Cuba: un viaje necesario

Desde que se anunció que la presidenta Michelle Bachelet viajaría a Cuba en visita de Estado la furia de la derecha no escatimó recursos para desacreditar esta decisión. Se montó una feroz campaña de prensa por medio del duopolio que conforman los diarios de Agustín Edwards y de Álvaro Saieh con el fin de desacreditar y boicotear este programa. Continuamente, desde noviembre de 2008, y durante  meses, se ha buscado detener la gira o al menos impedir que el viaje cuente con una delegación amplia y representativa. En cualquier otro caso el gobierno habría tenido que desandar su camino ante una presión tan fuerte y evidente. Sin embargo, la campaña ha fracasado rotundamente. El viaje no sólo se realizó con gran visibilidad. Además se trató de una de las visitas de Estado acompañadas de un mayor y más variado grupo de personalidades: desde el presidente de la CPC, Rafael Guilisasti, pasando por parlamentarios y dirigentes políticos, hasta un muy variado grupo de escritores y artistas.

¿Por qué el internto de boicot ha sido derrotado tan claramente? Porque no ha tenido en cuenta las condiciones políticas que explican este viaje, que no se limitan a la política bilateral entre los dos países, sino a un cambio geopolítico más amplio en América Latina. Este giro se hizo evidente en la Cumbre de Presidentes de América Latina y el Caribe celebrada en Costa do Sauípe y que permitió que Cuba se integrara al Grupo de Río, lo que ha cerrado un largo ciclo de aislamiento y  ha permitido reinsertar a Cuba en el concierto de la región. Esto ha supuesto romper el aislamiento político impuesto por Estados Unidos y al que nuestra región se sumó en los años sesenta. Al desbloquear a Cuba, América Latina ha reafirmado su autonomía y ha dejado establecido que los diferendos o desacuerdos entre nuestras naciones se zanjarán en espacios latinoamericanos. Por lo tanto, el proceso de integración de Cuba a América Latina es ante todo una reafirmación regional y un acto de soberanía indelegable, lo que explica que mandatarios tan diversos como Felipe Calderón, Lula y Cristina Fernández  hayan decidido estrechar sus lazos políticos y comerciales con la mayor de las antillas.

Este proceso coincide con una clara apertura cubana a buscar alternativas a su situación de evidente estancamiento político y económico. Se trata de un proceso que trata de no atentar contra las conquistas sociales de la revolución, pero admite que los problemas que enfrenta la isla, sin ser insuperables, son de muy difícil solución. Por ese motivo, estas transformaciones obligan a Cuba a reconocer los fracasos del socialismo del siglo XX, pero con el objetivo de  superarlos en los términos de un horizonte socialista del siglo XXI. Difícil tarea, pero sin dudas de gran interés para América Latina.

Visitar Cuba en este momento es por esta razón una forma activa de promover y fortalecer este giro político que encuentra no pocas dificultades. La alternativa a este proceso de transformación interna de Cuba es la profundización de la política que George W. Bush ha impulsado estos últimos ocho años: más bloqueo, mayor aislamiento y menor diálogo. Afortunadamente las señales que Barack Obama ha entregado al inicio de su mandato van en otra línea: diálogo, apertura al envío de remesas familiares, iniciativas de distención.

La derecha, encerrada en una agenda estrecha y miope, no ha logrado ver el significado político de este viaje. Ha antepuesto la agenda electoral del 2009 a los intereses de Estado que hacen de esta visita un punto alto en el proceso de consolidación de un nuevo regionalismo latinoamericano, que sea capaz, por medio de la persuación, la diplomacia, la integración y la cooperación de hacer avanzar la agenda democratizadora y de respeto a los Derechos Humanos. Las altaneras exigencias de la derecha parecen más comprometidas con el statu quo que con la apertura a un cambio y a una transformación que beneficie a la ciudadanía de nuestros países.

Cuba merece una oportunidad para cambiar, sin que esas trasformaciones impliquen su anexión por parte de Estados Unidos y la perdida de sus conquistas sociales. Chile y América Latina han comprendido que la única forma de hacer este proceso es con el acompañamiento de los países de la región, en un marco de respeto a la autodeterminación de los pueblos y a la soberanía de nuestros Estados.

 

 

LA CAPITAL DE LA ESPERANZA

Belem de Pará, junto al Amazonas, se transformó durante los últimos días de Enero en la capital de la esperanza. Sus calles fueron escenario del noveno Foro Social Mundial,  una de las más grandes expresiones de la riqueza y pluralidad de los movimientos sociales y organizaciones no gubernamentales a nivel global, que convocó a más de mas de 100 mil personas y 5 mil 680 organizaciones. En sus calles sólo se podía ver una amplia gama de colores en la piel, en las ropas, en las banderas y en los intereses, deseos, y necesidades de pueblos, etnias, grupos y redes, unidos en la convicción general de que otro mundo es posible. Como en todos los Foros Sociales, activistas sociales, líderes de movimientos, víctimas de una u otra forma de opresión, intelectuales comprometidos provenientes de diversas latitudes, pudieron compartir sus agendas que cada vez convergen con mayor claridad. Los grandes temas de esta edición del Foro fueron la crisis económica mundial, los cambios climáticos y las alternativas al modelo de desarrollo. La preservación de la Amazonía, sus gentes y sus culturas tuvieron una centralidad especial

Mientras tanto, a miles de kilómetros, en el frío invernal de Davos, el Foro Económico Mundial se convertía en la capital global del pesimismo. “Esto sólo puede empeorar”, declaraba el magnate de los medios Rupert Murdoch. Ante la pregunta por el tiempo habrá que esperar para una recuperación económica el especulador financiero George Soros se limitó a afirmar: “No es una pregunta relevante porque el sistema financiero se desplomó completamente y no sabemos qué lo sustituirá.”. Autocrítico, fué uno de los pocos que se atrevió a declarar: “El sistema financiero que antes considerábamos natural se ha desplomado. Los hechos han demostrado que la hipótesis de los mercados eficientes es falsa. Este no es un choque externo. Es una negación del supuesto carácter de autocorrección de los sistemas financieros.”

Muy lejos de la nieve de Suiza los participantes en el Foro Social Mundial se concentraron en pensar alternativas, rodeados de una vegetación exuberante, con calor y lluvia frecuente, y con un pueblo que masivamente se asumió como anfitrión amable y solidario por la presencia de miles de visitantes. Durante esos días los rostros no mostraban preocupación, sino alegría por el encuentro, satisfacción por la lucha, esperanza en que sabremos cambiar el curso del mundo.  “Por una Amazonía justa y multicultural”, ” No al desempleo, que los ricos paguen la crisis”, “Economía solidaria, otra economía que ya acontece” son consignas que escuchamos y leímos al paso de las marchas y que convivieron con lemas tan diversos y a veces contradictorios como “Jesús es nuestra esperanza”, “Aborto legal para nuestras mujeres” o “Paz para Palestina”. Greenpeace transportaba una enorme vaca inflable con múltiples banderas para denunciar la ganadería que deforesta la amazonía. Los tambores, las flautas, los trajes y las danzas nos hablaron de identidades que se rebelan y se reafirman en una globalización muy diferente, la del respeto, la de los derechos para todos, la de la hermandad en la diferencia.

Las organizaciones chilenas que participamos en este Foro Social buscamos hacer visible nuestro interés en el proceso de integración latinoamericana. En este momento de crisis de la política neoliberal, pensamos que es necesario crecer con equidad, de forma simultánea y no secuencial. Para eso es necesario entender la integración como una herramienta clave para disminuir la desigualdad, ya que permitiría dar mayor eficiencia al gasto público y ofrecer alternativas a un mercado global paralizado por la crisis.

Una de las propuestas más importantes en ese proceso es la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur), que viene conformándose desde 2004 y cuyo tratado constitutivo fue adoptado en mayo de 2008. Por ese motivo, nuestra Asociación organizó un seminario para discutir UNASUR que contó con la presencia del embajador chileno en Brasil y de un representante del presidente Lula. Al respecto se hizo notar que Chile ha destacado en la presidencia pro tempore de este organismo y así lo han reconocido los países de la región. “Sabemos que la integración de América Latina es la mejor forma de proteger a nuestro pueblo y nuestros recursos naturales” declaraba un invitado boliviano, mientras agradecía el apoyo de UNASUR a Bolivia en la cumbre realizada en Santiago, en septiembre de 2008, y que logró paralizar un intento de golpe de estado. Alvaro Díaz, embajador de Chile en Brasil, comentaba: “La idea es integrar a toda América Latina, abarcando no sólo las cuestiones económicas, sino también los aspectos político y social. Estamos ante un proceso histórico, diferente al de Europa. Este proceso requiere de tiempo, ya que supone el acuerdo de todos los países, pues debe ser un proyecto regido por principios democráticos y de consenso”.

La esperanza viene del sur, donde soplan vientos de cambio que a pesar de su fragilidad parecen imposibles de detener. Si alguien tiene dudas, que compare Belem y Davos y se dará cuenta donde se está gestando el futuro.

 

Foro Social Mundial: laboratorio de ideas ante la crisis financiera

El noveno Foro Social Mundial ha concluido. Acogió a 92 mil asistentes, que han organizado, de manera autogestionada, unas 2 mil 300 actividades. Participaron cerca de mil 970 representantes de 85 pueblos indígenas diferentes. Más de diez mil jóvenes poblaron el Campamento de la Juventud. No se trató de una actividad cualquiera. Es el primer gran encuentro altermundialista después del estallido de la “gran crisis” del 2008, en un momento donde el fracaso del neoliberalismo y el carácter destructivo del capitalismo global se manifiestan con toda su crudeza. La Amazonia brasileña fue, además, un lugar privilegiado para denunciar la ligazón entre la crisis social y la ecológica.

Se trató de cinco días en un ambiente de fiesta. Durante la marcha inaugural sonaban los tambores.y las batucadas mientras la lluvia tropical no lograba apagar la algarabía de las miles de personas que recorrían las calles de Belem do Pará. La multitud bailaba mientras marchaba bajo la una intensa lluvia, conviviendo sin rudeza innecesaria un mar de siglas y de colores muy diversos: sindicatos, indígenas, movimientos campesinos, pobladores sin techo, ONGs europeas, académicos de grandes centros de investigación junto a habitantes de esta ciudad amazónica de un millón y medio de habitantes. Con mucho, los grupos más numerosos fueron los brasileños, aunque, por supuesto, desfilaron también delegados de muchos otros países. Y, como podría esperarse de cualquier acto de la izquierda, allí se expresan abiertamente sus contradicciones y diferencias.

El tema central de este año fue la crisis financiera. Se trató de la palabra más nombrada, la más invocada y la más denunciada. Los slogans en la marcha planteaban: “Que los patrones paguen la crisis”, “No debemos pagar la crisis quienes no la hemos provocado”. El gran consenso fue que la crisis dio la razón a las denuncias y advertencias que las organizaciones del FSM habían lanzado desde su inicio en Porto Alegre, en 2001. Oded Grajew, uno de los fundadores del Foro nos comentaba: “Nos decían que no tenían dinero. Pero la realidad es otra. Con la crisis financiera aparecieron trillones de dólares que podrían servir para combatir la pobreza, desarrollar alternativas energéticas y cuidar el medio ambiente, pero que se destinaron a salvar bancos y empresas automotrices.”

La debacle financiera plantea el desafío de renovar perspectivas estratégicas y dar respuestas a los retos del momento, marcados por el ascenso de un rechazo, aunque difuso, del actual sistema económico. Este año en el Foro Económico Mundial de Davos hubo muy pocos dirigentes internacionales, y una ausencia importante de norteamericanos. Fue interesante ver que no hubo ningún miembro de la administración del presidente Obama. En cambio en Belem estuvieron presentes cinco presidentes latinoamericanos que compartieron con los movimientos sociales las experiencias de transformación de sus países.

Sin embrago, la presencia del Foro en la Amazonía también obligó a volver la mirada a temas como calentamiento global, la defensa de los bosques tropicales, el agua dulce y la biodiversidad, los hábitats de los indígenas, pueblos ribereños, extractores y otros pueblos amazónicos.

Por eso se abordaron en extenso las transformaciones de las sociedades latinoamericanas y su impacto en la idea de refundar la economía. El medio ambiente, el cambio climático y la necesidad de un pensamiento ecológico. Y cómo construir un mundo de paz y evitar que siga habiendo hegemonías militares, amenazas de tipo autoritario y conflictos como el que acabamos de ver en el Oriente próximo.

Como ha recordado Ignacio Ramonet estos días “Muchas de las ideas de los primeros foros han sido retomadas por gobiernos que están llevando a cabo políticas de transformación”. Además el debate generado por la crisis financiera global ha revitalizado la discusión sobre las propuestas de “otro mundo posible” haciéndolas menos utópicas o más necesarias. El Foro Social Mundial ha entrado en una segunda etapa que le exigirá cada vez mayor claridad a sus propuestas, en un momento en que los diagnósticos ya están bastante claros.

Álvaro Ramis es miembro de ATTAC y Presidente Asociación Chilena de ONGs ACCIÓN