¿Cómo vender lo que no se puede comprar?

Publicado en Le Monde diplomatique, mayo de 2013.

Resulta extraño que el último libro de Michael Sandel, el famoso profesor de Harvard que trasmite sus cursos por televisión[1], no haya logrado mayor resonancia en el debate chileno. Si a algún país del mundo debería hacerse cargo de sus reflexiones es el nuestro. El texto se llama “Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado[2]” y lo que argumenta es que estamos cruzando peligrosamente varias líneas morales en el proceso de mercantilización de todos los aspectos de la vida. Muchas de esas líneas ya las hemos roto hace tiempo en Chile, durante la dictadura pero también en los noventa, bien entrada la nueva democracia. Lo que ahora hemos empezado a padecer son los efectos de esas decisiones bajo la forma de graves conflictos cíclicos en la esfera social y ambiental. Sin embargo, la imaginación neoliberal siempre es capaz de ir aún más lejos.

Sandel narra como un presidiario en Estados Unidos puede comprar el derecho de tener una celda mejor por 90 dólares diarios, o cómo podemos conseguir una madre de alquiler en India por 6.200 euros. Podríamos agregar la forma cómo el Rey de España y otros grandes millonarios pagan por cazar elefantes o rinocerontes en peligro de extinción por 195.000 euros la pieza. O como el gobierno español acaba de anunciar que otorgará permisos de residencia a todos los extranjeros que compren un inmueble que tenga un precio superior a los 160.000 euros. Y a la vez ha propuesto retirar la nacionalidad española a los desempleados de larga duración que rechacen tres o más ofertas de trabajo.

Ya es posible en ciertas ciudades vender la propia frente como espacio publicitario. Eso si, la agencia publicitaria exige que la marca del producto deberá estar tatuado de forma indeleble. También podemos arrendar nuestro cuerpo para experimentos científicos por trescientos dólares o alistarnos en una empresa privada de mercenarios para combatir en Afganistán o en Somalia. La Unión Europea ya ha fijado el precio de emitir dióxido de carbono en la atmósfera: 8 euros la unidad métrica. En algunos colegios de Dallas se acostumbra ahora pagar dos dólares a los niños si leen un libro, y en Carolina del Norte trescientos dólares a los drogadictos que aceptan ser esterilizados. Walmart, la empresa dueña los supermercados Líder, ha logrado firmar en Estados Unidos un nuevo tipo de seguro de vida que le garantiza un suculento beneficio cuando la muerte de un empleado se produce durante su horario de trabajo. Obviamente a la familia del difunto no obtiene nada a cambio. Si ya nadie se acuerda de usted, no se aflija porque puede comprar muy emotivos saludos de cumpleaños vía internet. Y si no le gustan las colas, existen aeropuertos y salas de espectáculos en los que se ha institucionalizado la venta de lugares en la fila. Si desea casarse en Las Vegas y no tiene quién le acompañe como testigo, es fácil arrendar un par de ellos, pagándoles por hora a un muy buen precio. Recientemente en España el dueño de la farmacéutica Grifols sugirió que los cesantes podrían ganar algo de dinero extra vendiendo su sangre a su empresa[3].

Cada norma legal que busca establecer un criterio de justicia distributiva o de prudencia convivencial hoy se puede vulnerar por la vía del pago. Hay ciudades que establecieron restricciones en sus autopistas para aquellos automovilistas que viajaran sin acompañantes. Pues ahora ya es posible pagar por saltarse esta restricción. También es posible pagar por tener prioridad en la atención de salud, postergando incluso a enfermos graves. Algunos parlamentarios norteamericanos han sugerido legalizar el cobro de tarifas de acceso preferente a sus oficinas a las empresas de lobby.  Si desea trabajar como conejillo de indias de nuevos fármacos la tarifa es variable. Depende de la peligrosidad del medicamento. Se trata de la infinita capacidad humana de construir lo que Karl Polanyi denominó “mercancías ficticias”[4]

Anatomía de la mercantilización

Los ejemplos citados nos demuestran que hablar de mercantilización no es sólo traspasar bienes estatales al ámbito privado. Es algo más complejo. Como la teoría económica dominante ha estado tradicionalmente delimitada por la oposición binaria entre Estado y mercado los ejemplos de Sandel no se logran conceptualizar como problemas económicos y quedan reducidos al ámbito de los dilemas morales. Pero en años recientes Elinor Ostrom, ganadora del premio Nobel de economía en 2009, ofreció una nueva tipología de los bienes económicos que ofrece perspectivas sugerentes que permiten analizar de forma integral los procesos mercantilizadores, incluyendo todas las posibilidades en las que estas operan y todas las consecuencias que conllevan:

Tipología de bienes de Elinor Ostrom

  Rivalidad  baja    Rivalidad alta
Exclusión difícil Bienes públicos puros

 

Puestas de sol

Conocimientos acumulados

 

Bienes comunes

(bienes públicos impuros )

 

 

Bibliotecas

Sistemas de regadío

 

 

Exclusión fácil  

Bienes privados impuros,

de club o de peaje

 

Televisión por cable

Guarderías infantiles

 

 

 Bienes privados puros

 

Ordenadores personales

Ropa y alimentación

Fuente: Adaptado de E. Ostrom 2006

La definición de Ostrom atiende a una clasificación general de los bienes de acuerdo a dos características simultáneas: «excluibilidad» y «rivalidad» (o sustractavilidad). La excluibilidad es la posibilidad de excluir a alguien del uso o consumo de un bien de acuerdo a algún criterio. Normalmente esa pauta es el dinero, pero podrían operar también las reglas de mérito, de urgencia, de interés colectivo, etc. La rivalidad se refiere a que el uso o consumo de un bien por parte de un individuo impide o disminuye la posibilidad de uso o consumo de otros. Existen bienes que por “naturaleza” tienen un número óptimo de usuarios que pueden compartirlos En el caso de los cepillos de dientes este número es sólo uno, por lo que es obvio que se trata de un bien absolutamente privado. En cambio muchos otros bienes podrían ser compartidos por un ilimitado número de usuarios, como la emisión de un programa de televisión o la luz de un faro en la costa.

En el caso chileno las fronteras entre estos cuadrantes se han difuminado, produciéndose un desplazamiento desde la esfera de los bienes públicos y los bienes comunes  hacia el campo de los bienes de club y los bienes privados. Por ello no solamente cabe hablar de mercantilización cuando a una empresa pública se la convierte en sociedad anónima y sale a bolsa. También muchos bienes que permanecen bajo propiedad del Estado se han convertido en bienes de club. Es el caso de de las universidades públicas, cuyo criterio de excluibilidad dominante hoy es un precio de mercado. Por otra parte, y para complejizar el análisis, podríamos pensar en el parque Pumalín, que siendo de propiedad privada opera bajo criterios de libre acceso. Un bien puede ser de propiedad privada pero a la vez no ser una mercancía y producir  valor de uso para una comunidad de usuarios. Por el contrario, una empresa estatal puede ser tan privatista en su actuación como una empresa privada.

No son incoherentes con estos análisis las cifras arrojadas por la reciente encuesta nacional UDP del 17 de abril pasado. De acuerdo a esta investigación los chilenos tienen una “generalizada percepción favorable hacia el Estado como actor en la sociedad”.  Un 54,5% apoyaría la estatización de colegios subvencionados, un 59,9% la estatización de las universidades privadas, un 63,6% del transporte público, un 75,6% quisiera una AFP estatal, un 76,3% respaldaría la existencia de una banca publica más fuerte, y un 80,2% avalaría la existencia de farmacias del Estado[5]. Se trata de un rechazo frontal al proceso mercantilizador que ha instrumentalizado a los ciudadanos en función de las utilidades de una élite extractiva que se ha apropiado de los servicios públicos y de las funciones del Estado.

Sin embargo, cabe la pena alertar que la estatización no garantiza per se la desmercantilización de los bienes y servicios que han sucumbido al poder del mercado auto-regulado. Cabe recordar a Marx, quien nos recuerda en El Capital que el “Reino de la Libertad” pasa por lograr que “los productores asociados, regulen racionalmente su intercambio de materias con la naturaleza, lo pongan bajo su control común en vez de dejarse dominar por él como por un poder ciego, y lo lleven a cabo con el menor gasto posible de fuerzas y en las condiciones más adecuadas y más dignas de su naturaleza[6]”.

[1] Justice whit Michael Sandel http://www.justiceharvard.org/

[2] Sandel, Michael. (2012) “Lo que el dinero no puede comprar. Los límites morales del mercado”. Debate. Madrid.

[3] La farmacéutica Grifols pide legalizar el pago por donaciones de sangre. Cinco Días. 18/04/2012.

[4] Polanyi,  Karl. (1989) “la Gran transformación”. La Piqueta, Madrid. p. 128.

[5] Encuesta Nacional UDP revela fuerte desconfianza y desconocimiento de actividad política. http://www.icso.cl/noticias/encuesta-nacional-udp-revela-fuerte-desconfianza-y-desconocimiento-de-actividad-politica/

[6] Marx, Karl. (1966) “El Capital”. T. I. Fondo de Cultura Económica. México. p. 759

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s