Póker electoral en un verano caliente

2017 ha acelerado la definición de las candidaturas presidenciales, ya bastante anticipadas en 2016 por el debilitamiento político del actual gobierno. En ese contexto, las élites habían impuesto una agenda que buscó presidencializar las discusiones, quitándole a la actual mandataria buena parte de su capacidad de iniciativa política y legislativa. En este plan el horizonte ideal consistía en repetir el escenario de 2009-2010, poniendo a competir a Sebastián Piñera con un expresidente desprestigiado. En este caso, Ricardo Lagos. Sin embargo, la lucha política al interior de la Nueva Mayoría ha impedido el escenario ideal para la derecha, los nostálgicos de la vieja Concertación, y los grandes grupos económicos. La resistencia ha venido de varias fuentes: por un lado, por las candidaturas de Alejandro Guillier y Fernando Atria. Y por otra parte por los intereses de los candidatos al parlamento. Para completar la fotografía del momento revisaremos la coyuntura de acuerdo a cada sector político.

Los nervios de Piñera

A inicios de 2016 Sebastián Piñera se imponía sin contrapesos en su campo natural de adherentes. Pero hoy su liderazgo no parece tan natural: continúan presentes sus competidores internos, José Manuel Ossandón, y los hermanos Felipe y José Antonio Kast. Pero lo que realmente amenaza su viabilidad electoral radica en sus litigios pendientes, en razón de sus conflictos de interés y acusaciones de corrupción. Los casos más gravitantes son los negocios de Bancard en Perú, la investigación a los contratos de las empresas vinculadas a su grupo económico y SQM, y las coimas que habría pagado Piñera, cuando manejaba LAN, para entrar como competidor al mercado aéreo argentino. Estos casos han salido a la luz en medio de las declaraciones de Carlos Pavez, superintendente de Valores y Seguros, que ratificó que el fideicomiso ciego ordenado por Sebastián Piñera cuando llegó a La Moneda no tenía validez, ya que contradecía la normativa legal.

Esta tormenta, con varios frentes abiertos al mismo tiempo, ha cercado a la candidatura de Piñera en un momento sensible. La derecha sabe que ante su “voto duro” todas estas acusaciones no hacen mella. Pero limitan de forma considerable sus posibilidades de crecimiento hacia el centro y hacia el electorado ideológicamente volátil, el más definitorio en una segunda vuelta. Si al frente no existiera una candidatura competitiva todas estas circunstancias no tendrían relevancia. Pero cuando la candidatura de Alejandro Guillier comenzó a subir, estas debilidades comenzaron a ser estructurales. Debido a esto Piñera y su equipo parecen inquietos. Saben que no es lo mismo enfrentar a un debilitado Eduardo Frei, acosado por un Marco Enríquez Ominami en el apogeo de su popularidad, que a un candidato que no proviene del mundo político, sino del campo de las comunicaciones de masas. Algunos analistas han interpretado que Piñera buscaría una excusa para desistir en su candidatura. Se hizo esta lectura a partir de declaraciones radiales donde afirmó: “hasta ahora le puedo decir que mi familia no tiene la misma actitud de apoyo que tuvo en 2009 y para mí es muy importante, si uno quiere ser un buen Presidente, un buen candidato, tener el apoyo de la familia”. Aunque es poco probable que a estas alturas Piñera desista en su candidatura, y para RN y la UDI es fundamental tener un candidato competitivo, todo indica que el apoyo partidario no está incólume. La historia de la derecha chilena ya ha mostrado que sometidos a fuertes tensiones, todo puede pasar. Basta recordar las anteriores bajadas súbitas de candidatos: el mismo Piñera en dos ocasiones, y Pablo Longueira y Laurence Golborne en 2013. En Enero de 2017 es muy precipitado descartar a priori el retiro de Sebastián Piñera.

La disputa “a cuchillo” en la Nueva Mayoría

La coalición oficialista enfrenta esta coyuntura de forma inesperada. Hace sólo seis meses el ánimo al interior del conglomerado era absolutamente depresivo. Resignados a una previsible derrota la Nueva Mayoría navegaba a la deriva. El ala más conservadora de la coalición se reagrupaba para cobrar venganza. No con afán de ganar las elecciones de 2017, sino en vistas a copar el próximo Congreso, abandonando el ejecutivo a la derecha. Para ese fin la candidatura de Ricardo Lagos parecía inmejorable. El expresidente lograba aunar a las élites nostálgicas de la Concertación, bajo un partido transversal que iba desde Andrés Velasco y los príncipes de la DC, a la derecha, el PPD en pleno, hasta personajes influyentes en todos los demás partidos de la NM. La máquina laguista parecía imparable, apalancada por El Mercurio y La Tercera, Radio Cooperativa, el entramado parlamentario y altos funcionarios del actual gobierno.

Sin embargo, pasó algo inesperado En primer lugar Izquierda Socialista, corriente interna del PS, levantó la candidatura de Fernando Atria. Un académico de enorme prestigio en los círculos universitarios, pero desconocido en las esferas políticas masivas, lo que le resta competitividad. Sin embargo, el mérito de su candidatura ha sido imponer dentro de su partido un debate programático y de ideas, donde ha sido implacable en la exigencia de recuperar los énfasis de la agenda de los movimientos sociales y la necesidad de una asamblea constituyente. Además,  aliándose de forma táctica a la candidatura de José Miguel Insulza, Atria impidió que el PS proclamara “por secretaría” a Ricardo Lagos, saltándose una definición democrática en ese partido. El laguismo además cometió errores de grueso calibre: especialmente al presionar a la presidenta del PS Isabel Allende a bajar su candidatura de forma precipitada y casi humillante.

Además ha ocurrido la irrupción, no advertida por las élites concertacionistas, de la candidatura de Alejandro Guillier. El “factor Guillier” recién fue posible de advertir en marzo de 2016, cuando el nombre del periodista fue el ganador en un ejercicio electrónico llamado “Electoral Death Match” donde posibles candidatos presidenciales fueron propuestos y votados vía twitter. Este dato, que no apareció en prensa, fue captado por quienes se resistían a la imposición, casi inevitable, de Ricardo Lagos como candidato de la NM y llevaron a sondear su disposición a una aventura electoral presidencial. Resistente al inicio, Guillier se fue entusiasmando a medida en que las encuestas fueron replicando el fenómeno de “Electoral Death Match”, que le mostró como el candidato más competitivo del momento. El significado político de esta candidatura hoy es un elemento en disputa. Guillier fue invitado en 2013 a ser candidato a Senador por Antofagasta en un cupo del Partido Radical. Pero nunca ha accedido a militar en este partido, a pesar de las presiones que le ha impuesto el radicalismo en diferentes momentos. Se espera su proclamación en marzo por a IC y e MAS. Entre otros factores, porque Guillier sabe que posee un “nombre propio” que le confiere poder, y además porque ese partido podría negociar su nombre y bajar su candidatura a cambio de una buena compensación en la negociación parlamentaria. Los juicios sobre la candidatura de Guillier exigirán más análisis en la medida en que avance en sus definiciones programáticas. Hasta el momento lo gravitante es su efecto político general, ya que devolvió a la NM un cierto ánimo de continuidad y orden, ya que disipó el liquidacionismo imperante hasta octubre de 2016.

El significado de la persistencia de Lagos

En una coalición predominantemente electoralista parece paradojal la persistencia de candidaturas que no poseen ninguna elegibilidad. En particular la candidatura de Ricardo Lagos. Lo lógico, especialmente en el PPD, el partido más “instrumental” de todos, es que todos se hubieran subido rápidamente al carro de la popularidad de Alejandro Guillier. Pero es necesario recordar que la definición presidencial está amarrada a otras negociaciones, quizás más complejas y duras que la presidencia. Las parlamentarias y regionales de 2017 han desatado al interior de la NM una tensión que no tiene precedentes. El único antecedente que revela el grado de tensión en la disputa fueron las negociaciones municipales del 2016, que concluyeron en el más bochornoso desastre. Por este motivo el PPD, al que todos los analistas ven como el más amenazado electoralmente en esta oportunidad, proclamó oficialmente a Lagos, ya que le requiere un “as” estratégico en la negociación parlamentaria. Altos dirigentes de ese partido han reconocido que Lagos estuvo dispuesto a deponer su candidatura cuando advirtió que no marcaba en las encuestas. Sin embargo, su partido le impuso mantenerse hasta las primarias, ya que al quedar sin su nombre sería muy difícil para el PPD negociar en el complejo póker de los cupos parlamentarios, especialmente por estar en una posición de gran debilidad.  La candidatura de Insulza se debe interpretar en la misma línea, como un instrumento en la negociación de cupos parlamentarios para sus allegados. La DC se encuentra en una situación muy similar, ya que logró imponerse la tesis de mantenerse en la NM, pero en el ánimo de cobrar muy caro esta presencia mediante acceso a cupos al Congreso. Y el principal damnificado de esta operación sería el PPD. Para este juego la DC busca levantar la candidatura de Carolina Goic de manera que agrupe sus huestes, diferenciándose de sus socios de coalición. Al menos hasta las primarias de julio.

El Frente Amplio en busca de definición

El naciente Frente Amplio de Izquierda hoy ya aparece en escena, pero articulado en tres anillos de alianzas: en un primer círculo estarían Revolución Democrática (RD), Movimiento Autonomista (MA), Izquierda Libertaria (IL), y Nueva Democracia (ND) que han consolidado una perspectiva estratégica común, a largo plazo. Luego un campo de acuerdos más ligero, donde están Partido Poder, Partido Humanista (PH), Izquierda Autónoma (IA), Partido Ecologista Verde, Partido Liberal y Convergencia de Izquierda (CI). Y en el debate interno del Frente se discute la relación con el nuevo Partido Amplio Social de Izquierda (PAIS), liderado por el senador Alejandro Navarro, y el Partido Igualdad. Esta búsqueda de definición de sus límites retrasa la definición del mecanismo de elección de su candidatura presidencial. El Frente Amplio ha expresado su voluntad inequívoca de competir en este campo, pero hasta ahora, más allá de posibles precandidatos, no ha dado a conocer el medio que utilizará para resolver este punto. Un asunto urgente, pero que no debería hacer olvidar que lo verdaderamente importante en esta etapa se jugará en las elecciones parlamentarias, donde a Jackson y Boric se deberían sumar un número significativo de nuevos parlamentarios que asuman compromisos transformadores con Chile.

 

El Capital, a 150 años, más actual que nunca

En 2017 conmemoraremos los 150 años de la publicación del primer tomo de “El Capital”, de Karl Marx. Se trata de un hito mundial que no debe pasar inadvertido, entre otras razones porque la obra magna de Marx continúa siendo criterio ineludible a la hora de entender el tiempo en que vivimos. Con “El Capital” Marx logró el objetivo fundamental que se propuso: realizar una “Crítica a la Economía Política”, entendida como aquellas relaciones de producción que involucran a las clases sociales.  Se trata de una “crítica” en el sentido que Kant le da a este término: someter al juicio de la razón, para resolver, en lo posible, las distintas interpretaciones de un fenómeno. Y Marx propone su propia interpretación, que en estos 150 años ha obligado a derramar literalmente miles de litros y litros de tinta, tanto para intentar rebatirle, reinterpretarle o para reafirmar sus argumentos.

¿Puede haber, luego de tantos años, algo nuevo que decir sobre El Capital? Por supuesto, en tanto esta obra no es un punto de llegada, sino el inicio de un método. Marx no buscó dar respuesta a lo que describe en los dos primeros tomos de su obra. Las propuestas de salida sólo quedaron insinuadas y bosquejadas en el tomo III, que quedó inconcluso por su muerte. Por eso “El Capital” es ante todo una compleja lección de anatomía del capitalismo, y más ampliamente, de las relaciones políticas y culturales asociadas a sus lazos económicos. Sus argumentos constituyen hipótesis de trabajo, no son dogmas ni creencias, sino líneas de investigación. De esa manera, si aplicamos algunos de los conceptos que acuña Marx en “El Capital” podríamos entender mejor una serie de procesos del Chile actual que la ciencia económica y sociológica que normalmente se enseña en las facultades no logra descifrar. Veamos algunos casos:

Vivimos bajo un “modo de producción”: Para mucha gente, incluso gente muy bien formada, sólo hay una “economía”. Se habla de la opinión de los “economistas”, entendiendo por ello a los economistas “ortodoxos”, que asumen como natural e inevitable el mundo en que vivimos. No les importa como hemos llegado a este punto en la evolución económica. Sólo les interesa saber cómo funciona, y a partir de eso hacerla funcionar mejor, dentro de su propia lógica de funcionamiento. Pero Marx nos recuerda que existen muchos “modos de producción” que cambian y evolucionan históricamente. Y por lo tanto, la economía es fruto de relaciones de poder, de intereses de clases, de confrontaciones entre actores sociales que usan distintas tecnologías, formas de distribución e intercambio.

Marx nos diría que Chile ha devenido en lo que hoy es. No nació así. Por siglos fuimos la más pobre colonia española en América, mucho más pobre que Perú y Bolivia, ricas en minas de oro y plata. Pero esta pobre colonia podía producir trigo, cueros y alimentos para abastecer esos mercados más ricos. Paradojalmente, esta relación económica fue favoreciendo a la clase agrario-latifundista de nuestros fundos. Entusiasmados por esta nueva relación económica, nuestra oligarquía fraguó una alianza con el Capital transnacional, especialmente el inglés, para arrebatar a nuestros vecinos del Norte buena parte de su territorio y riquezas. Chile se estructuró entonces como una “mesa de tres patas”: una pata en la agricultura en el Sur, otra pata en la minería en el Norte y la última pata en el sector financiero exportador en Santiago y Valparaíso. Poco a poco, en este baile empezó a emerger un actor nuevo: la industria. Un actor que reclamaba mercados protegidos para desarrollarse. Y para eso un Estado desarrollista, activo, fuerte. Al amparo de esa industria naciente fue surgiendo una clase obrera, distinta a la clase campesina y a los trabajadores mineros. La demanda social exigió entonces grandes reformas al orden tradicional, las que llegaron en plenitud entre 1970 y 1973. El golpe de Estado, por lo tanto, no fue sólo el golpe contra un gobierno. Fue la reacción de las patas tradicionales de la mesa chilena, que volvieron al ciclo inicial: mataron el ciclo industrializador, y volvieron a hacer de Chile un país exportador de recursos naturales. Un gran fundo, equipado con la última tecnología, pero con relaciones laborales propias del siglo XIX. A pesar del aparente “desarrollo”, para Marx el Chile de hoy no sería un país capitalista moderno. Inglaterra en el siglo XIX nos aventajaría por mucho. Somos un país extractivista, que mantiene una estructura social que no es plenamente “capitalista”, porque mantiene fuertes rasgos oligárquicos que le impiden entrar en los parámetros de la verdadera “modernidad”.

Nada se entiende en Chile sin la “acumulación originaria”: El Capital de Marx nos permite entender fenómenos que la economía “ortodoxa” no quiere ni mirar. Por ejemplo ¿Cuál es la raíz del conflicto entre el Estado de Chile y el pueblo mapuche? Los analistas funcionalistas dirían que es por la pobreza de unas comunidades atrasadas en el sur. Y ahí se quedan. Nunca explican cómo unas comunidades que hasta el siglo XIX eran riquísimas, porque controlaban millones de hectáreas en Argentina y Chile, se vieron reducidas a pequeñas parcelas de tierra pobrísima, al margen de toda posibilidad de crecer. Este proceso, que los historiadores chilenos llamaron “Pacificación de la Araucanía” y los de Argentina  “Conquista del desierto”, Marx lo llama “acumulación originaria” y describe el ciclo por el cual se produce la desvinculación del productor de sus medios de sus producción, mediante la violencia, la conquista, la piratería y el robo.

Chile entero no se entiende en absoluto sin esos procesos de “acumulación originaria”, a los pueblos indígenas en primer lugar, y luego a los nuevos habitantes de los demás territorios. Es lo que David Harvey llama la “acumulación por desposesión”, que consiste en el despojo violento de un bien común que pasa a ser una mercancía. Los ejemplos nos rodean: la educación y la salud que eran un servicio público, fueron arrebatados para convertirse en mercancías en los nuevos mercados de los servicios. Las pensiones, que no eran más que un mecanismo de solidaridad intergeneracional, se convirtieron en fondos especulativos, basados en el ahorro forzoso de los trabajadores, para alimentar a la industria financiera. Todo lo susceptible de ser apropiado, cercado, envuelto y comercializado, ha sido arrebatado a sus dueños originales para ser puesto a la venta en nuestro país. El desarrollo de todas las grandes fortunas de Chile sólo se pueden explicar por esta “acumulación originaria”. Incluyendo la enorme privatización de recursos y empresas públicas entre 1973 y 1989, que pasó a ser patrimonio de capitales chilenos en alianza con las transnacionales.

Un país fascinado por el fetichismo del dinero y la mercancía:  A los economistas funcionalistas y neoliberales les es imposible explicar un fenómeno que ocurre en cada instante ante sus ojos. ¿Cómo es posible que objetos y mercancías cuyo “valor de uso” es tan bajo incrementen en su “valor de cambio” hasta niveles absurdos, por razones inexplicables? Por ejemplo producir en China un par de zapatillas Nike Air no supera los  $1.800 chilenos. Pero en nuestras multi-tiendas se venden por $45.000. ¿Qué es lo que realmente se está vendiendo ahí? ¿Un calzado o un fetiche mágico? Para Marx no hay duda: es un fetiche, en el sentido duro del término. Un fetiche es un objeto al que se le atribuyen “poderes mágicos” o “sobrenaturales” que benefician a su dueño o portador.

El comprador del fetiche Nike cree firmemente que al usarlas se le reconocerá de otra manera. Si es un joven poblador se le abrirán puertas cerradas en las mentes y corazones de quienes le observen. La señora que compra un bolso Louis Vuitton cree entrar por un instante en un paraíso de elegancia, bienestar, admiración. El futbolista que compra el último Ferrari llegado a Vitacura vive un éxtasis de autoestima increíble. Pero a los pocos días el poblador descubre que sus Nike no le eximen de la detención por sospecha, la señora descubre que el Louis Vuitton no le protege de los chismes de sus amigas y el futbolista se da cuenta que su nuevo auto no es más que alimento para los periodistas de farándula. Por lo tanto los objetos anhelados pierden su poder mágico, y hay que volver a comprar otros, que los sustituyan. Marx se dio cuenta hace 150 años de algo que los economistas  de hoy saben aprovechar muy bien, pero no saben explicar. Las mercancías no se consumen por su valor de uso sino por las características fetichistas que adquieren como valor de cambio, ya que bajo el capitalismo uno vale por lo que tiene, no por lo que es o lo que hace; lo cual lleva a que las personas se expresen por medio de sus posesiones. Chile es un país donde esta dinámica perversa ha llegado a niveles aberrantes. La prensa financiera informa que “el mercado del lujo en el 2015 alcanzó los $500 millones de dólares de ventas en nuestro país”, y se espera que crezca un 53% entre 2016 y 2019. Es el mismo país donde el 10% más rico gana 26 veces más que el 10% más pobre.

Y la noción de plusvalía. Tal vez el concepto más integrador de toda El Capital es la idea de plusvalor, que Marx expone en su teoría del valor-trabajo. Sin ella no se entienden las relaciones de explotación bajo el capitalismo. Por años se dijo que este concepto estaba superado, que era necesario abandonarlo, pero inevitablemente, regresa a escena, corregido, matizado, pero igualmente real y concreto. El último “testigo” de su existencia es el famoso economista francés Thomas Piketty en su colosal obra “El Capital en el siglo XXI”, donde por sus propios cálculos y medios de investigación llega a formular lo que llama “La primera ley del capitalismo”. En que consiste esta ley: Piketty resume esta idea en su fórmula r > g , donde r representa la tasa media anual de rendimiento del capital (es decir, beneficios, dividendos, intereses y rentas) y g representa la tasa de crecimiento económico. En otras palabras la riqueza acumulada crece más rápido que los ingresos del trabajo. Por tanto los ricos se hacen más ricos, mientras todos los que dependen de los ingresos de su trabajo, quedan atrás. Es la renta del capitalista. Nada conceptualmente nuevo para Marx. Pero algo muy novedoso para toda la economía ortodoxa que no puede explicar el extraño residuo oculto que explica la desigualdad y la miseria, la extrema riqueza y la extrema pobreza bajo el reinado del Capitalismo.

 

Inmigrantes en Chile: ¿el nuevo chivo expiatorio?

Previsiblemente, la retórica del odio y la criminalización en contra de los inmigrantes ha llegado a Chile. Siendo un recurso usual de la derecha, tanto en Europa como en Estados Unidos, sólo era cuestión de tiempo para que nuestra derecha local asumiera el mismo discurso, que suele ser premiado electoralmente en otras latitudes. Si bien no es la primera vez que se trata de instalar ese tipo de argumentos, las declaraciones del expresidente Sebastián Piñera, que afirmó que la inmigración importa la delincuencia y que “muchas de las bandas de delincuentes son de extranjeros”, sobrepasó todos los límites discursivos que hasta la fecha se habían registrado en el ámbito político. Lejos de abordar de manera reflexiva los innumerables dilemas y complejidades que implica la migración, Piñera optó por la carta reduccionista, que despierta las sensibilidades y conductas más peligrosas.

Siguiendo a Rene Girard[1], la criminalización de los inmigrantes genera una dinámica social de violencia que se explica bajo la lógica de la “mímesis” o imitación social. El deseo mimético, como motor oculto de la cultura, impulsa en las sociedades una propensión al conflicto, en tanto los seres humanos solemos tomar como modelo lo que otros valoran: bienes, pareja o fortuna. A este anhelo Girard lo llama la “rivalidad mimética”, propensión que genera desequilibrios individuales y sociales por la inevitable frustración que crean estos deseos no consumados. Pero esta frustración, que late en el fondo de toda sociedad, puede encontrar un cauce de expresión cuando se produce la elección de un “chivo expiatorio” al cual achacar la causa del desorden y el malestar. Este chivo expiatorio puede ser una minoría étnica (gitanos, judíos, musulmanes, indígenas) político-cultural (masones, disidentes, comunistas, rebeldes) o un actor más difuso, como pueden ser los inmigrantes. Lo gravitante es que la existencia de esta minoría criminalizada genera la necesidad de su “sacrificio expiatorio”, como salida a la escalada de violencia desatada por la rivalidad mimética.

Para Girard este ciclo violento se basa en arraigadas tendencias a enfocar los odios colectivos en un solo actor que pasa a ser considerado el responsable de toda o buena parte de la crisis de convivencialidad de la sociedad. De esa forma la comunidad hegemónica simplifica cognitivamente su interpretación del malestar propio de la convivencia humana. En el primer momento, el sacrificio del chivo expiatorio permite el fin de la crisis, especialmente si la elección del actor criminalizado ha sido masivamente legitimada por la población mayoritaria. Sin embargo, al poco tiempo las rivalidades vuelven a comenzar después de cada evento sacrificial, porque la sociedad vuelve a identificar nuevos objetos que suscitan nuevos deseos, los cuales provocan a su vez nuevas rivalidades que exigen ser calmadas a través de nuevos sacrificios, de nuevos chivos expiatorios.

La realidad de la migración en Chile

Según la última encuesta Casen, la población migrante pasó de 243.878 en 2013 a 465.319 personas en 2015. Ello sólo representa el 2,7% de la población total. Aunque el porcentaje es superior ya que la población migrante indocumentada no es fácil de contabilizar. Pero en todo caso es una cifra muy lejana al 10,6% de Bélgica, al 12,3% de España o al 8,8% de Alemania[2]. Sin embargo, la evolución de esta cifra de inmigración posee algunas características que la hacen compleja: se trata de una evolución muy rápida y con fuerte concentración en algunas regiones (Metropolitana, Arica y Parinacota, Tarapacá y Antofagasta) y dentro de esas regiones en algunos barrios y comunas (Alto Hospicio, Quilicura, Recoleta, Independencia, Quinta Normal, sólo a modos de ejemplo). Y aunque la mayoría de las comunidades es hispanohablante, en algunos casos existe una barrera idiomática a salvar, como es el caso de la creciente inmigración Haitiana.

Chile es un polo de atracción de migrantes, principalmente de América Latina, por dos factores simultáneos: Los centros de atracción tradicionales (Estados Unidos, Europa) han cerrado sus fronteras por medio de políticas cada vez más restrictivas, lo que ha reorientado los flujos migratorios hacia países con un acceso más fácil y con oportunidades laborales. Y en ese marco Chile muestra una relativa estabilidad económica y política, junto a oportunidades de empleo, relativamente mejores en relación a los países de origen. Instalada esta nueva realidad, dos discursos parecen competir por hegemonizar la interpretación del fenómeno, de modo peligrosamente reduccionista.

La ceguera del cosmopolitismo liberal

Una forma de abordar la realidad migratoria se identifica con un enfoque que celebra la globalización por la apertura de fronteras para el capital y para las personas. En ese marco, el único problema que se puede identificar en Chile es que las cifras migratorias todavía son muy bajas. Es lo que expresa el análisis del académico de Harvard Ricardo Hausmann cuando “¿Por qué Chile no crece? Porque está lleno de chilenos[3]“. Y propone un dato indesmentible: “La falta de inmigrantes en Chile puede explicar parcialmente la escasez de emprendimiento, innovación y diversificación. Los pocos coreanos a quienes se les permitió la entrada, contribuyeron a revivir la industria textil chilena”.

Sin embargo, Haussman y el cosmopolitismo liberal olvida los aspectos problemáticos: la inmigración a Chile se da en el marco de una sociedad con una precaria institucionalidad laboral y social, donde la falta de normas permite la sobreexplotación de los migrantes y el desplazamiento de la fuerza laboral local. A la vez lleva a la población más pobre a competir por servicios y subsidios sociales altamente saturados en salud, educación, vivienda, etc. Y abandona los problemas de la integración cultural a la espontaneidad del mercado. De esta forma, al negar una serie de dilemas asociados a los derechos humanos, este enfoque termina negando la necesidad de abordar críticamente un fenómeno social que no puede quedar abandonado al libre juego global y al multiculturalismo light.

La brutalidad del nacionalismo identitario

En parte, la ceguera nocional de los cosmopolitas liberales a los problemas sociales inherentes a la migración da alas a los discursos de los nacionalistas identitarios. Un campo de ideas, y sobre todo, de pasiones y sentimientos, que es caldo de cultivo de políticos sedientos de votos. En ese marco la dinámica del chivo expiatorio adquiere fuerza y es alimentada por la inacción del Estado en temas claves: regulación laboral, combarte a las mafias que trafican inmigrantes, refocalización de las políticas públicas diseñando intervenciones sociales, planes de interculturalidad e integración en educación, cultura, salud, vivienda, comunicaciones, etc.

La vida actual de los chilenos, bajo los marcos de un Estado neoliberal, produce, en términos de Ruiz y Boccardo, un “malestar que se relaciona con condiciones de vida privatizadas hasta el extremo[4]”. Se trata de un malestar estructural y endémico en el marco de una tendencia al individualismo y el consecuente debilitamiento del espacio público. Por este motivo existe un riesgo objetivo si algún actor político trata de de convertir a los inmigrantes en el chivo expiatorio de este malestar histórico.

La agenda de los derechos humanos

Para las organizaciones de migrantes este contexto amerita que se acelere la tramitación de la una nueva ley Migratoria que supere la actual legislación, que carga con disposiciones anacrónicas y el influjo de la dictadura militar, que legisló en esta materia bajo la lógica de la “doctrina de la seguridad nacional”. En ese contexto, la Junta Militar consideraba que los inmigrantes podían convertirse en un “enemigo interno” por lo cual se debía ante todo dificultar su integración a la sociedad.

Para el Movimiento Acción Migrante (MAM) el enfoque sustentado en la doctrina de la seguridad nacional se potencia con la mirada economicista neoliberal. De esa forma, sostienen, se “instala en los imaginarios la idea fuerza de la migración como amenaza, asociada a “invasión” y por tanto la necesidad de control hacia el migrante, lo que favorece procesos discriminatorios y de abuso de poder; además de fomentar una cultura xenofóbica y de miedo a la diversidad. La segunda perspectiva relacionada con una mirada economicista posiciona la migración desde un ejercicio funcional al sistema económico actual, favoreciendo la flexibilidad laboral, incrementando el riesgo de precarización de condiciones de trabajo, fortaleciendo la dependencia de l@s migrantes y posicionando  la migración como un ejercicio selectivo de población ”cualificada y/o profesional[5]”. De esta forma, para esta organización “la causa principal de la vulneración de estos derechos, es la ausencia de una política nacional integral que garantice a todas las personas un pacto social común, independientemente del lugar de nacimiento y país de residencia”.

Políticos como Sebastián Piñera ya están buscando que los inmigrantes sean los chivos expiatorios de los malestares de nuestra cultura. Pero para frenarlos no sirve adherirse a un cosmopolitismo liberal que evada los problemas concretos. Se requiere legislar de forma activa, incorporando la voz de los implicados de manera activa y protagónica.

 

[1] Girard, René, (2006)  Los orígenes de la cultura / Conversaciones con Pierpaolo Antonello y Joao Cezar de Castro Rocha, Trotta, Madrid.

[2] Cifras Eurostat e INE España de 2011.

[3] Hausmann, Ricardo, “Los admiradores extranjeros de Trump” en https://www.project-syndicate.org/commentary/economic-harm-of-immigration-restriction-by-ricardo-hausmann-2016-08?version=spanish&barrier=true

[4] Ruiz, Carlos y Boccardo, Giorgio “Los chilenos bajo el neoliberalismo. Clases y conflicto social”, Fundación Nodo XXI y Ediciones El Desconcierto, 2014 Santiago, p. 135.

[5] Movimiento Acción Migrante. “Respuestas del MAM a la consulta realizada por el DEM sobre la nueva ley migratoria” en http://www.mamchile.cl/?p=403.