DOCE PUNTOS

Los firmantes de este documento tenemos trayectorias diversas pero convergentes en materias esenciales. Compartimos la voluntad de construir un Chile más justo, libre e igualitario y el convencimiento de que tal aspiración no se realizará bajo el agotado modelo político actual.

En este acto nos comprometemos a sumar esfuerzos para profundizar las líneas de acción que, por largos años, han fundamentado la existencia del movimiento popular y democrático, y proyectarlas a futuro sin dogmatismo ni nostalgia, de una forma que permita enfrentar los desafíos contemporáneos.

Esos postulados son un valioso patrimonio colectivo    que constituye un marco de referencia indispensable para proyectos inmediatos o de corto plazo. Deseamos evitar que la indolencia o el conformismo impongan límites al horizonte transformador que fue trazado durante muchos años de lucha.

Quienes suscribimos los puntos fundamentales que a continuación se enumeran, base de nuestro acuerdo, procuraremos impulsar estas visiones compartidas mediante el ejercicio de nuestros derechos democráticos y nuestra acción concertada.

1. El soberano es el pueblo y la Asamblea Constituyente, democráticamente electa y aprobada por plebiscito ciudadano, es el mecanismo necesario e irrenunciable para elaborar una Nueva Constitución.

2. Chile debe reconocer constitucionalmente a los pueblos originarios y construir un Estado plurinacional integral que defienda sus derechos como tales.

3. La regionalización y descentralización son fundamentales para un desarrollo equilibrado con recursos financieros y grados de autonomía para las regiones.

4. El país requiere un modelo económico y social participativo, con un Estado protagónico y no subsidiario, que impulse una creciente igualdad económico-social, una cultura solidaria y el respeto por el medio ambiente natural.

5. La legislación laboral debe reconocer la dignidad del trabajo, el rol de los sindicatos, el derecho a huelga efectivo y el de todos los trabajadores a negociar colectivamente a través de sus organizaciones sindicales.

6. Un nuevo régimen para los recursos naturales debe garantizar la sustentabilidad, hacer del agua un bien colectivo y, en el caso del cobre y otras riquezas, permitir la justa recuperación para el país de las ganancias que generan.

7. Chile requiere sistemas públicos, gratuitos y de alcance nacional de educación y salud, en tanto derechos universales, y un sistema de pensiones de fundamento solidario.

8. La política cultural debe ligar la creación y la cultura a la formación de ciudadanos instruidos y sensibles, superar las discriminaciones, y garantizar medios de comunicación plurales, que aseguren la manifestación de los múltiples imaginarios que conforman nuestra identidad, y el acceso de todos a estas creaciones.

9. El Estado y los ciudadanos deben hacer realidad la igualdad social y cultural de la mujer y garantizar efectivamente sus derechos.

10. La igualdad de derechos como principio supone que, cualquiera sea la opción y condición sexual de cada persona, todas pueden constituir una familia reconocida por la ley.

11. El fomento de la integración con América Latina, el desarme regional progresivo y la disposición de Chile a considerar la reivindicación de Bolivia por una salida soberana al Pacífico, son lineamientos necesarios para una política internacional latinoamericanista.

12. Verdad, justicia y reparación en materia de derechos humanos reconocidos internacionalmente y la necesaria anulación de la ley de amnistía de 1978, junto a una efectiva igualdad ante la ley, darán a Chile una ética para la convivencia.

Firman, por orden alfabético de sus nombres:

ALFREDO CASTRO, actor, fundador de la compañía de teatro La Memoria.

ÁLVARO RAMIS, Presidente de la Federación de Estudiantes de la Universidad Católica (1998), Presidente de la Asociación chilena de ONGs Acción A.G. (2008-2010).

CARLOS RUÍZ ENCINA, Presidente de la Fundación Nodo XXI, académico de la Universidad de Chile.

DIAMELA ELTIT, escritora, académica de la Universidad Tecnológica Metropolitana (UTEM).

EFREN OSORIO, Presidente del Partido Humanista (2002-2006 y 2008-2010) y director de la Fundación Moebius.

FABIOLA LETELIER, abogada de Derechos Humanos, Vicepresidenta Continental de la Asociación Americana de Juristas.

FARIDE ZERAN, académica de la Universidad de Chile, Directora de Revista Rocinante (1997-2007), Premio Nacional de Periodismo (2007).

FERNANDO GARCÍA NADDAF, Presidente de la Fundación Delibera.

FRANCISCO CARRERAS, Coordinador del Movimiento Amplio de Izquierda (MAIZ).

FRANCISCO FIGUEROA, Director de la Fundación Nodo XXI, Vicepresidente de la FECH (2011), candidato a diputado de Izquierda Autónoma por Ñuñoa y Providencia (2013).

JAIME HUENUN, escritor mapuche hulliche chileno, académico de la Universidad Diego Portales.

JORGE ARRATE, Presidente del Partido Socialista (1990-1992), candidato presidencial de Juntos Podemos y Frente Amplio (2009).

JOSE AYLWIN, abogado especializado en Derechos Humanos, Co Director del Observatorio Ciudadano, académico de la Universidad Austral.

JUAN GUZMÁN TAPIA, Ministro de la Corte de Apelaciones de Santiago (1989-2005), Director de la Escuela de Derecho de la Universidad ARCIS.

MANUEL JACQUES, pre candidato presidencial del Juntos Podemos (2005), Presidente de la Izquierda Cristiana (2006-2010).

PÍA FIGUEROA, Directora de la agencia internacional de noticias Pressenza.

ROBERTO CELEDÓN, abogado de Derechos Humanos, Presidente de la Izquierda Cristiana (1990-1994).

SALVADOR MUÑOZ, Presidente del Partido Amplio de Izquierda (PAIZ) (2009-2013).

SARA LARRAÍN, Presidenta y Directora del Programa Chile Sustentable, candidata presidencial ecologista (1999).

TOMÁS HIRSCH, Presidente del Partido Humanista (1994-1998), candidato presidencial del Juntos Podemos (2005).

Santiago, 25 de abril de 2014.

El dios de los chilenos

¿En que creemos? Es una pregunta importante porque todos creemos en algo, aunque no nos demos cuenta. Existen creencias religiosas, pero también políticas, científicas, filosóficas o ligadas a la vida cotidiana. Si caminamos por la calle debemos “creer” que el suelo no se va a hundir bajo nuestros pies, o al circular por la casa “creemos” que las paredes son impenetrables y por ello las rodeamos y entramos por la puerta. Por eso Ortega y Gasset decía que “creencias son todas aquellas cosas con las que absolutamente contamos aunque no pensemos en ellas. De puro estar seguro de que existen y de que son según creemos, no nos hacemos cuestión de ellas sino que automáticamente nos comportamos teniéndolas en cuenta”(1). En otras palabras, las ideas se tienen, pero en las creencias “se está”, se “vive” en ellas, las llevamos puestas, como la ropa o los zapatos, que ya no sentimos a menos que nos molesten.

Las creencias se instalan por sobre la propia voluntad. Responden a ciertos usos, a herencias culturales, tradiciones y circunstancias. Son las percepciones que están en el ambiente, propias de la época o de la generación en la que nos ha tocado vivir. Por eso las creencias cambian de generación en generación. Las personas mismas no suelen cambiar sus creencias, porque tienden a buscar cierta coherencia biográfica, pero sus hijos o sus nietos pueden creer de otra manera.

CHILE ¿PAIS CATOLICO?

Alberto Hurtado, además de su obra asistencial, social y política, produjo uno de los primeros estudios importantes de sociología religiosa en nuestro país. En su famoso ¿Es Chile un país católico?,de 1941, Hurtado revisa las creencias de los chilenos y se asombra, cifras en mano, del enorme contraste entre la religión declarada y la religión practicada. Mientras la enorme mayoría se declaraba católica, sólo se reconocía como evangélico menos del dos por ciento. Los ateos y agnósticos eran una minoría muchísimo menor aún, y los estudios no se preocupaban de las otras creencias. Pero Alberto Hurtado ya advierte que esta aparente homogeneidad es sólo una fachada. Chile ya no era un país católico por la fuerza de las convicciones, sino por el peso de las tradiciones y las costumbres. Sólo faltaba esperar a que pasara el tiempo para que las siguientes generaciones asumieran nuevas creencias, tal como ha ocurrido en el presente.

Hoy Chile es un país cada vez más plural en cuanto a creencias. Según el Censo de 2012, el 67,4% se declara católico, casi 2,5 puntos menos que en 2002. Una caída importante, pero mucho menor a la ocurrida entre 1992 y 2002, cuando los católicos disminuyeron del 76,7% a 69,9%. Por su parte los evangélicos aumentaron levemente, pasando del 15,14% al 16,62%. En 2012 se incluyó por primera vez la opción de declararse budista, baha’i o ligado a la espiritualidad indígena, las que sumaron en conjunto sólo un 0,21%. Las cifras de musulmanes es estable y todas las demás religiones, judía, mormona, ortodoxa y testigos de Jehová, disminuyeron. Si se toman en cuenta todas las creencias religiosas incluidas en el Censo 2012, se concluye que la religión evangélica es la única que aumenta, muy ligeramente, por sobre el crecimiento de la población. Pero analizando estos datos el teólogo evangélico Juan Sepúlveda concluye que “aunque la población evangélica es la única que continúa creciendo, las cifras del Censo 2012 tampoco justifican actitudes triunfalistas por parte del liderazgo evangélico. Su crecimiento entre 2002 y 2012 es 0,64 puntos porcentuales menor que el crecimiento que tuvo entre 1992 y 2002. Además, ese aumento puede reflejar en parte la disminución de las personas de ‘otra religión o creencia’, por un mejor desempeño de los censistas”(2).

Por eso, el dato verdaderamente novedoso en 2012 fue el aumento de las personas que se declararon sin religión, llegando a un total del 11,58%, un 3,16% más que en 2002. Para analizar la evolución de esta tendencia habría que contar con los datos precisos por regiones, comunas y edades, a los que no se puede acceder por la desastrosa gestión anterior del INE. Pero se puede intuir que entre los jóvenes se ha producido un crecimiento importante de los sin religión. Cuando se pueda acceder a esos datos se podrá analizar con más detalle la magnitud y el alcance del giro laico producido en la última década. Lo que está claro es que todas las religiones institucionalizadas tienden a disminuir, a distinto ritmo, siendo el catolicismo la religión que más decrece. Pero la categoría “sin religión” no nos basta para afirmar cuánto suben los agnósticos y ateos. La categoría “sin religión” puede incluir un amplio campo de personas que, sin adscribir a una religión particular, construyen su sistema individual de creencias religiosas. Se mete en un mismo saco la individualización de la religiosidad y la negación de la creencia religiosa, lo que debería consultarse en un próximo Censo de forma clara y distinta.

LOS TRES “DIOSES” DE LOS CHILENOS

Estas estadísticas globales ocultan la diversidad interna de cada religión. No se puede pensar que el 67,4% que se declara católico cree lo mismo o que el 16,62% de evangélicos sea homogéneo. Además, las fronteras confesionales no son nunca absolutas. Es común que católicos y evangélicos en el mundo popular compartan muchas más creencias entre ellos que con personas de su misma religión, pero que pertenecen a las clases privilegiadas. Para penetrar esa diversidad no sirven las cifras y es necesario proponer un método interpretativo que permita comprender lo que Sallie McFague llamó los “modelos de Dios”(3) al interior de las distintas religiones. Propongo identificar tres modelos del Dios de los chilenos:

1. Dios como orden perfecto: Para ilustrar esta religiosidad vale la opinión de la investigadora del Instituto Libertad y Desarrollo, ligado a la UDI, María Cecilia Cifuentes, que el 27 de junio de 2013 declaraba en Twitter: “No comparto con J. Sachs que causa de la infelicidad sea la desigualdad, ha existido siempre. Pienso que tiene que ver con la falta de Dios”. En esos pocos caracteres cabe todo un tratado de teología. El mundo ha sido creado por Dios como un orden perfecto, que el ser humano, desobediente e insumiso, se obstina en torcer. Por sobre las leyes humanas existiría una ley natural, inmutable y eterna, que dicta cómo se deben hacer las cosas. Por lo tanto, la felicidad radica en acatar lo que Dios manda: aceptar la eterna desigualdad económica, el poder de los poderosos, la riqueza de los ricos y la pobreza de los pobres. Dios ha dispuesto un orden estamental dentro del cual cada uno debe buscar su propia felicidad. Por supuesto este Dios es sumamente conveniente a quienes viven entre privilegios, pero sumamente ingrato para quienes viven en la miseria o contextos de injusticia.

El Dios del orden perfecto abarca todas las dimensiones humanas, dictaminando relaciones de jerarquía vertical entre hombres y mujeres, razas, clases y países, que no se pueden alterar sin desobedecer a la voluntad divina. Incluso Dios mismo ha diseñado un orden económico basado en leyes eternas, a las que se violenta si se las quiere regular o modificar. Por algo la misma María Cecilia Cifuentes salió a justificar el acaparamiento y la especulación de precios con productos básicos que se ha detectado en Iquique y Alto Hospicio tras el terremoto en el Norte Grande diciendo: “Si tienes diez naranjas y cien posibles compradores, ¿las sorteas, las pones en una piñata o las vendes al mejor postor?”(4). Cobrar por el agua embotellada 7.000 pesos o 3.000 por el kilo de pan, no es de acuerdo a la teología del Dios del orden perfecto un problema moral. Simplemente es el efecto de la ley natural económica que, por medio del libre flujo de la oferta y la demanda, determina siempre el precio que deben tener los productos. No es extraño que la religiosidad de las oligarquías se funde en estos principios. Pero lo que nunca deja de sorprender es que personas que sufren directamente los efectos de esta racionalidad religiosa, adhieran fervorosamente a ella.

2. Dios como consuelo perfecto: Este segundo modelo, a diferencia del anterior, no sacraliza el orden establecido ni lo considera inmodificable. Frente al sufrimiento humano, Dios aparece como fuente de consuelo y alivio. En las sociedades tradicionales se esperaba que el Dios del consuelo fuera un Dios sanador, que hiciera milagros y eventos maravillosos. Pero en la alta modernidad esta lógica ha cambiado por una tendencia a entender la práctica religiosa como experiencia terapéutica, especialmente en el ámbito sicológico y emocional. El Dios consolador no hace milagros, pero logra armonizar la vida, dar sentido, integrar a una comunidad de pertenencia, elevar la autoestima, relajar, motivar, etc.

El Dios del consuelo explica el crecimiento exponencial que experimentó el pentecostalismo en América Latina entre los años cuarenta y ochenta del siglo pasado. Christian Lalive D’Épinay estudió este fenómeno en El Refugio de las masas ( 5 ) , donde mostró cómo el traumático tránsito de millones de personas desde el campo a la ciudad encontró en la calidez asociativa de las iglesias pentecostales un refugio adecuado que aminoró los efectos despersonalizadores y masificantes de la transformación capitalista del continente.

Hoy, el Dios del consuelo forma parte del mercado de la autoayuda, donde se ofrece espiritualidad por medio del yoga, reiki, chi kung, análisis de los chakras, meditación trascendental, tai chi, y muchas otras experiencias similares, inspiradas sobre todo en Oriente. Todas estas búsquedas son saludables y provechosas. Sin embargo, hay un aspecto que esta religiosidad no logra abarcar. Este Dios ofrece su consuelo sin distinción, no importa lo que se haga o se deje de hacer. El más cruel gerente de una multinacional puede acudir al auxilio del Dios del consuelo, por medio de la terapia espiritual que más le satisfaga, aliviar su estrés, y así volver al día siguiente a su oficina a seguir exprimiendo a los que le toca machacar. Se trata por eso de una religiosidad que tiende a ser acrítica y despolitizadora.

3. Dios como justicia perfecta: Esta religiosidad percibe que el atributo divino más importante es “lo justo”. Pero ese Dios de la justicia perfecta contrasta con un mundo lleno de injusticia, que aparece como una contradicción absoluta, que lleva a la situación totalmente opuesta a la del Dios del orden perfecto. El orden vigente no es deseado por Dios, sino es un espacio de injusticia radical que es necesario transformar para que se acerque de forma progresiva al criterio absoluto de lo justo, personificado en Dios mismo. Por eso, este es el Dios de los defensores y defensoras de los derechos humanos, como Gandhi, Martin Luther King, Rosa Parks, Malcom X, Desmond Tutu, Oscar Romero, Pedro Casaldáliga, Helmut Frenz, Alfonso Baeza, Carolina Mayer y tantos otros y otras.

El Instituto Nacional de Derechos Humanos inauguró en diciembre de 2013 un hermoso sitio web dedicado a honrar y divulgar la memoria de los defensores y defensoras de los derechos humanos en Chile(6). Abarca a personas que lucharon a favor del derecho a voto, del derecho a la educación, la libertad de expresión, los derechos de los pueblos indígenas, por el reconocimiento de la diversidad sexual, por los migrantes y refugiados y las víctimas de la dictadura. Un nutrido grupo era creyente en Dios, y otro campo no lo era. Pero todos, invariablemente, creían en la justicia, en la dignidad humana, en la igualdad entre hombres y mujeres, ricos y pobres, mapuches y huincas, homosexuales y heterosexuales, chilenos, peruanos o bolivianos. Todos eran, en ese amplio sentido, “creyentes”, porque todos asumían estos derechos como evidentes e irrenunciables. No precisaban mayor fundamentación que su profunda conciencia de que cada ser humano es un fin en sí mismo, y nunca un medio, una cifra, o un precio.

 Notas

(1) José Ortega y Gasset, Ideas y creencia (y otros ensayos de filosofía), Alianza, Madrid, 2005.

(2) Juan Sepúlveda, “ Religión evangélica es la única que crece en Chile, pero crece menos que la no creencia”, en http://www.sepade.cl/noticias/display.php?id=734

(3) Sallie McFague , Models of God , Fortress Press, Filadelfia, 1987.

(4) @ccifuenteslyd, 3 de abril de 2014.

(5) Christian Lalive D’Épinay, El Refugio de las masas. Estudio sociológico del protestantismo chileno , Ed. del Pacífico, Santiago, 1966.

(6) http://defensoresydefensoras.indh.cl/

Estudio de caso: La declaración de patrimonio del Presidente S. Piñera.

Al iniciar su mandato en marzo de 2010 Sebastián  Piñera había delegado el manejo de sus inversiones a cuatro entidades que las administran bajo la figura del fideicomiso ciego voluntario. De esta forma se buscaba evitar los conflictos de intereses. Pero en noviembre de 2013 la revista Forbes publicó su lista anual con las personas más adineradas del planeta. Por séptimo año consecutivo el entonces presidente chileno S. Piñera figuró como uno de los principales millonarios a nivel mundial. Esta vez, en la posición 589 con un patrimonio avaluado en US$ 2.500 millones. Desde que asumió el su cargo de gobierno su patrimonio se habría incrementado según los cálculos de la revista, en un 150%.

Ante estos datos el 14 de noviembre de 2013, un periódico chileno envió una solicitud de acceso a información pública a la Presidencia chilena para pedir copia de todos los contratos de fideicomiso ciego contraídos por el Presidente S. Piñera o las sociedades en que participa. La respuesta del director Administrativo de la Presidencia señala que lo publicado en el sitio web del gobierno referido al patrimonio  corresponde a “toda la información que disponemos referidas a dichas declaraciones”. Y agrega: “Finalmente, y en conformidad con lo establecido en el artículo 15 de la Ley de Transparencia, informamos a usted que además de lo señalado, diversos antecedentes vinculados con las referidas declaraciones pero no exigidos por la ley vigente, se encuentran en poder de la Contraloría General de la República, para su consulta.

Para conocer los contratos faltantes y el detalle de qué inversiones fueron delegadas a las cuatro corredoras de Bolsa, el periódico solicitó a la Contraloría general de la república (CGR) acceso a todos los documentos referidos a las declaraciones del Presidente Piñera, tanto a los formularios en sí como los anexos que haya entregado en 2010. Como los documentos son de carácter público, seis días después se obtuvo copia de las declaraciones completas del mandatario: ocho contratos que no aparecen en las declaraciones de Sebastián Piñera publicadas por la web de la Presidencia. En cada uno de los documentos se establecen las condiciones bajo las cuales operarán los fideicomisos ciegos. Todos señalan lo mismo: la empresa mandante entrega a la respectiva corredora de Bolsa (el mandatario) un paquete de acciones de distintas sociedades anónimas abiertas individualizado en el anexo A del contrato para que realice inversiones de toda clase de instrumentos financieros, ya sea en Chile o en el extranjero, entregándole también las facultades para que venda libremente esas acciones a precio de mercado en cualquier minuto mientras esté vigente el contrato. También señalan que el mandante no será informado bajo ninguna circunstancia de las operaciones ni del estado de la cartera de inversiones encomendada. El problema es que esos contratos tampoco están completos: ninguno incluye el anexo A, donde se detalla cuántas acciones y de qué empresas se están entregando a las corredoras de Bolsa para su administración, y menos el anexo B, donde se establecen las comisiones que las empresas del presidente deberán pagar a las administradoras del fideicomiso

En otras palabras, los documentos entregados por el Presidente Piñera no permiten siquiera saber cuáles eran las inversiones que tenía al momento de firmar el fideicomiso. Por lo tanto, sus declaraciones no respetan el espíritu de la ley, ya que resulta imposible conocer a través de ellas cuál es –o al menos era, antes de firmar los contratos– su patrimonio. Piñera ha afirmado. “Respecto a mi declaración patrimonial quiero ser muy claro: todo mi patrimonio ha sido declarado de acuerdo a lo establecido por la Ley 20.088. No existe omisión alguna. Pero la cuantificación de su patrimonio al momento de firmar los fideicomisos no se encuentra reflejada en ninguna parte.

Para Chile Transparente –rama chilena de Transparencia Internacional –la interpretación de la ley es clara: “Debe concluirse que todos los funcionarios obligados a prestar una declaración de patrimonio deben declarar no sólo las sociedades en que tengan participación como personas naturales, sino también aquellas en las que participen a través de otras sociedades. Esa es la única forma en que la declaración de patrimonio sea una herramienta adecuada para prevenir el conflicto de intereses y hacer posible la fiscalización de los órganos competentes y de la ciudadanía”.El presidente Piñera podría argumentar que el fideicomiso ciego lo libera de detallar las participaciones cuya administración ha delegado, pero considerando que se trata de un contrato privado, voluntario y no sometido a las regulaciones de transparencia, es difícil encontrar un argumento legal que lo justifique.