia no se supera, solamente, sobre la base de lamentos y condenas. Es necesario construir marcos éticos, jurídicos e institucionales que nos devuelvan las ganas de vivir y soñar juntos, reconociendo que necesitamos del control social y de la corresponsabilidad, en una democracia de seres humanos corruptibles, pero también capaces del mayor altruismo y de gestos de increíble entrega solidaria.