Los silencios del mensaje

El mensaje presidencial del 1 de junio de 2017 quedará grabado como uno de los discursos más importantes de Michelle Bachelet. Entre las intervenciones de la actual mandataria que permanecerán en la memoria histórica deberían figurar al menos cinco. Cabe recordar su discurso al asumir el mando en su primer período, el 11 de marzo de 2006, donde propuso la idea del “gobierno ciudadano”, que reflejó un anhelo, frustrado, de quiebre con el “despotismo ilustrado” de Ricardo Lagos. Otro discurso importante, que delineó una política para el período, fue el 14 de marzo de 2008, con motivo de la inauguración del XXVIII congreso del PS, donde por primera vez se refirió explícitamente a la necesidad de tener una Nueva Constitución, proyecto que todavía no logra llegar a puerto. También su intervención como presidenta protempore de UNASUR el 15 de septiembre de 2008, en el marco de una cumbre extraordinaria de presidentes que respaldó a Bolivia ante un intento de golpe de Estado. En esa ocasión Bachelet presentó la “Declaración de La Moneda” que expresó una crítica abierta a la política intervencionista de Estados Unidos, y mediante una hermosa alusión a la figura de Salvador Allende, fue enfática en el compromiso con el respeto a la soberanía, la no injerencia en los asuntos internos, la integridad e inviolabilidad territorial, la democracia y los derechos humanos en los países de la región. Por supuesto, también hay que recordar su discurso al regreso de Nueva York, en la comuna de El Bosque, el 27 de marzo de 2013. En esa ocasión, junto con aceptar su segunda candidatura presidencial delineó los elementos centrales del programa de la Nueva Mayoría y la orientación general de sus políticas.

  Estos discursos, junto al mensaje presidencial de este año, representan lo mejor de Michelle Bachelet. En ellos ha hablado la voz de la militante socialista más auténtica, que normalmente, en medio de las vicisitudes del cargo presidencial, queda atrapada y no se suele escuchar. En su aspecto formal el discurso del 1 de junio denota la pluma de Pedro Güell, principal asesor de contenidos de la presidenta. Pero en su fondo es Bachelet misma la que ha hablado. Más allá de la cuenta de resultados, el número de obras públicas realizadas, las leyes aprobadas, las cifras y la casuística, Bachelet le ha dado a su último mensaje presidencial un tono mayor, que cierra su ciclo como figura de primer orden político. En síntesis, y para espanto de El Mercurio, la presidenta reivindicó de forma contundente y sin complejos la necesidad de las reformas en curso, y reconoció que deben ir más allá de lo que se ha hecho. Y para eso es necesario impedir el retorno de la derecha al poder. Hasta ese punto el discurso era impecable.

 La confusión entre deseo y realidad

  El problema es que Michelle Bachelet parece confundir sus deseos con la realidad. En entrevista con la agencia EFE el 31 de mayo la presidenta se explayó en el sentido del discurso que daría el día siguiente. Y allí expresó algunas ideas desconcertantes. En síntesis, la presidenta afirmó que las reformas que emprendió durante su segundo gobierno han terminado con el sistema neoliberal: “Había algunos vestigios del modelo neoliberal con los que hemos ido terminando a través de las reformas. La educación era tal vez el más potente”, señaló. Durante toda la entrevista la presidenta habla en pasado a la hora de referirse a los problemas del país: “Chile tenía el sistema de educación más discriminatorio y segregado (…) En Chile se avanzó mucho, pero seguía habiendo una gran desigualdad. La nueva etapa requería hacerse cargo de las demandas ciudadanas”.

  Si bien ningún actor racional debería despreciar o minusvalorar el esfuerzo de la presidenta y su voluntad de avanzar en un programa orientado hacia objetivos justos y bien intencionados, tampoco ningún observador juicioso podría decir que “los vestigios” del neoliberalismo se ha superado con las reformas del actual gobierno. Ni mucho menos que “había” una gran desigualdad, o que “teníamos” una educación discriminatoria y segregada, o que “se requería” hacerse cargo de las demandas ciudadanas.

  Esta confusión en los tiempos verbales es mucho más que un problema en la oratoria. Es un equívoco en la interpretación de la realidad. Es una diferencia entre considerar que lo que se ha hecho en el actual gobierno es un punto de llegada, que sólo hay que consolidar y prolongar, o al revés, que es sólo un anuncio, un diagnóstico de lo que se requiere, más que el comienzo de un nuevo ciclo político. Sin duda los historiadores dirán que el actual gobierno fue el último de la “era binominal” (1990-2018). Pero no podrán decir que fue el primer gobierno de una “era posneoliberal”

  Esta confusión puede atribuirse a la lejanía del poder, que lleva a disminuir la capacidad de los gobernantes para percibir el real impacto de las transformaciones sociales y culturales que se van produciendo. Desde una oficina de La Moneda se carece de sensores para palpar las incertidumbres de la sociedad y se subvalora la dura experiencia cotidiana de las personas con el modelo. También existe el natural narcisismo de los equipos de gobierno, que enfervorizados en medio de las batallas cotidianas pueden llegar a creer que lo que han hecho termina de una vez con los enemigos que han buscado derrotar. Pueden llegar a imaginar que lo “reformado” en estos años es un nuevo punto de partida, y que bastaría con seguir desplegando lo realizado para arribar a la meta. Este es uno de los puntos débiles en la argumentación bacheletista.

Silencios que resuenan

 Pero el aspecto más intranquilizador en la intervención presidencial no radica en lo que se afirmó, sino en las ausencias. Silencio cómo lo que no se dijo, sobre lo que sí se dijo. Y silencio cómo lo que derechamente no estuvo presente. En el primer caso el silencio radica en lo inacabado e incompleto de muchas de las reformas en curso y su escasa viabilidad legislativa. En su mensaje la presidenta anunció el envío de una batería de proyectos que poseen muy bajas probabilidades de arribar a buen destino. Y La Monda lo sabe. Basta recordar la reforma constitucional al capítulo XV, que abra la puerta a un cambio de fondo y que justificó la elaboración de las bases ciudadanas de la nueva constitución, mediante el proceso constituyente de 2016. En situación igualmente incierta se encuentra la reforma al sistema previsional, la reforma a la educación superior, la aprobación de la ley de aborto en tres causales, la creación del Ministerio de Ciencia y Tecnología, el reconocimiento constitucional de los pueblos indígenas y una larga lista de otras propuestas que se han ido postergando una y otra vez por la dificultad de lograr mayoría parlamentaria para su aprobación. Esta lista de anuncios se podría catalogar como una lista de anhelos más que una lista de realizaciones y resultados. Si antes del quiebre de la Nueva Mayoría esta agenda ya era difícil, después de la ruptura con la DC todo se ha complicado mucho más, en la medida en que los “extremistas de centro” que levantaron a Carolina Goic han iniciado su fuga hacia las alturas de la indefinición, esperando que los movimientos del sol les indiquen hacia donde inclinar sus favores.

  Otro silencio de este tipo radica en no asumir las contradicciones internas de las reformas en curso. La Confech fue muy directa en su evaluación al mensaje presidencial al destacar que junto a “valorar ciertas propuestas”, se están estabilizado políticas neoliberales que permanecerán por largo tiempo. Sofía Barahona, presidenta de la FEUC, afirmó al respecto: “¿Qué va a pasar con el endeudamiento de los estudiantes? ¿Qué va a pasar con el lucro? Tenemos muchas instituciones que no adhirieron a la gratuidad y podrán seguir lucrando y estafando a las familias, enriqueciéndose con el esfuerzo de los ciudadanos… falta una camiseteada real del gobierno con las demandas del movimiento estudiantil”. Cabe recordar que todavía no se ha consolidado una legislación formal para la implementación de la gratuidad, la que deberá seguir aplicándose por medios de glosas y medidas excepcionales, lo que la pone en riesgo en caso de un triunfo de la derecha.

  El segundo tipo de silencio de Bachelet radica en lo que no abordó. En algunos casos esta falta se puede agradecer, porque si se hubiera explayado no hubiera sido muy alentador el discurso. Es el caso de las escasas referencias a la política exterior, y la ausencia total de una política hacia América Latina. La gran “Declaración de La Moneda”, de 2009, parece un documento paleolítico, que no se condice con la actual política exterior chilena, que se ha alineado totalmente con la Alianza del Pacífico, ariete del neoliberalismo más recalcitrante, y en apoyo a las políticas intervencionistas de las OEA capitaneada por Luis Almagro.

  Otro silencio clamoroso fue en materia laboral, asumiendo que las cifras de trabajo asalariado siguen en franca retirada frente al aumento del trabajo precario. Y la ausencia de una reflexión sobre la decadencia moral de las instituciones del Estado, que va mucho más allá del parlamento y los partidos políticos. Los enormes fraudes de Carabineros y en el Ejército hubieran ameritado una reflexión de fondo, pero la Nueva Mayoría no parece tener una política en materia de defensa que vaya más allá de mantener fuera de las cámaras de TV a los militares.

 El 1 de junio Michelle Bachelet comenzó a escribir sus últimas líneas en la gran política chilena.  Todas las carencias, silencios y contradicciones de sus dos gobiernos impedirán que su figura se levante como un símbolo incuestionable para la izquierda del futuro. Sin embargo, con todos estos enormes reparos, el juicio histórico le será favorable, porque supo mantener el timón con el norte en lo importante. Por eso no se equivocó cuando dijo en El Diario Financiero: “A mí no me interesa para nada un crecimiento económico brutal por sí solo, el crecimiento económico tiene que expresarse en una mejora en la vida de las personas […] Y digo para las personas porque para aquellos que miden el Gobierno solo por el crecimiento económico, evidentemente este no va a ser el Gobierno de mayor crecimiento económico. Eso es evidente. Sin embargo, yo espero que todas aquellas reformas que han buscado darle más dignidad a las personas, más igualdad en sus oportunidades y derechos, queden plasmadas en la vida de la gente[1]“.

[1] Diario Financiero, 7 abril 2017.

Entrevista a Miguel D’Escoto (2010)

Autor: ALVARO RAMIS

El padre Miguel D’Escoto Brockmann es sacerdote de Maryknoll. Entre 1979 y 1990 fue
canciller de Nicaragua sandinista, lo que le valió un fuerte conflicto con el Vaticano.
Pocos saben que trabajó en Chile en los años 60 fundando el Instituto Nacional de Acción
Poblacional. Durante 2008-09, D’Escoto fue presidente de la 63ª Asamblea General de la ONU, espacio desde el que impulsó iniciativas como la Conferencia sobre la Crisis
Financiera y Económica Mundial y su Impacto Sobre el Desarrollo, coordinada por el
Premio Nobel de Economía, Joseph Stiglitz.
A fines de abril D’Escoto estuvo en Chile, oportunidad en que conversó con “Punto Final”.

Usted participó en la Cumbre Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y los Derechos de la Madre Tierra, en Cochabamba. ¿Qué impresión le dejó ese evento?
“Fue una Cumbre importantísima, marca un punto de partida para un nuevo mundo, para la sobrevivencia de la especie humana y para la posibilidad de la Tierra de mantener la vida. Pero se requiere de heroísmo, de generosidad, de realismo, y no sé si los tenemos. Muchas veces pienso que estamos en una coyuntura similar a la que se le presenta a un individuo cuando el doctor le dice: ‘Mira, creo que puedes sobrevivir, pero tendré que cortarte la pierna’. No es así nomás decir ‘Sí, córteme la pierna’. El mundo no puede seguir como está. El modelo gringo de desarrollo es el modelo de la muerte, y nos está matando. Tenemos que cambiar todo, el estilo de vida, la relación entre nosotros mismos y con la Madre Tierra, de la cual somos parte.
Por mucho tiempo, el imperio se ha comportado no sólo como el mayor enemigo de la humanidad, sino como el mayor enemigo de la Madre Tierra. Por mucho tiempo no aceptaba esta crisis. Ahora, por fin acepta que la situación es grave. Pero en Copenhague se les cayó la máscara, tanto a los gringos como a los europeos, que son la misma cosa. En Copenhague los movimientos sociales reclamaron una reducción de un 45% para el año 2020 de las emisiones de gas de efecto invernadero; China dijo que va a hacer todo lo posible, que está segura de cumplir con un 40% y hará todo lo que pueda para llegar al 45%. La respuesta me parece responsable y razonable. Europa contestó diciendo que tratará de llegar a un 30%, pero en clara dependencia de la respuesta de otros países industrializados. Barak Obama tuvo el descaro de llegar a Copenhague después de recibir el Premio Nobel (no sé por qué) y prometer una disminución del 3,5%, pero respecto a las emisiones de 2005. Eso es burlarse de la humanidad, demostrar que le importa un bledo la realidad, pensando que somos ignorantes y estúpidos.
La verdad es que Estados Unidos está consciente que el calentamiento global es un grave problema causado en gran parte por las emisiones de dióxido de carbono y gas metano. Pero también sabe que el mundo tiene otros problemas asociados, como el dilema de la sobrepoblación. Tenemos un 20% de sobrepoblación, eso es grave. Cuando hablamos de la población humana, estamos hablando también de los animales que viven con los seres humanos, como la ganadería, que aumenta exponencialmente las emisiones de gas metano de efecto invernadero. Creo que Estados Unidos tiene claro que las principales víctimas del cambio climático, de estas catástrofes que se están sucediendo cada vez con mayor frecuencia, son los pobres y entre los pobres, las mujeres y los niños. Por eso, mi hipótesis -de la que cada día estoy más convencido- es que el imperio y Europa están apostando a la muerte de unos tres mil millones de personas, creyendo que eso resuelve la crisis. Pero evidentemente así no se soluciona. En Cochabamba hablamos sobre la posibilidad de un Tribunal de Justicia Climática, porque ya no estamos dispuestos a seguir hablando, dando conferencias sobre lo que todo el mundo sabe. Yo me preparé para eso, por eso llevé a Bolivia un proyecto de tribunal, en el contexto de una nueva Carta para Naciones Unidas. La ONU ya no está para reformas, tiene que ser reinventada”.

El fracaso de la ONU

¿Cómo se puede evaluar a Naciones Unidas, desde el punto de vista de los objetivos para los cuales fue creada? ¿Ha fracasado?
“Sí. Eso no quiere decir que no haya hecho muchas cosas buenas. Pero no ha logrado el principal objetivo para el cual fue creada: evitar la guerra. Preguntémonos, ¿quién es el país más influyente de Naciones Unidas? El más terrorista de la historia, que impulsa guerras para robar los recursos naturales de otros países. Tenemos ahora, por ejemplo, Iraq, donde ya deben ir por millón y medio las víctimas causadas por la agresión norteamericana. Todo eso con la mayor impunidad, porque es dueño del mundo y además, la potencia más influyente en el Consejo de Seguridad de la ONU.
Pero aunque Naciones Unidas hubiera funcionado, el mundo hoy es otro mundo. Cuando se creó la ONU había el temor de que las guerras siguieran como una racha indetenible. Entonces se llegó a la conclusión de que había que ponerse de acuerdo en un código de comportamiento civilizado, recurrir a tribunales ante las diferencias entre Estados y resolverlas sin ir a la guerra. Se creó el sistema de Naciones Unidas y en complemento, las instituciones de Bretton Woods, porque estábamos ante una bomba de tiempo llamada hambre y pobreza. Se crearon instituciones como el Fondo Monetario y el Banco Mundial, que más tarde se usaron como instrumentos de los poderosos -fundamentalmente de los norteamericanos-, para presionar a los países pobres y obligarlos a imitar su sistema de desarrollo, que es un sistema de muerte. Pero además, cuando Naciones Unidas fue creada, nuestra cosmovisión era equivocada. Creíamos que los seres humanos eran afuerinos, que vinieron quién sabe de dónde y fueron puestos sobre la Tierra. Ahora sabemos que no. Ahora comprendemos que nuestra Madre Tierra piensa, inventa, sueña, llora, ríe, ama y venera al Creador a través de vos y a través de mí, porque nosotros somos Tierra; eso implica toda una nueva ética, una nueva manera de interrelacionarnos, de servir y de amar a la Madre Tierra”.

Tribunal de Justicia Climática

“Hace un año, como presidente de la Asamblea General de la ONU, logramos que se reconociera ese nombre para la Tierra, el de ‘Madre Tierra’. A los norteamericanos y europeos les parecía que esta terminología tenía olor a indio, a primitivo, y que no era correcto para los sofisticados depredadores y asesinos de la Madre Tierra. Pero ganamos, como también ganamos lo que se pensaba que nunca se iba a lograr: romper el dogma que en Naciones Unidas no se podían tratar problemas sobre las finanzas, la economía, la política monetaria o comercial mundial. Con la ayuda de Dios y una lucha constante, pudimos imponer la autoridad del presidente, que es la máxima autoridad de Naciones Unidas. El secretario general es impuesto por los gringos, independientemente que yo le tengo mucho cariño a Ban Ki-Moon. Logramos una resolución proclamada unánimemente (porque les dio vergüenza a los gringos abstenerse) y se logró decir que la Asamblea General de la ONU no sólo es un lugar propicio para tratar el tema de las finanzas y la economía mundial, sino que es el lugar legítimo”.
¿En qué consiste esa propuesta de reinventar la ONU? ¿Es una reforma profunda y una nueva Carta de principios, o un cambio institucional?
“Se trata de incorporar una nueva Declaración Universal del Bien Común, de la Madre Tierra y de la Humanidad. Esta nueva declaración complementa, sin reemplazarla, a la Declaración Universal de los Derechos Humanos de 1948. En segundo lugar, se trata de elaborar una nueva Carta de la ONU, donde los propósitos sean diferentes a la Carta existente. Si en la actualidad se dice que la ONU nace para detener la guerra, en la nueva Carta se afirma: ‘Nosotros los pueblos, nos comprometemos solemnemente a prevenir la extinción de la especie humana, y a preservar la capacidad de dar y sostener la vida en la Tierra, hoy gravemente amenazada por nuestra irresponsabilidad social y ambiental. A tal efecto, emprender todo tipo de acción eficaz que se requiera, para defender y fomentar el bien común de la Tierra y de la humanidad’.
Ya es otro momento. Necesitamos unas Naciones Unidas a la altura de los conocimientos y requerimientos del siglo XXI. Por otro lado, los grandes crímenes que se están cometiendo, deben ser vistos como crímenes contra la Madre Tierra. Por eso en esa nueva Carta se propone el Tribunal de Justicia Climática. Si se avanza en esta propuesta, es posible (…)

(Este artículo se publicó completo en Punto Final, edición Nº 709, 14 de mayo, 2010)

¿Indignación o papanatismo?

Tal vez el rasgo más singular de nuestra década es el sentimiento de indignación que recorre el mundo. El uso del término proviene del movimiento de protesta que se instaló en la plaza del Sol de Madrid el 15 de mayo de 2011, en medio de lo peor de la crisis española. Cuando los jóvenes se quedaron a dormir en ese lugar, durante cuarenta días, la prensa comenzó a hablar de los “indignados”. Y un texto del anciano luchador antifascista Stéphane Hessel se convirtió en un manifiesto de ese reclamo: “Nosotros, los veteranos de los movimientos de resistencia y de las fuerzas de combate de la Francia Libre, llamamos a la generación joven a vivir, transmitir, el legado de la Resistencia y sus ideales. Les decimos: Tomen nuestro lugar, ¡Indígnense!”[1].

  Entramos así en una era de la indignación, que se ha extendido en distintas formas y orientaciones. En muchos casos, cómo resistencia directa a las políticas neoliberales, como el movimiento Occupy Wall Street en Nueva York o Nuit Debout en Paris. En otros como protesta contra los efectos (indirectos) de estas políticas, como el movimiento de la plaza Taksim en Estambul, o las movilizaciones en defensa del agua y el medio ambiente en América Latina y África. Pero en contextos diferentes, la indignación ha asumido otras claves, como el sentido anti-autoritario y anti-corrupción de las primaveras árabes o de la “Revolución de los Paraguas” en Hong Kong en 2014. Una clave común radica en la emocionalidad, centrada en una experiencia de sorpresa, parecida a un despertar de una conciencia dormida: “¿Qué es el pathos de la indignación? … es que en el momento en que descubrimos nuestra situación de ignominia, no tenemos que descubrirla como un sabio descubre algo en su laboratorio. La descubrimos y ese descubrimiento nos llena de indignación, ¿cómo fue que no descubrimos esto antes?[2].

  ¿Porqué se ha dado este súbito y sincronizado “despertar” mundial? Por un lado, debido a la crisis financiera iniciada en 2008, como manifestación y síntoma del derrumbe de los paradigmas globalizadores de la economía y unipolares en la política. Pero también debido al creciente acceso a la información pública, que ha consolidado lo que Byung-Chul Han llama “La sociedad de la trasparencia”[3].

  Cada nueva crisis de credibilidad de la política y de las empresas se ha tendido a resolver aplicando el “principio de publicidad”, que salió del campo judicial para instalarse como una exigencia omnipresente en todas las dimensiones de la vida institucional. El gran aliado de esta dinámica ha sido la tecnología digital, que permite que prácticamente cualquier acto procedimental o administrativo sea posible de registrar y conocer, incluso por quienes no participan en él directamente. Sin duda la “La sociedad de la trasparencia” ha permitido tomar conciencia de forma masiva de prácticas abusivas que antes quedaban ocultas. Sin estos avances no se entendería la lucha de Julian Assange con el portal WikiLeaks, que canalizó informaciones impactantes, como la proporcionada por la ex soldado de EEUU Chelsea Manning. Pero también la nueva idea de trasparencia total implica efectos perversos, que Han ha descrito de forma magistral. En su opinión, ante la crisis de confianza se ha respondido de una sola forma: incrementando la vigilancia y el control, implantando distintos medios de coacción sistémica, basados en imperativos económicos y biopolíticos, más que restablecer las precondiciones morales de la confianza pública. Esto implicaría abordar la raíz de esa falta de confianza, a partir de un nuevo fundamento ético de la convivencia pública, basada en unas nuevas convicciones de justica, por sobre la masificación del temor al castigo y la sanción social.

  El control basado en internet y las redes sociales, más que espacios de libertad, empiezan a operar ahora como el gran panóptico digital del siglo XXI, donde todos somos los vigilantes de todos, sin resguardar ninguna esfera de intimidad. Lejos de constituir una comunidad, Han observa en las redes virtuales una acumulación de Egos incapaces de constituir un nosotros, que derive en acción política común.

¿Indignación lúcida o manipulación de emociones?

No es extraño que la reacción de los grandes poderes empresariales y políticos ante la ola de indignación global radique en devolver el golpe, atacando. Ante la incapacidad de desmentir las acusaciones el nuevo manual que han redactado las empresas de comunicaciones decreta métodos de “damage control”, o contención de daños. Ya que hoy  es imposible negar la evidencia de los escándalos, se busca montar algún suceso que desplace la atención del público. Y así pasar a la ofensiva. Este manual de respuesta incluye varios “productos”:

1.Matar al mensajero: enlodar a cualquier precio a los rivales políticos, periodistas, movimientos sociales, y contradictores, hasta arrebatarles su credibilidad, y con ella su capacidad de denuncia. El ejemplo perfecto es Julian Assange que ha debido soportar siete años refugiado en la embajada de Ecuador en Londres, hasta que el 19 de mayo pasado la Fiscalía sueca ha decidido archivar la investigación preliminar abierta por un supuesto delito de violación en 2010. Y aun no logra salir de la embajada por temor a ser deportado a Estados Unidos. En Chile las empresas de comunicaciones han acosado de forma intencionada a Manuel Riesco y Luis Mesina, líderes de No + AFP, por haber participado en el directorio de las desaparecidas AFP Futuro y Magister en los años 90. El relato que se construyó buscaba asociarles responsabilidad por el fin de esas administradoras. Pero nunca vincularon esa experiencia laboral con otros factores: ambos dirigentes conocen de forma personal el sistema de AFP, intentaron seriamente su reforma por la vía de construir otro tipo de administradora bajo criterios preferentemente sociales, y aun así fue les fue imposible por la tendencia a la concentración del mercado financiero. Lo que prueba que su crítica al sistema de pensiones está sólidamente fundada en evidencias y su experiencia fallida prueba que es imposible la reforma del actual modelo.

2 Enlodar el escenario: otro producto estrella en el marketing político radica en las denuncias masivas por medio de una “industria de la indignación”. Hoy existen verdaderas empresas que se contratan para propagar todo tipo de denuncias y rumores, sin respaldo ni prueba alguna, enfocadas en esparcir la sospecha frente a todo actor que participe en la contienda política. La web “chilecorrupción.cl” es un caso típico. Propiedad de una empresa desconocida, domiciliada en La Serena, no indica ninguna persona responsable, ningún teléfono de contacto, no asume ninguna forma de responsabilidad por las denuncias falsas, aunque estén judicialmente desmentidas. Y curiosamente ninguna de sus notas acusa a políticos de Chile Vamos o al empresariado, sino al resto del espectro político y social.

3.Masificar la paranoia: el 8 de julio de 2015 el sindicato de choferes de camiones Sitrach, ligado al transporte de combustible, comenzó a movilizarse para exigir a las empresas distribuidoras un cambio en sus condiciones de trabajo. En particular porque junto al traslado debían realizar el sellado y la descarga de combustible, funciones que no eran parte de su contrato. En medio de esa demanda sindical un extraño mensaje anónimo comenzó a circular en las redes sociales: “Para que tengan en consideración… me acaba de avisar un amigo que es el supervisor de plantas Copec a nivel nacional y me dice que desde mañana en la noche viene un paro de combustible a nivel nacional a todas las plantas de combustible no es solamente Copec”. El rumor sobre desabastecimiento se extendió como pólvora, provocando el colapso de las estaciones bencineras y sus calles aledañas, especialmente en el sector oriente de Santiago. Al final, la paranoia social opacó la demanda sindical, ante una paralización que nunca se planteó ni menos se realizó. Felipe Ossandón, usuario de Twitter, comentó en ese día: “cada anuncio de movilización de los trabajadores, se augura el caos”. Pero el único caos que se produjo fue el que provocaron los automovilistas, que salieron a la calle empujados por un temor muy conveniente para las bencineras, que se impusieron sobre los camioneros y vendieron ese día mucha gasolina.

4. Crear empatía con los “pobres poderosos”: En agosto de 2016, Andrónico Luksic, afectado por la ola de desprestigio debido a una serie de crisis simultáneas por los efectos ambientales y sociales de sus empresas decidió sacar la voz en Twitter: “Soy un ser humano como todos, pero poderoso”. Desde ese momento el empresario, dueño de la principal fortuna de Chile, no ha ahorrado momentos para presentarse como un “humano-demasiado humano” que pide la compasión de una ciudadanía. Y luego, salió a terreno. El 5 de abril de este año Las Últimas Noticias titulaba con la visita de Luksic a Francisco Yáñez, un joven seguidor de su cuenta en Twitter que vive en Estación Central, con el cual comió sopaipillas y hablaron de diversos temas. Esta campaña no es una creación de Luksic, sino una estrategia comunicacional que busca cambiar el rechazo al 1% más rico del planeta por una actitud de conmiseración y empatía. Como este artículo del New York Times: “Muchos padres ricos les resulta difícil hablar con sus hijos acerca de los millones de dólares que heredarán[4]”. Obviamente, una historia muy conmovedora,.

  La “indignación” es más un sentimiento de sorpresa ante lo desagradable que un rechazo político ante lo injusto. Por ello puede ser manipulada. Especialmente si se cae en una actitud que se puede llamar “papanatismo”. Un “papanatas” es según el diccionario de la RAE una persona demasiado crédula, que se asombra o espanta por todo, sin ponderar ni discernir los motivos y las intenciones de sus interlocutores. La justa indignación ciudadana puede ser anulada y convertida en un recurso de estabilización social si se logra reconducir por medio de la promoción del papanatismo. Necesitamos una indignación lúcida, crítica, que resista esta nueva estrategia de dominación, que se basa en la vieja máxima de Sun Tzu, en el Arte de la Guerra: “Si utilizas al enemigo para derrotar al enemigo, serás poderoso en cualquier lugar a donde vayas”.

[1] Hessel, Stéphane (2011) Indignaos, Destino, Barcelona.

[2] Feinmann, José Pablo. (2011) El pathos de la indignación. https://www.youtube.com/watch?v=28QOG3E7cVc

[3] Han, Byung-Chul (2013) La sociedad de la transparencia, Herder,Barcelona.

[4] https://www.nytimes.com/2017/05/19/your-money/talking-to-children-about-inheritance.html?smid=tw-nytimesbusiness&smtyp=cur&_r=0