FRENTE A LA CRISIS FINANCIERA GLOBAL : UN NUEVO ORDEN INTERNACIONAL ES POSIBLE

En octubre de 2008 ATTAC ha cumplido diez años como movimiento internacional y ocho años en Chile. Durante este tiempo nuestro objetivo central ha sido alertar a la ciudadanía, a los gobiernos y a los organismos internacionales sobre el elevado riesgo que conlleva la desregulación de la especulación financiera mundial. En nuestra plataforma fundacional, de octubre de 2002, afirmamos:

“El capital especulativo que siembra pobreza y debilita la democracia puede y debe ser detenido. La Globalización -como fenómeno integral que abarca la economía, la política y la cultura, entre otras áreas- puede y debe ser regulada y su rumbo modificado hacia el beneficio de las personas. Es hora que l@s ciudadan@s levantemos nuestra voz y nuestros cuerpos para frenar la locura del rumbo neoliberal al que las transnacionales y los gobernantes del planeta nos han arrastrado.”

Esta afirmación alcanza una dramática vigencia cuando se contextualiza en la actual crisis financiera internacional. Lamentamos constatar que las denuncias y vaticinios de ATTAC se han confirmado, y el mundo ha sido arrastrado por la locura  neoliberal hacia una debacle de consecuencias impredecibles, que demuestra que los mercados no son capaces de regularse por sí mismos.

Salvar el sistema financiero costará 700.000 millones de dólares. ¿Cuánto costaría salvar a los condenados por este sistema? Aproximadamente la mitad de la mitad de la mitad de la mitad. Según datos de la FAO con unos 30.000 millones de dólares anuales se podría garantizar la alimentación de los países más golpeados por la crisis alimentaria actual. Sin embargo, para ellos no hay recursos ni rescates financieros.

Durante estos años ATTAC ha afirmado reiteradamente: “Con la libertad total de circulación de los capitales, los paraísos fiscales y la explosión de las transacciones especulativas los Estados se ven acorralados en una loca carrera, en favor de los intereses de las empresas multinacionales…”[1]. Esto es justamente lo que ha pasado cuando el Gobierno Federal de los Estados Unidos se ha visto obligado a asumir el control directo de una parte importante del sistema financiero, a contramano de las recetas del FMI y el Banco Mundial (BM). Las industrias banquera, financiera, de inversiones y aseguradora, acérrimos enemigos de los impuestos, ahora necesitan los recursos públicos para mantenerse a flote.

Esta gigantesca intervención del Estado es la más clara expresión de la subordinación de la voluntad de la ciudadanía a los designios de los capitales especulativos. Demuestra que la mundialización neoliberal permitió a los agentes financieros hacer dinero mediante dinero, sometiendo a la economía real a su avaricia sin límites. Hoy la ciudadanía está obligada a pagar el costo de un sistema que privatiza los beneficios y  socializa las pérdidas.

Por este motivo la crisis financiera global se convierte en una inmejorable posibilidad para establecer mecanismos fiscales que desanimen la especulación y la corrupción, y que además permitan financiar unas instituciones mundiales sólidas y con competencias efectivas contra el cambio climático y para extender a todo el planeta los derechos humanos y la protección social.

Hoy ya no es posible seguir evadiendo el debate sobre la tasación de las transacciones  financieras especulativas y la eliminación de los paraísos fiscales. Para ello es necesaria la implementación a escala mundial de la Tasa Tobin-Spahn, consistente en la instauración de un impuesto sobre las operaciones de cambio divisas y de moneda, lo que constituiría un instrumento eficaz para combatir futuras crisis financieras de naturaleza especulativa y sería capaz de recaudar a nivel mundial 50.000 millones de dólares anuales con los que poder contribuir a la financiación del desarrollo de los países del sur.

No se puede postergar la reforma profunda a las instituciones de Bretton Woods, colocando el FMI y el BM bajo el control de una Organización de Naciones Unidas democratizadas y fortalecidas, que se inserten en una nueva arquitectura de gobernanza mundial, que permita la reducción real de la pobreza por medio de la implementación de  mecanismos de justicia tributaria y comercial a nivel global.

Esta crisis debe ser el momento en que pongamos fin a la globalización neoliberal y construyamos un nuevo orden financiero, económico y político a nivel internacional. Ya es  hora de que los ciudadanos digamos  “¡Basta!”

SE TRATA SIMPLEMENTE DE REAPRORIARNOS JUNTOS DEL PORVENIR DEL MUNDO QUE NOS PERTENECE”

CONTRA LA GLOBALIZACION DE LAS INJUSTICIAS GLOBALICEMOS LA ESPERANZA

  [1] El ABC de ATTAC