Los Objetivos de Desarrollo Sostenible y el Chile del 2030

Estamos a pocos días de la Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Este evento tiene un doble sentido. Es el momento en el que culminará el plazo para el cumplimiento de los Objetivos del Milenio (ODM), sancionados en la Cumbre del año 2000. Y dará lugar al lanzamiento de un nuevo programa de desarrollo, orientado a los próximos 15 años, llamado “El camino hacia la Dignidad en 2030”, compuesta por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Estas metas -en parte- profundizan los 8 ODM del 2000, pero en otros aspectos constituyen una auténtica novedad, ya que amplifican y ensanchan la noción de desarrollo.

Chile llega a este momento sin una clara evaluación de sus avances reales y efectivos respecto a los ODM. Esta carencia es una primera limitación a la hora de asumir nuevas exigencias. El último informe del gobierno chileno, presentado en 2014, es muy genérico y se limita a destacar la persistencia de graves inequidades y desigualdades en distintos niveles y aspectos[1]. Al menos este reconocimiento es importante ya que los ODM no apuntaban a la desigualdad como un aspecto central en su diseño y propuesta, más bien se centraban en un enfoque basado en la “superación de la pobreza”, entendida como carencias básicas y ausencias de capacidades fundamentales. La referencia a los aspectos ambientales (objetivo 7) tampoco era asumida plenamente como una estrategia transversal, sino más bien era un aspecto complementario a los objetivos netamente sociales.

Chile se instala en el proceso de los ODS como país rentista/extractivista. El año pasado el 57% de las exportaciones tuvieron su origen en la minería, lo que representó un 13% del PIB entre 2008 y 2013. Aunque paradojalmente sólo un 9% de los ingresos tributarios tuvo origen minero en 2014. Ello también se expresa en otras áreas clave de la economía chilena: la pesca de arrastre, la industria forestal y la banca/sistema de AFP son casos particularmente sensibles, ya que generan millonarias ganancias, altamente concentradas, pero sin producir beneficios sociales relevantes, acordes a la magnitud de su peso financiero. En todos estos casos se constatan enormes costos asociados directamente a estas actividades, que se traspasan a la ciudadanía bajo la forma de “zonas de sacrificio” ambiental o “capturas de renta” que expolian ilegítimamente los ingresos de los asalariados. ¿Cómo afrontar la agenda de los ODS en este contexto? No es lo mismo asumir la agenda de la dignidad 2030 con una economía basada en el conocimiento y la innovación científica, que bajo condiciones altamente dependientes del precio de los commodities.

Además, la presidenta Bachelet asistirá a la Cumbre Especial sobre Desarrollo Sostenible en medio de un debate nacional que tiene directa relación con el cumplimiento de su agenda de reformas. Sometida al criterio del “Realismo sin renuncia”, parece tensionada entre las dificultades del contexto económico, las desavenencias políticas de su coalición, las contradicciones a nivel de gestión y las altas expectativas a nivel social. Si el gobierno tiene una mirada estratégica, los ODS pueden ayudar a superar estas disputas, constituyendo un marco ideal para retomar la iniciativa política, e integrar el impulso al cumplimiento del programa desde una perspectiva más amplia, que apunta a la responsabilidad internacional de nuestro país.

Este difícil contexto revela que alcanzar avances significativos en los ODS exigirá a Chile que su contenido tenga el máximo respaldo institucional y legal, al más alto nivel y de manera estable en el tiempo, más allá de los gobiernos de turno. ¿No sería adecuado que la agenda de los ODS, con el horizonte puesto al 2030, se constituya en el gran relato que impregne el Proceso Constituyente, y permita orientar el contenido de la Nueva Constitución? Esta idea no es menor, si se piensa que una Constitución no sólo es un conjunto de procedimientos orgánicos institucionales. También debe tener una dimensión teleológica, basada en un programa de desarrollo nacional ampliamente respaldado a nivel nacional e internacional. Los ODS pueden constituirse en esa “mirada-país”, asimilada y compartida, que otorgue a la Nueva Constitución la profundidad conceptual y la legitimidad ciudadana que necesita.

[1] Gobierno de Chile (2014)  Objetivos de desarrollo del Milenio, Cuarto Informe. Ministerio de Desarrollo Social, p. 8.

III Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo

BREVE ANÁLISIS  CRÍTICO

Álvaro Ramis / Acción A.G.

La III Conferencia Internacional sobre Financiación del Desarrollo, llevada a cabo entre el 13 y el 16 de julio de 2015,  no constituye un «acuerdo histórico», capaz de garantizar los recursos necesarios para el desarrollo global sostenible. Para el Foro de las OSC sobre FdD la nueva “Agenda de Acción de Addis Abeba” (AAAA) constituye un marco global, básico, necesario, pero insuficiente, que incluso retrocede respecto a los debates de Monterrey y Doha. El documento detalla más de 100 iniciativas concretas que se que orientan a financiar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) hasta 2030. Pero no logra  ampliar de forma sustantiva los recursos destinados a la cooperación, no incide en la efectiva  recaudación de impuestos y no toma medidas eficaces para luchar contra la evasión fiscal y los flujos financieros ilícitos.

Las observaciones críticas más relevantes se pueden focalizar en 5 puntos:

1: El Foro de las OSC constata la tendencia de los donantes tradicionales a eludir sus responsabilidades y compromisos en el marco de la llamada Ayuda oficial al desarrollo (AOD), colocando el énfasis en la cooperación Sur-Sur, la Movilización de recursos nacionales o en involucrar al sector privado. A nuestro juicio el compromiso del 0,7%, formulado hace más de cuatro décadas, sigue siendo fundamental. Resulta contradictorio que los principales países donantes reiteren, retóricamente, su compromiso de mantener sus contribuciones al desarrollo en el 0,7%, cuando diversos estados han retrocedido de forma significativa en esa responsabilidad durante la última década. El Programa de Addis no aborda el punto de forma decidida y olvida la necesidad de adicionar los recursos necesarios en aspectos climáticos y para la protección de la biodiversidad.

2. La Agenda de Acción no logró recoger la propuesta de del G77 + China, y respaldada por el foro de las OSC, que buscaba establecer un órgano fiscal intergubernamental, transparente, responsable, con recursos adecuados. Una verdadera agencia de Naciones Unidas para la lucha contra los flujos financieros ilícitos y hacer frente a la evasión de impuestos. El acuerdo de Addis Abeba al menos da cuenta del daño que generan los movimientos financieros ilegales, llamando a que se “redoblen los esfuerzos para reducir sustancialmente los movimientos financieros ilícitos para 2030, con miras a erradicarlos, incluso mediante la lucha contra la evasión fiscal y la corrupción a través de normas nacionales más fuertes y una mayor cooperación internacional”.

El debate reconoció el carácter antidemocrático y profundamente injusto de la actual estructura tributaria internacional y pidió que “las instituciones internacionales y organizaciones regionales competentes publiquen cálculos sobre el volumen y la composición” de esos movimientos ilícitos”. Pero ello no basta. No resulta coherente que se pida a los países en desarrollo recaudar más recursos propios si a la vez no se reforma el sistema fiscal mundial que les impide hacerlo. Para ello todos los países deberían ser considerados en igualdad a la hora de fijar las normas internacionales en materia de fiscalidad.  El mundo en desarrollo pierde un billón de dólares por año por la corrupción y la evasión fiscal, y esos son los recursos que necesitamos para financiar la agenda de los objetivos de desarrollo sostenible. El monto que se evade cada año supera largamente la ayuda al desarrollo. Por eso la lucha por un sistema tributario mundial justo no debe y no puede decaer.

3 Constatamos un imprudente optimismo hacia las fuentes de financiamiento privadas. En particular la AAAA no refrenda compromisos vinculantes para garantizar la transparencia y la rendición de cuentas de los actores privados en materia de cooperación internacional. Ello evidencia  la ausencia de un reconocimiento central de las funciones del Estado en materias de desarrollo y el impulso al establecimiento de garantías claras de su capacidad para regular en el interés público. Para el foro de las OSC  hay un gran riesgo de que el sector privado socave, más que apoye, el desarrollo sostenible. Ello es particularmente relevante en materia de conflictos de interés en el campo de los derechos humanos y laborales, así como frente a las normas ambientales. Hay un creciente cuerpo de evidencia que corrobora estas preocupaciones por lo que nos inquieta que Addis Abeba refrende un apoyo incondicional a los instrumentos de financiación privados o  combinados con los fondos públicos.

4. Constatamos la ausencia de una evaluación crítica de los acuerdos comerciales internacionales y sus impactos en materia de desarrollo. La política comercial internacional debería abordar críticamente la tradicional dependencia de los productos básicos, los dilemas ligados a las cláusulas de solución de controversias entre inversionistas y Estados, y evaluar el impacto sobre los derechos humanos y la sostenibilidad de todos los acuerdos comerciales, para asegurar su coherencia con las obligaciones nacionales y extraterritoriales de los gobiernos. A la vez Addis Abeba no recogió el desarroll0 normativo de la ONU de los últimos años sobre deuda externa, orientados a mejorar la reestructuración de la deuda soberana y el establecimiento de directrices para el endeudamiento responsable. Tampoco se hizo referencia a la reforma del régimen de derechos especiales de giro, que puede servir como herramienta de financiamiento para el desarrollo y como mecanismo de reforma del sistema monetario internacional.

Es necesario fortalecer el liderazgo político de Naciones Unidas en estas materias para avanzar en las reformas favorables al desarrollo en coherencia con el sistema de derechos humanos.

5. Se debe reconocer como un avance el establecimiento del Mecanismo de Facilitación Tecnología (TFM) debido a su potencial para abordar ciertos problemas sistémicos en la transferencia de tecnología, para que los países en desarrollo puedan aprovechar sus capacidades de innovación. Pero a la vez este fondo se debe complementar con indicadores que permitan evaluar los impactos potenciales de las tecnologías con la participación directa de las comunidades y la sociedad civil. La tecnología no es una panacea para los desafíos del desarrollo, ni es de naturaleza neutra. El conocimiento indígena y tradicional debe ser fuertemente reconocido y promovido, y las innovaciones de la comunidad deben ser apoyadas a la par con los del sector formal.

El AAAA también anunció su interés en promover  un “nuevo pacto social”, en el que todos los países se comprometen a proveer sistemas de protección social y medidas básicas, incluyendo pisos cuantificables, e instó a los Estados miembros a establecer objetivos de gasto en sectores como la salud, la educación, el agua y saneamiento, empleo productivo y el trabajo decente. Estos elementos deberían a partir de la AAAA estar en el centro de las estrategias de desarrollo nacional. Este ha sido ampliamente aclamado como uno de los objetivos globales más importantes  y ambiciosos de Addis Abeba.

 

 

El mensaje de los campeones

Decía Eduardo Galeano: «¿En qué se parece el fútbol a Dios? En la devoción que le tienen muchos creyentes y en la desconfianza que le tienen muchos intelectuales». Desconfianza justificada, especialmente si el “show” deportivo sirve para tapar problemas políticos y demandas sociales. Y Galeano observaba: «El juego se ha convertido en espectáculo, con pocos protagonistas y muchos espectadores, fútbol para mirar, y el espectáculo se ha convertido en uno de los negocios más lucrativos del mundo, que no se organiza para jugar sino para impedir que se juegue[1]«.

Mudos testigos de un espectáculo ajeno, los chilenos nos hemos sentido campeones mientras Higuaín la mandaba a las nubes, Claudio Bravo atajaba a Banega y Alexis Sánchez, la clavaba lentamente, dejando el marcador en un impensable 4-1.¡Cómo no gozar, aunque sea por un momento, y salir a la calle vestido de payaso tricolor, enarbolando una banderita y una corneta! Gabriel García Márquez decía que “una de las condiciones esenciales del hinchaje es la pérdida absoluta y aceptada del sentido del ridículo[2]”.

Pasada la algarabía cabe detenerse en estos sucesos con un poco más de cordura. ¿Habrá algún mensaje que extraer de esta Copa América? Chile pareció salir de su encierro mental y geográfico, al menos por unos días. Vimos en nuestras calles mucha gente entusiasta de todo el continente. Argentinos, peruanos, colombianos, venezolanos, ecuatorianos, bolivianos, brasileños…por unas semanas nos percibimos parte de esta Patria Grande a la que permanentemente le damos la espalda y le cerramos el corazón. ¿Cómo sería tener esa experiencia en otros ámbitos, y más cotidianamente, con todo el continente pasando por nuestra puerta para construir un futuro compartido?

Otro suceso inesperado es que gracias a una campaña inteligente los himnos de nuestros países hermanos nunca fueron pifiados. Se pudo compaginar la competitividad deportiva y la amabilidad del anfitrión. Y el Estado demostró que podía llegar a la fecha con sus enormes inversiones en infraestructura. Ojalá en salud, educación, vivienda y tantas otras áreas sociales cumpliera con tanto rigor y calidad como lo ha hecho con los nuevos estadios y entornos deportivos.

Chile jugó de una forma que entusiasmó. No todos los seleccionados estuvieron en su mejor momento, no siempre fueron buenos muchachos, pero vista en su conjunto, la estrategia de Sampaoli se mostró alegre, compenetrada, activa sin ser agresiva, y apasionada sin perder el control. En una palabra, mostraron creatividad en su juego. Como alguna vez dijo Jorge Valdano “El fútbol creativo es de izquierdas y el fútbol meramente de fuerza, marrullería y patadón es de derechas”. Ojalá nunca vuelva la derecha a apoderarse de esta selección.

Tal vez el mensaje más claro que debamos retener nos lo dejó Jean Beausejour, al calor de la celebración: «Uno recién ahora dimensiona lo que pasa. Hace unos días me llamó un profesor de cadetes que me dijo: «Ojalá que en el estadio en que tanta gente sufrió y se torturó puedan tener una alegría” …Pensamos en eso y muchos rezamos pensando en esas personas. En un lugar donde hubo tanta tristeza y muerte, hoy le dimos una alegría a Chile». Al poco rato, luego de la visita a La Moneda, el gran afro-mapuche comentaba: «Sería importante que además de felicitarnos la presidenta escuche las demandas de profesores, estudiantes y portuarios». La conciencia de las luchas de ayer y la claridad de la demandas del hoy, tal como las siente, sin matices ni complicaciones. Beausejour tiene esa extraña capacidad de encontrar en el “futbol espectáculo” la grieta perfecta que le permite meter los mejores goles comunicacionales, que dejan inerme a la mejor y más elaborada mercancía de consumo masivo que ha producido el sistema capitalista.

Basta revisar la última Adimark para notar que el volante izquierdo tiene mucha razón: la presidenta cae al 27% de aprobación mientras la derecha se desploma al 13%. El 60% desaprueba la reforma educacional y el 68% apoya las demandas estudiantiles. Hablar de encuestas es hablar de “modulación” de la opinión pública. Ninguna es neutra,  ecuánime, ni mucho menos imparcial. Pero las cifras algo nos dicen cuando se leen con ponderación y cuidado.

Beausejour, tribuno del pueblo, puede hablar en momentos inesperados y llegar a las audiencias más lejanas, gracias a una de las contradicciones propias del capitalismo cultural. El futbol espectáculo, comprado hasta la médula, con la mitad de la FIFA envuelta en la hiper-corrupción, necesita renovar permanentemente sus protagonistas. Requiere a cada instante sangre fresca que golpee la pelota, no importando de donde venga, lo que piense, o a que dios se adore. De allí que en los estadios reluzcan los invisibilizados de toda la vida. El rostro nortino de Alexis, la actitud de Eduardo Vargas, el muchacho de Renca, el descaro provocador del hualpenino Gonzalo Jara, o la voz sin disimulo de Gary Medel, el Pitbull de Conchalí. Allí se producen las grietas por las que se cuelan los mensajes de la subversión futbolera. De tarde en tarde escuchamos a los que nunca aparecen en los grandes medios ni en la televisión. Por los intersticios que abre este deporte se cuelan las representaciones más auténticas de nuestra identidad.

Es cierto que el fútbol es el nuevo opio del pueblo. Pero al menos es el opio de todo el pueblo. Las encuestas muestran que el interés por el futbol no reconoce clases sociales, profesión, procedencia o ideología. Estar frente al televisor, esperando que la roja marque un punto es una de las pocas experiencias compartidas que todavía podemos vivir. Todo el resto del tiempo somos radicalmente distintos, desiguales y fragmentados. La única igualdad que nos queda es la gritar y abrazarnos, por un instante, al escuchar  la palabra ¡Gol!

[1] Eduardo Galeano, El Futbol a sol y sombra, Siglo XXI, 1995.

[2] Gabriel García Márquez, “El Juramento’, en El Comercio, Lima, 1950.