TRAS LAS BAMBALINAS DEL G8

El debate sobre la crisis financiera está lejos de agotarse. Por más que los gobiernos tratan de implementar decisiones a nivel de sus propios estados nacionales la profundidad y gravedad de la debacle de 2008 les está exigiendo coordinar posiciones que contribuyan a dar seguridad a los mercados, por lo que necesitan cimentar un nuevo modelo de gobernanza económica global. El primer hito en este proceso de reestructuración de la institucionalidad financiera se vivió en Londres, durante la cumbre del G20 del 2 de abril pasado. Sin embargo, los analistas han destacado que esa reunión no enfrentó los verdaderos nudos ciegos y las diferencias profundas entre los grandes actores internacionales. Lo que ocurrió en esa ocasión fue una muestra de unidad en torno a los puntos que consiguen el mayor respaldo transversal. Por ese motivo, la cumbre del G8 que se realizará en Italia entre el 8 y el 10 de julio se avizora como el momento de la verdad, en el que se deberán consensuar posturas en torno a decisiones difíciles y que necesariamente dejarán herido a más de algún sector. Berlusconi ha trasladado esta reunión desde la isla de la Maddalena, en Cerdeña, hacia L´Aquila, la ciudad devastada por el terremoto del pasado 6 de abril, con la esperanza de contener las protestas que siempre han rodeado este tipo de  cumbres.

Uno de los problemas más graves que el G8 ha debido enfrentar es la baja legitimidad democrática de este espacio político. Se trata de un “club” de países económicamente poderosos, pero que se atribuyen decisiones que afectan la vida cotidiana de la mayor parte de los ciudadanos del planeta. Por esa razón es comprensible la resistencia de los gobiernos del resto del mundo, que han demandado que el diseño de un nuevo modelo de gobernanza económica deba ser discutido por el “G192”, es decir la totalidad de los países miembros de Naciones Unidas. Para estos efectos la presidencia de la Asamblea General de la ONU ha convocado para los días 1 al 3 de junio a una Conferencia internacional sobre las Crisis económica y financiera internacional y sus impactos sobre el desarrollo. Será el debut de las propuestas de la comisión Stiglitz, que ha alaborado una agenda de reformas profundas, resistidas fuertemente desde los círculos financieros. Esta comisión está integrada por ministros de finanzas, gobernadores de bancos centrales, ex directores de agencias internacionales y otros expertos de todo el mundo, y su principal recomendación institucional consiste en sustituir este grupo provisorio y ad hoc por un Consejo Económico Global, de peso similar al de la Asamblea General o el Consejo Seguridad de las Naciones Unidas, que se reuniría cada año a nivel de jefes de Estado y que supervisaría el trabajo de organismos como el Fondo Monetario Internacional (FMI), el Banco Mundial y la Organización Mundial de Comercio

Presionada por la opinión pública, los organismos multilaterales  y por el resto de los gobiernos, el G8 ha tratado de dar señales de apertura a los cuestionamientos a su autoasignado rol de “junta de accionistas del planeta”. Durante los días 4 y 5 de mayo la presidencia pro tempore del G8,  en manos de Italia, organizó una jornada de consulta a la sociedad civil representada por las grandes redes de ONGs, sindicatos y movimientos sociales. La Asociación Chilena de ONGs ACCIÓN fue una de las pocas organizaciones latinoamericanas que participó en este evento, en el que se debatió con los “sherpas” del G8 los contenidos de la declaración de firmarán los jefes de gobierno presentes en la cumbre de julio. Los sherpas, en la jerga del G8, constituyen embajadores de alto nivel que debaten y redactan los acuerdos que finalmente se firmarán presidentes. En definitiva, las cumbres son un rito final luego de un largo proceso en el que los sherpas tienen un rol de bajo perfil, pero verdaderamente definitorio del curso de las deliberaciones.

A pesar que la apertura de un espacio de consulta a este nivel constituye un momento inédito, inimaginable durante la era Bush, se trató de un debate muy constreñido, tanto en su agenda como en su forma. El verdadero diálogo sólo duró un par de horas en las cuales las ONGs pudimos exponer propuestas muy generales y realizar una docena de preguntas. A pesar de estas limitaciones, los sherpas debieron escuchar demandas y propocisiones que no están en su itinerario de discusiones. Por ejemplo, se exigió que los países del G8 nos boicoteen la cumbre de la ONU de junio próximo. Se pidieron medidas urgentes para mitigar el impacto de la especulación financiera, creando instrumentos de control sobre los fondos especulativos y poner fin al escándalo de los paraísos fiscales. También se puso énfasis en el rol de la Ayuda Oficial al Desarrollo, como una herramienta esencial para enfrentar la crisis, por lo cual se debe garantizar su carácter previsible, desvinculado de condicionantes políticos y de largo plazo. “La cumbre del G8 del ‘Aquilas será un símbolo de inclusividad”, aseguró el sherpa italiano, embajador Giampiero Massolo. Su intervención fue genérica, pero explicitó puntos cruciales: “Más allá de las respuestas a la crisis económica, que será el tema principal en la mesa de la cumbre, se buscará identificar mecanismos eficaces de gobernanza global, asegurando los recursos ante la volatilidad de los precios de los alimentos y respuestas concretas sobre las cuestiones de la seguridad alimentaria, garantizando un eficaz plan post-Kioto que enfrente el cambio climático “. Si sus promesas quedan en el aire o se concretan sólo lo sabremos el 10 de julio, en el momento en que se abran las bambalinas y entren en escena los líderes del G8.

El G8 contra el G192

Durante este año el debate sobre la crisis internacional han demandado la atención de gobiernos, agencias multilaterales y de las ONGs de todo el mundo. Bajo esta preocupación la presidencia de la Asamblea General de la ONU ha convocado para los días 1 al 3 de junio a una Conferencia internacional sobre las crisis económica y financiera internacional y sus impactos sobre el desarrollo. Esta conferencia, llamada del G192 en oposición al G8 y al G20, será el debut de las propuestas de la comisión Stiglitz, que ha elaborado una agenda de reformas profundas, resistidas fuertemente desde los círculos financieros. Esta comisión está integrada por ministros de finanzas, gobernadores de bancos centrales, ex directores de agencias internacionales y otros expertos de todo el mundo, y su principal recomendación institucional consiste en sustituir este grupo provisorio y ad hoc por un Consejo Económico Global, de peso similar al de la Asamblea General o el Consejo Seguridad de las Naciones Unidas.

Respecto a las medidas inmediatas, la comisión recomienda: Todos los países desarrollados deben aprobar planes firmes, coordinados y efectivos para estimular sus economías. Debe conseguirse financiación adicional para los países en desarrollo. Los países en desarrollo deben poder obtener fondos adicionales, incluso mediante nuevas líneas de crédito y nuevos métodos de desembolso. Los países en desarrollo deben tener un mayor margen de actuación. Debe corregirse la falta de coherencia entre las políticas que rigen el comercio y las finanzas. Las respuestas a la crisis deben evitar el proteccionismo. Los mercados de los países adelantados deben abrirse a las exportaciones de los países menos adelantados. Hay que aprender de las políticas eficaces para aplicar reformas reglamentarias.. Hay que coordinar los efectos nacionales y mundiales del apoyo prestado por los gobiernos al sector financiero.Hay que coordinar mejor las políticas económicas mundiales.

Pero lo más relevante es que propone una serie de reformas sistemáticas más profundas del sistema internacional que reviste la misma importancia y que debe iniciarse ahora si la recuperación ha de ser sostenible.La Comisión propone cuatro reformas centrales: Un nuevo sistema mundial de reservas. Reformas de la gestión de las instituciones financieras internacionales. Un consejo de coordinación económica mundial y vigilancia más estrecha y equilibrada al sistema financiero. Adicionalmente sugiere la reforma de las políticas del banco central para promover el desarrollo; políticas de los mercados financieros; apoyos a las innovaciones financieras para contribuir a la mitigación de riesgos; mecanismos para el manejo de la reestructuración de la deuda soberana y las controversias sobre inversiones transfronterizas; finalización de una ronda de negociaciones comerciales realmente orientada al desarrollo; financiación para un desarrollo más estable y sostenible.

Lamentablemente varios países del G8 están  tratando de opacar  y boicotear esta cumbre ya que se oponen el  informe de la  Comisión Stiglitz. Básicamente, el tema de fondo es que  no quieren que el  debate sobre las reformas y las decisiones respecto a la crisis se muevan al  espacio de la ONU, ya que prefieren dejarlo en el marco del G-20 + FMI / Banco Mundial. La Conferencia de la ONU, también llamada del G192,  se ha convocado al más alto nivel, deseando la participación a nivel de jefes de estado. Por este motivo la forma de “boicotearla” opera al enviar  representantes de bajo perfil. Por lo menos, se espera la participación  a nivel ministerial (ministros de finanzas), pero parece que incluso esto está hoy por hoy en cuestión.

Creemos que el Gobierno de Chile debería participar en esta conferencia al más alto nivel, al menos por medio de una delegación de rango ministerial. Nuestro país debe definir a que lado está a la hora de salir de la crisis. La forma como participará en esta conferencia será una señal decisiva, ya sea sumándose al boicot de los países del G8 o dando espacio al debate emergente. Sea cual sea la respuesta, la conferencia del 1 al 3 de junio será un hito en el rediseño de la economía internacional, en un marco post neoliberal.


Por Alvaro Ramis

Presidente Asociación Chilena de Organismos No Gubernamentales ACCIÓN A.G.