EL HASTÍO

Publicado en Punto Final en diciembre de 2009.

Cansancio, aburrimiento, desafección, tedio. Conceptos que pueden explicar el terremoto político que vivimos el 13 de diciembre. Un amplio sector de la ciudadanía ha expresado que su capacidad de aguantar las contradicciones de la Concertación se ha saturado. Ha emergido un tipo de disgusto enrabiado, de repugnancia  explícita,  que ha quebrado la votación de la coalición de partidos que más tiempo ha logrado permanecer el poder en nuestra historia. Con un 29% de los votos Eduardo Frei ha logrado el mismo porcentaje de votos que el nivel de aprobación con que terminó su mandato en 1999. Un diputado, sin apoyo partidarios significativos, ha logrado aglutinar a un 20% de los electores y de paso, plantear la pregunta por el fin de un conglomerado político que desde hace años no logra zanjar sus debates internos,  condenado desde hace mucho a convivir en un matrimonio forzado, que ya no logra decantar y expresar definiciones coherentes de futuro.

Normalmente, la política cumple una función que va más allá de las de definiciones por el poder y el gobierno. Se trata de aquella dimensión subjetiva de la política, de la que nos habló Norbert Lechner en su famosa polémica con José Joaquín Brunner, poco antes de morir. Ya en esos años se trataba de decir que el malestar no existía, que era “desajuste normal” en toda sociedad moderna. Pero Lechner afirmaba que la política debe abordar precisamente ese desajuste entre las demandas y aspiraciones de los sujetos y las exigencias de los sistemas complejos. Debe explicar, integrar, dar coherencia, hacer entendible el “donde estamos” y el “para donde vamos”.

El hastío surge ante la falta de sentido y ante la pérdida de la realidad. Es que la política debe ayudar a las personas a encontrar un marco de significados compartidos para poder convivir en sociedad. La Concertación pudo triunfar por tantos años porque ofreció un marco de significados más poderoso que el imaginario de futuro y de país que ofrecía la derecha, que contaba con muchos más recursos económicos y profusos apoyos mediáticos. Se trataba, ante todo, de una agenda que volvía reiterativamente cada elección. De votación en votación, la ciudadanía volvía a confiar en que al fin se acercaría esa alegría que en algún momento nos hizo llorar de emoción. Pero poco a poco vimos como el gradualismo se convertía en renuncia. Hoy cada vez menos gente parece soportar el mismo discurso vacío por décadas, sin que exista el más mínimo deseo de cambiarlo o matizarlo. Lo que la Concertación ha perdido, de manera irreversible, es su capacidad de encantar y convocar. Abandonadas las ideologías en el desván, las propuestas, las ideas, las emociones colectivas, se transmutaron en ejercicios tecnocráticos que permiten el manejo de las expectativas, la gobernabilidad de los sistemas institucionales  y finalmente, en frío y brutal marketing electoral. El hastío ha llegado para quedarse. Al menos mientras no surjan nuevas palabras que merezcan credibilidad

CONTRA FREI SE LUCHA MEJOR

Publicado en Crónica Digital el 18 de diciembre 2009

¿Con Frei vamos a vivir mejor? No lo creo. Sin embargo, pienso que contra Frei podemos luchar mucho mejor. Se trata de una diferencia importante y que revela la importancia de las elecciones del 17 de enero. A pesar de los llamados insistentes y dramáticos para agrupar en torno al liderazgo del candidato de la Concertación al progresismo y a la izquierda, hacerse ilusiones sobre su eventual gobierno es ilusorio.

Sin embargo, tampoco es realista homologar a ambos candidatos como si fueran lo mismo. Veamos las diferencias:

Aunque Frei ha declarado su interés de reformar la Constitución, no ha dicho como lo piensa hacer y tampoco es claro si contará con el quórum para lograrlo. Pero al menos es probable que en su gobierno la demanda de una asamblea constituyente o al menos cambios constitucionales de fondo por la vía parlamentaria se mantendrán en la agenda. Al contrario, bajo un gobierno de Piñera  el debate constitucional sufriría un retroceso evidente, ya que las prioridades de los movimientos y organizaciones sociales serán otras, centradas en la resistencia a una agenda de restricciones de derechos y conquistas acumuladas en estos veinte años.

Es probable que la política exterior de Frei sea indiferente y distante de los procesos de cambio e integración latinoamericana. Sin embargo, la política de Piñera no sólo será fría, sino que se alineará muy cerca de Alvaro Uribe, en abierta confrontación con los países del ALBA, buscando quebrar procesos como UNASUR y sirviendo de plataforma para las intromisiones más virulentas de Estados Unidos. Tampoco es probable que Frei avance en la superación de los conflictos históricos abiertos con Bolivia y Perú, pero un  gobierno de Piñera caería fácilmente en provocaciones militaristas en contra de nuestros vecinos. La política hacia el pueblo mapuche de Frei mantendrá los actuales niveles de represión y criminalización. Sin embargo, un gobierno de Piñera representará un virtual cheque en blanco para Carabineros, debilitando los pocos controles civiles que limitan la acción policial en ese territorio. Frei tampoco contribuirá a desconcrentrar la propiedad de los medios de comunicación, ni aportará significativamente a un mayor pluralismo en la televisión pública, pero Piñera además incrementará los subsidios directos e indirectos al duopolio El Mercurio-Copesa tal como lo hizo la dictadura.

Es difícil que Frei llegue a impulsar una agenda progresista que incluya proyectos como la Ley marco sobre derechos sexuales y reproductivos, pero con Piñera el debate sería otro, ya que una vez que llegue al poder deberá satisfacer las demandas de los sectores más fundamentalistas de la UDI, que encabezados por diputados como José Antonio Kast presionarán para restringir algunas políticas que les irritan: no sólo se reducirán las políticas de control de la natalidad en consultorios públicos, sino que se cerrarán las casa de acogida que con grandes dificultades se han abierto para proteger a las mujeres que sufren violencia doméstica. Con Frei tampoco es probable que se avance en la agenda pro participación ciudadana, que contemple la Iniciativa Popular de Ley y la ampliación de las instituciones de democracia semi directa, como el referéndum o plebiscito, y mecanismos de seguimiento y control ciudadano como la revocabilidad de los mandatos. Sin embargo, con Piñera es posible que se den retrocesos en las escasas instituciones estatales que contemplan participación social.

A diferencia de Lagos en 1999 o de Bachelet en 2005, si Frei llega a ganar esta elección no dispondrá de un capital político que le garantice por mucho tiempo el control de las críticas y las demandas sociales, ni siquiera de una pequeña “luna de miel” durante su primer año. Si se acepta el criterio de algunos analistas, que consideran la Concertación murió el 13 de diciembre pasado, se trataría de un gobierno zombie, con una coalición de “muertos políticos vivientes”, que abriría espacio para una alternativa incierta en 2014. Tal vez esta hipótesis es demasiado exagerada, pero algo de razón tiene. Tal vez por eso, el triunfo de Frei puede hacer posible construir una nueva mayoría, con un nuevo carácter y sentido.

¿Es posible parar a la derecha?

El análisis de los medios ha sobreabundado en estadísticas y porcentajes. Es cierto que Piñera quedó al borde del 45%, que Frei no alcanzó a superar el 30, que Enríquez-Ominami, traspasó el 20 y que Arrate marcó un 6. Es verdad que la distancia entre Piñera y Frei es de 14 puntos. Todos estos números son reales, pero nos pueden hacer olvidar el dato fundamental: no estamos ante un campeonato de fútbol sino ante una elección presidencial. Y por ello la clave que resolverá la sucesión de Michelle Bachelet se dará en el campo de la deliberación ciudadana y no por la vía de las calculadoras electorales. Si sólo se tratara de números es evidente que Piñera lo tiene todo para triunfar, pero en política las cosas no son tan simples como sumar o restar.

Eduardo Frei se enfrenta a una disyuntiva muy clara. Para alcanzar la mayoría necesitará representar alguna forma de consenso que convoque a quienes han votado a los candidatos que han quedado fuera de la elección. Usando las categorías de Gramsci este consenso puede ser pasivo, basado en la coacción, el miedo, la ausencia de alternativas, o por el contrario puede ser un consenso activo, basado en la convergencia en torno a un horizonte compartido. Si Frei y su comando adoptan la primera estrategia,  su derrota será segura. Si la Concertación cree que el miedo a la derecha será un aliciente suficiente para que los votantes de Arrate y Enríquez Ominami se sumen a Frei no han comprendido nada de lo que ha ocurrido en esta elección. La única alternativa que tienen es construir un consenso activo, basado en la posibilidad de reflejar de alguna manera la agenda progresista que se ha construido desde la sociedad civil en los últimos diez años. Este consenso no puede centrarse en la figura de Frei ni en la de su entorno político inmediato. Debe motivar de tal manera que permita captar el voto de personas que jamás votarían por él, pero que podrían hacerlo a pesar de él.

Se trata de propuestas con contornos difusos, pero que van mucho más allá de frases bonitas o buenas intenciones. Sin ánimo de agotar los contenidos de este posible nuevo consenso, la Asociación Chilena de ONGs ACCIÓN presentó en noviembre pasado una demanda ciudadana por más participación y más democracia a representantes de los cuatro comandos presidenciales. Es sintomático que los únicos que manifestaron coincidencia con estas propuestas fueran los representantes de ME-O y Arrate y que desde el comando de Frei sólo respondiera desde el silencio administrativo. Con el ánimo de encender el debate y acelerar la reflexión ponemos nuevamente estos puntos a consideración de Eduardo Frei y su comando, esperando ahora mayor claridad respecto a cada una de estas demandas ciudadanas:

1. Aprobar y reglamentar el proyecto de Ley de Asociaciones y Participación Ciudadana en la Gestión Pública, incorporando las opiniones y propuestas de la sociedad civil.

2.- Impulsar un marco jurídico que otorgue reconocimiento legal a las ONGs como actores legítimos del desarrollo y la democracia, así como financiamiento público a las acciones de interés común realizadas por estas organizaciones.

3.- Urgir al parlamento a que apruebe el Defensor Ciudadano, figura que protegerá los derechos y garantías constitucionales frente a las entidades públicas o privadas.

4.- Enviar al Parlamento un proyecto sobre la Iniciativa Popular de Ley, que permita a los ciudadanos enviar al parlamento proyectos de Ley, una facultad que hoy radica en el Ejecutivo y el Legislativo.

5.- Ampliar instituciones de democracia semi directa, como el referéndum o plebiscito, y mecanismos de seguimiento y control ciudadano como la revocabilidad de los mandatos.

6.- Impulsar una Ley orgánica para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres y una Ley de Cuotas para corregir el déficit de representación política de las mujeres.

7.- Urgir al parlamento a aprobar la Ley contra la discriminación.

8.- Exigir que las legislaciones sobre radios comunitarias y televisión digital cuenten con un adecuado proceso de participación ciudadana y que las propuestas de las organizaciones de la sociedad civil en estos temas sean tomadas en cuenta en el debate parlamentario.

9. – Dar término de la inhabilidad de los dirigentes sindicales y gremiales para presentarse a cargos parlamentarios.

10.- Dar urgencia a la Ley marco sobre derechos sexuales y reproductivos.

11.- Insistir al parlamento en la ratificación del Protocolo Facultativo de la CEDAW (Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer)

12.- Promover la elección directa de los gobiernos regionales.

13.- Impulsar una Ley de Protección Integral de la Infancia o un Código de la Niñez.

14.- Dar reconocimiento constitucional a los pueblos indígenas.

15.- Incorporar en la Ley que Reforma la Institucionalidad Ambiental, actualmente en discusión en el Parlamento, participación ciudadana vinculante en la Evaluación Ambiental Estratégica (EAE) de las políticas, planes y programas y en la evaluación ambiental de los proyectos de inversión.

16.- Finalmente, impulsar un real debate sobre las Reformas necesarias a la Constitución o derechamente generar una nueva Constitución mediante un proceso constituyente y con ratificación popular, que ponga fin al sistema binominal y que incluya la inscripción automática, el derecho a voto a chilen@s en el exterior y las reformas laborales y ambientales.

Álvaro Ramis es presidente de la Asociación Chilena de ONGs ACCIÓN